Se pueden apreciar plantas ornamentales
Entre el 7 % y el 16 % de las especies de plantas analizadas podría extinguirse en 2100
Esta conclusión cuestiona, al menos a escala global, la eficacia de las estrategias de conservación centradas únicamente en la migración asistida
Una investigación de modelización ecológica desarrollada por la Universidad de California Davis, en Estados Unidos, advierte de que entre el 7 % y el 16 % de las especies vegetales analizadas en todo el planeta podrían perder más del 90 % de su área de distribución antes de que termine el siglo. De cumplirse las proyecciones actuales sobre el cambio climático, estas plantas quedarían expuestas a un riesgo elevado de extinción en el horizonte de 2100.
El trabajo, difundido en la revista Science, sostiene que la desaparición de hábitats aptos como consecuencia del cambio climático será el factor principal detrás de esas posibles extinciones. No sería, por tanto, la incapacidad de las plantas para desplazarse o para «mantener el ritmo» de un clima en transformación lo que explicaría el fenómeno, sino la reducción drástica de los espacios donde pueden sobrevivir.
Esta conclusión cuestiona, al menos a escala global, la eficacia de las estrategias de conservación centradas únicamente en la migración asistida, una fórmula en la que la intervención humana facilita el cambio de distribución de determinadas especies. Sin embargo, el estudio apunta que estos esfuerzos podrían resultar más útiles si se combinan con la restauración ambiental y con la protección de refugios climáticos, es decir, zonas capaces de conservar condiciones adecuadas para la vida vegetal.
«Descubrimos que la causa de la extinción no es que las plantas no se reproduzcan con la suficiente rapidez», explica la autora principal del estudio, Xiaoli Dong, profesora asociada del Departamento de Ciencias Ambientales y Políticas de la UC Davis. «Se debe a que una gran cantidad de hábitat adecuado desaparecerá para finales de siglo. Si nuestra prioridad es reducir la tasa de extinción de especies vegetales, recortar drásticamente nuestras emisiones será mucho más importante que otras medidas».
Los investigadores se propusieron analizar cómo responderán las plantas al calentamiento global durante las próximas décadas. Para ello, recurrieron a una amplia base de datos formada por casi 68.000 especies vegetales, una muestra que representa el 18 % de la flora mundial. A partir de esa información, proyectaron la distribución potencial de estas especies hasta el año 2100 y tuvieron en cuenta distintos márgenes de incertidumbre. El resultado fue una estimación de extinción situada entre el 7 % y el 16 %, según los diversos escenarios de emisiones contemplados.
Hasta ahora, la mayoría de los modelos empleados para calcular tasas de extinción no incluían la velocidad a la que se modifica la distribución geográfica de las especies, es decir, la rapidez con la que pueden desplazarse conforme cambia el clima. La incorporación de ese factor ha permitido observar que la pérdida de hábitat pesa más que el propio desplazamiento geográfico a la hora de explicar las tasas de extinción vinculadas al cambio climático.
Las previsiones más preocupantes se concentran en el sur de Europa, el oeste de Estados Unidos y el sur de Australia. En esas regiones, el riesgo afecta tanto a especies vegetales muy antiguas como a otras de enorme relevancia económica. Entre los ejemplos citados figuran la selaginella (Selaginella) en California, uno de los linajes de plantas vasculares más antiguos que perviven, con más de 400 millones de años de historia, y el eucalipto en Australia, un género que constituye tres cuartas partes de los bosques nativos del continente y resulta esencial para la biodiversidad, la cultura indígena y la industria maderera.
No obstante, el desplazamiento de las especies también puede provocar un aumento de la riqueza vegetal local, entendida como el número de especies presentes en un lugar concreto. Según el estudio, alrededor del 28 % de la superficie terrestre experimentará un incremento de esa riqueza local a medida que las plantas se muevan en respuesta a las nuevas condiciones climáticas.
«Las zonas con mayor probabilidad de aumentar su riqueza de especies se encuentran principalmente en regiones húmedas o en aquellas que se prevé que se vuelvan más húmedas, como el este de Estados Unidos, India, el sudeste asiático y el sur de Sudamérica», señala la primera autora, Junna Wang, que era estudiante de doctorado cuando se realizó el estudio y actualmente trabaja como investigadora postdoctoral en la Universidad de Yale. «Por el contrario, se espera que el oeste de Estados Unidos, gran parte de Europa y Australia pierdan diversidad a medida que se reduzcan las áreas de distribución de muchas especies».
La reorganización de la flora a escala mundial obligará, según los autores, a revisar los enfoques tradicionales de conservación. «Las cosas van a cambiar y tenemos que adaptarnos. Algunas de estas especies se encontrarán por primera vez. Veremos interacciones novedosas. Es difícil predecir el resultado. Las cosas serán diferentes a como las recordamos hace 40 o 50 años», apuntan.
En paralelo, el estudio subraya la importancia creciente de los bancos de semillas, los jardines botánicos y aquellos enclaves que puedan actuar como refugios climáticos para plantas cuyo valor genético, medicinal o cultural podría desaparecer. La gestión de los ecosistemas, por su parte, será clave para ofrecer espacios donde las especies que se desplacen puedan establecerse. La investigación contó con financiación de la Fundación Nacional de Ciencias.