Fundado en 1910

Investigadores describen una nueva especie de rana en los bosques de los Andes orientales de EcuadorEuropa Press

Describen una nueva especie de rana en los bosques de Ecuador

Habitan a altitudes comprendidas entre los 2.972 y los 3.200 metros sobre el nivel del mar, en ecosistemas de bosque montano superior dominados por vegetación herbácea y arbustiva

Un equipo de científicos de Ecuador y Estados Unidos ha identificado una nueva especie de rana terrestre en los bosques montanos altos de los Andes orientales ecuatorianos. Así lo dio a conocer este miércoles el Instituto Nacional de Biodiversidad (INABIO), que detalló que el anfibio ha sido bautizado como Pristimantis fergusoni y que presenta rasgos morfológicos singulares que permiten distinguirlo de otras ranas espinosas presentes en la zona andina.

Según explicaron los especialistas, esta nueva especie se caracteriza por un hocico corto rematado con una pequeña papila en la punta, un rasgo más evidente en los machos. Además, posee tubérculos cónicos bien marcados en los párpados y en los talones. Su coloración dorsal varía notablemente, con tonalidades que pueden ir desde el verde lima hasta el naranja claro o los tonos canela. En contraste, el vientre y las ingles muestran una intensa pigmentación escarlata, especialmente llamativa en las hembras. El iris, por su parte, es amarillo y está atravesado por una franja horizontal de color anaranjado, un detalle que refuerza su singularidad dentro del género.

Los ejemplares localizados hasta ahora proceden de las reservas Cerro Candelaria y Chamana, enclavadas en el Corredor Ecológico Llanganates-Sangay, en la provincia de Tungurahua, situada en el centro del país. Habitan a altitudes comprendidas entre los 2.972 y los 3.200 metros sobre el nivel del mar, en ecosistemas de bosque montano superior dominados por vegetación herbácea y arbustiva. Por el momento, únicamente se ha confirmado su presencia en dos puntos muy próximos entre sí, lo que apunta a una distribución geográfica limitada.

Ante la escasez de datos disponibles sobre el tamaño de sus poblaciones y las amenazas que podrían afectarle, los investigadores plantean incluir a la especie en la categoría de ‘Datos Insuficientes’ de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Este hallazgo amplía el inventario del género Pristimantis, que suma actualmente 627 especies y destaca por su notable diversidad en los Andes septentrionales de América del Sur.

En el caso de Ecuador, la mayor concentración de especies de este grupo se encuentra en las vertientes orientales andinas. Allí, varias ranas presentan tubérculos dorsales prominentes que les confieren un aspecto espinoso, con frecuencia acompañado de tonalidades verdosas. Los expertos subrayan que la diversidad en la coloración dorsal y ventral, así como el desarrollo de tubérculos y los pliegues cutáneos, constituyen elementos clave para diferenciar especies emparentadas.

El descubrimiento pone de relieve el valor biológico del valle alto del río Pastaza, una región que en las últimas décadas ha sido escenario de la descripción de al menos 30 especies de ranas estrabomántidas. En este contexto, el Instituto Nacional de Biodiversidad señaló: «El hallazgo de Pristimantis fergusoni no solo amplía el conocimiento sobre la biodiversidad ecuatoriana, sino que también enfatiza la urgencia de conservar los ecosistemas andinos frente a amenazas como el cambio climático, la expansión agrícola y la pérdida de hábitat».

Para confirmar la existencia de la nueva especie, los científicos combinaron campañas de trabajo de campo realizadas entre 2008 y 2023 con análisis morfológicos exhaustivos y estudios moleculares llevados a cabo en laboratorios de Quito. Los resultados filogenéticos situaron a Pristimantis fergusoni dentro de un clado de ranas espinosas andinas, lo que contribuye a esclarecer las relaciones evolutivas en este complejo grupo.

En la investigación participaron la Fundación EcoMinga, el Instituto Nacional de Biodiversidad, la Fundación Oscar Efrén Reyes, la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, el Instituto Peruano de Herpetología, la organización Reserva: The Youth Land Trust, el Smithsonian’s National Zoo and Conservation Biology Institute y la Universidad San Francisco de Quito. El hallazgo, fruto de más de una década de trabajo conjunto, refuerza la relevancia científica y ecológica de los Andes ecuatorianos y abre nuevas líneas de estudio sobre la evolución y conservación de su fauna anfibia.