Señal que avisa del riesgo de tsunami
En España también se producen tsunamis: estos son los registrados desde el siglo XVI
Un estudio muestra que la probabilidad de que se produzca un tsunami en el Mediterráneo en los próximos 30 años es cercana al 100 %
Los maremotos son uno de los eventos naturales más peligrosos y, por ende, más temidos por la población debido a la virulencia que conllevan y a las catástrofes que generan. Este tipo de fenómeno, llamado habitualmente por su voz japonesa, tsunami, involucra a un grupo de olas que están causadas normalmente por un terremoto, un desplazamiento de tierra, una erupción volcánica o el impacto de un meteorito.
Pese a que los últimos acontecimientos de esta envergadura se han producido en países como Indonesia o Japón, España no está exenta de que un peligro como este tenga lugar en su territorio. De hecho, según la Comisión Intergubernamental de los Océanos, la probabilidad de que se produzca un tsunami en el Mediterráneo en los próximos 30 años es cercana al 100 % (con una ola que supere un metro de altura). Las posibilidades son mayores en el mar de Alborán, donde la falla marina de Averroes continúa creciendo.
Un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) señala que, en caso de terremoto o erupción volcánica, existe un riesgo de tsunami de magnitud siete, con olas de hasta seis metros, que podrían alcanzar la costa entre 21 y 35 minutos después del evento. En consecuencia, las zonas de España más afectadas serían las del litoral mediterráneo, desde la Costa del Sol en Andalucía hasta la Costa Brava en Cataluña.
Pero, ¿se ha producido ya algún tsunami en España? Tal y como consta en la página web del Instituto Geográfico Nacional (IGN), desde 1522 14 tsunamis han afectado al territorio español.
El más virulento de los registrados –clasificándose como categoría VI en la escala Sieberg-Ambraseys– se produjo el 1 de noviembre de 1755 y fue, según los datos de los que se dispone, un tsunami «catastrófico» en el sur y oeste de la Península Ibérica y Marruecos, llegándose a observar en la costa atlántica norte (de Barbados a Reino Unido). La altura máxima de las olas fue de 13 metros y la fiabilidad del evento es bastante alta debido a que se documentó en hasta 38 observaciones diferenes.
En 1790 se produjo otro en Almería, Cartagena y Orán (Argelia), de intensidad III, igual que otro de 1804 que conllevó la retirada del mar en el Peñón de la Gomera y las costas de Granada y Almería.
Más recientemente, los fenómenos de este tipo que se han producido son de carácter más leve. El más virulento, de intensidad III, se dio en 2003 en el norte de Argelia y afectó a las embarcaciones de las Islas Baleares. Lo registraron los mareógrafos en todo el Mediterráneo occidental y fue causado por un terremoto submarino, dejando olas de un metro .
El último registrado en la web del IGN data del año 2020, cuando se produjo un tsunami local debido a un gran desprendimiento de rocas en la playa de Argaga, en la isla de La Gomera. De intensidad II, generó olas de medio metro.
Una hora para reaccionar
Los especialistas también señalan que muchas ciudades costeras, especialmente las de carácter turístico, dispondrían de aproximadamente una hora para reaccionar antes del impacto de un tsunami. Asimismo, estiman que existe una probabilidad del 10 % de que una ola de al menos un metro alcance puntos del suroeste peninsular, como Huelva o Cádiz, en un plazo de 50 años.
Aunque una ola de un metro en mar abierto puede pasar prácticamente inadvertida, no debe subestimarse su capacidad destructiva al acercarse a la costa. Un precedente histórico lo demuestra: en 1755, un tsunami generó olas de hasta ocho metros que golpearon con fuerza el litoral de Cádiz, causando importantes daños. Este tipo de fenómenos pone de relieve cómo pequeñas variaciones en alta mar pueden transformarse en impactos significativos en zonas costeras.