Chorro polar ascendiendo de latitud
El chorro polar subirá de latitud y cambiará el tiempo en España los últimos días de febrero
La posible profundización de una borrasca sobre el archipiélago británico podría reanimar la inestabilidad y dar un último impulso al invierno meteorológico
En este comienzo de año, buena parte de la población ha sufrido las consecuencias de un histórico tren de borrascas impulsado por un intenso chorro polar que ha sobrevolado de forma persistente nuestra geografía. Conviene recordar que este fenómeno no consiste en una corriente de aire que desciende directamente desde el Polo Norte. En realidad, se trata de la corriente en chorro que actúa como el gran «director de orquesta» de la circulación atmosférica en las latitudes medias, donde se encuentra España, modulando la llegada de frentes, borrascas y masas de aire.
De cara a las próximas jornadas, la previsión es de Meteored, que apunta a un escenario de transición. A medida que nos aproximamos a la primavera meteorológica, el contraste térmico entre las masas de aire polar y subtropical tiende a disminuir. Esta reducción del gradiente térmico favorece que la corriente en chorro se desplace progresivamente hacia latitudes más altas. Además, al debilitarse esa diferencia de temperaturas, el chorro adopta un trazado más ondulado, describiendo meandros que se traducen en un tiempo más cambiante e irregular en amplias zonas del país.
En este contexto, la nueva borrasca de gran impacto, Pedro dejará un ambiente más inestable en distintas regiones del territorio. Se esperan avisos por nevadas, rachas intensas de viento y fenómenos costeros adversos. No obstante, y a diferencia de los temporales anteriores, su incidencia sobre España será previsiblemente más limitada, con efectos menos generalizados y de menor duración.
A partir del viernes, la situación tenderá a estabilizarse. Una dorsal anticiclónica de carácter subtropical se asentará sobre la vertical de la Península Ibérica, favoreciendo el predominio de altas presiones. Este patrón atmosférico propiciará cielos mayoritariamente despejados y un ambiente más estable en la mayor parte del país. Sin embargo, la calma no será sinónimo de uniformidad térmica: en zonas del interior peninsular se prevén notables oscilaciones entre las temperaturas diurnas y nocturnas, con madrugadas frías y tardes progresivamente más templadas.
El invierno climatológico podría despedirse, no obstante, con un nuevo giro en la situación. A comienzos de la próxima semana, el anticiclón tendería a desplazarse gradualmente hacia el Mediterráneo oriental. Este movimiento abriría la puerta a la llegada de nuevos frentes atlánticos hacia mediados de semana, reactivando la dinámica atmosférica sobre la Península y aumentando la probabilidad de precipitaciones en distintas comunidades.
En cuanto a las temperaturas, el modelo europeo sugiere que la próxima semana podría registrarse un ambiente más cálido de lo habitual para estas fechas en gran parte de España. La excepción se localizaría en áreas próximas al Golfo de Cádiz, donde los valores térmicos se mantendrían más acordes con la media estacional. Este posible ascenso térmico estaría ligado a la influencia de masas de aire más templadas y a la mayor presencia de estabilidad en fases iniciales de la semana.
Respecto a las precipitaciones, el escenario apunta a un ambiente algo más húmedo en sectores del cuadrante noroccidental peninsular. Una corriente en chorro más ondulada podría canalizar frentes atlánticos que, aunque en principio no serían demasiado activos, sí dejarían lluvias intermitentes. En el interior peninsular, las condiciones se mantendrían en torno a la normalidad, mientras que en la vertiente mediterránea y en Andalucía el balance podría resultar ligeramente más seco.
De cara al tramo final de la semana, la posible profundización de una borrasca sobre el archipiélago británico, junto con el reforzamiento de una dorsal atlántica hacia latitudes más septentrionales, podría reanimar la inestabilidad y dar un último impulso al invierno meteorológico. Aun así, conviene subrayar que las previsiones a medio y largo plazo presentan un grado elevado de incertidumbre cuando la atmósfera muestra un comportamiento dinámico, por lo que la evolución definitiva aún podría deparar cambios.