Una lupa sostenida por una persona no identificada sobre un montón de microplásticos
Descubren un nuevo 'escondite' de los microplásticos en el cuerpo humano
Los microplásticos ya se han detectado en prácticamente todos los órganos del cuerpo humano, desde los pulmones hasta los riñones, e incluso en la sangre, lo que ha incrementado la preocupación sobre sus posibles efectos en la salud. Aunque todavía no se conoce con precisión cómo afectan estas partículas al organismo, la comunidad científica advierte sobre el alcance de su presencia y su capacidad de dispersión.
Se trata de fragmentos de plástico de menos de cinco milímetros que forman parte del entorno cotidiano. Están presentes en el aire que se respira, en el agua, en los alimentos y en numerosos productos de uso habitual, como envases, tejidos sintéticos, neumáticos o cosméticos. Esta exposición constante hace que las personas los inhalen o los ingieran de forma diaria, favoreciendo su entrada y acumulación en el organismo a lo largo del tiempo.
Y las últimas investigaciones no dejan de arrojar datos preocupantes, añadiendo otro agente a la lista: la bilis, un fluido clave en la digestión y en la eliminación de sustancias del organismo. El estudio, publicado en la revista especializada Environmental Science and Ecotechnology revela que los microplásticos están presentes en todas las muestras de bilis analizadas, lo que sugiere que el sistema biliar podría actuar tanto como vía de acumulación como de excreción de estos contaminantes.
Este hallazgo abre una nueva línea de investigación sobre cómo circulan los plásticos en el cuerpo y qué efectos pueden tener a largo plazo. Para llegar a esta conclusión, los científicos analizaron muestras de bilis de 14 pacientes sometidos a cirugía siguiendo estrictos protocolos para evitar la contaminación externa. Los resultados fueron claros: se encontraron microplásticos en todas las muestras. Además, las concentraciones eran significativamente más altas en los pacientes con cálculos biliares.
Entre los materiales detectados predominaban polímeros como el tereftalato de polietileno (PET), común en envases, y el polietileno (PE), presente en bolsas y embalajes. La mayoría de las partículas tenía un tamaño de entre 20 y 50 micras, lo que facilita su entrada en los tejidos y su circulación por el organismo.
Este hallazgo refuerza la idea de que los microplásticos, que entran en el cuerpo principalmente a través de los alimentos, el agua y el aire, pueden distribuirse ampliamente y acumularse en distintos sistemas. Hasta ahora, se sabía poco sobre qué ocurría con estas partículas una vez dentro del organismo. El hecho de que aparezcan de forma sistemática en la bilis sugiere que el sistema digestivo y hepático desempeña un papel clave en su procesamiento.
Posibles efectos en las células
El estudio no se limita a detectar la presencia de microplásticos, sino que también analiza sus posibles efectos biológicos. En experimentos de laboratorio, los investigadores observaron que la exposición prolongada a bajas dosis puede provocar envejecimiento celular en los colangiocitos, las células que recubren los conductos biliares. Este proceso está relacionado con alteraciones en las mitocondrias, las estructuras encargadas de producir energía en las células.
Aunque este daño no es inmediato, podría tener implicaciones a largo plazo, ya que está vinculado a procesos inflamatorios y al deterioro progresivo de los tejidos. Además, los autores plantean que los microplásticos podrían influir en la formación de cálculos biliares, al alterar el flujo de la bilis o favorecer la acumulación de colesterol, aunque insisten en que se necesitan más estudios para confirmar esta relación.
Otro de los hallazgos relevantes es el posible efecto protector de la melatonina. En las pruebas realizadas, esta molécula –conocida por su papel en la regulación del sueño– logró reducir el daño celular asociado a los microplásticos gracias a su acción antioxidante. No obstante, los investigadores subrayan que estos resultados son preliminares y deben confirmarse en estudios más amplios en humanos.
En conjunto, este trabajo abre una nueva vía para entender cómo la contaminación plástica interactúa con el organismo. También refuerza la necesidad de investigar más a fondo la exposición cotidiana a microplásticos y sus posibles consecuencias para la salud.
Aunque aún quedan muchas incógnitas, el descubrimiento de microplásticos en la bilis apunta a que su impacto podría ser más profundo de lo que se pensaba. Comprender su recorrido dentro del cuerpo será clave para evaluar riesgos y diseñar estrategias de prevención en un mundo cada vez más expuesto a la contaminación plástica.