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El desplazamiento de la montaña hacia el mar, provocó el segundo tsunami más alto jamás registrado (tras el de Japón de 2011)EFE

La ola de 481 metros en Alaska que alarma a los expertos por el deshielo de los glaciares

Una enorme masa rocosa se desplomó y su impacto sobre el agua y el hielo generó una gigantesca ola que arrasó vegetación

Los tsunamis suponen un peligro en buena parte del mundo, especialmente en aquellas zonas propicias a sufrir terremotos, como es el caso de los países del Cinturón de Fuego del Pacífico. No obstante, en otras zonas como el Mediterráneo también se pueden dar, y es que la Comisión Intergubernamental Oceanográfica, existe una probabilidad cercana al 100 % de que el Mediterráneo registre un tsunami con olas superiores a un metro de altura en los próximos 30 años.

Asimismo, otros fenómenos como puede ser el retroceso de los glaciares también puede provocar olas gigantes que pongan en riesgo a las poblaciones, como ocurrió en el sureste de Alaska (Estados Unidos) el pasado verano, cuando debido al deslizamiento de una montaña hacia el océano se generó el segundo tsunami más alto nunca antes registrado.

En concreto, se experimentó una subida del mar hasta 481 metros, equivalente a lo que hubiese ocurrido con un terremoto de magnitud 5,4 y solo superado por el virulento tsunami de Japón de 2011.

Según ha publicado en la revista Science un grupo de científicos, hay que prestar mucha atención a estos eventos, porque serán cada vez más comunes a medida que el calentamiento haga retroceder los glaciares, especialmente en zonas polares y subpolares.

«A medida que se calientan las regiones frías del planeta está aumentando el riesgo de tsunamis, y urge desarrollar una mejor vigilancia ante estos fenómenos. El objetivo de nuestro artículo es que los municipios costeros y otras partes interesadas se tomen en serio estas amenazas», señala uno de los autores, Dan Shugar, investigador de la Universidad de Calgary (Canadá).

Un colapso gigante en pleno fiordo

El suceso tuvo lugar a las 5:30 de la madrugada del 10 de agosto de 2025 en Tracy Arm, un fiordo situado en la costa sureste de Alaska, cerca de Juneau. Una enorme masa rocosa ubicada sobre el glaciar South Sawyer se desplomó repentinamente, liberando decenas de millones de metros cúbicos de material. El impacto sobre el agua y el hielo generó una gigantesca ola que avanzó por el fiordo arrasando vegetación y dejando marcas de inundación de hasta 481 metros sobre el nivel del mar.

El área forma parte del Bosque Nacional Tongass y se ha convertido en un destino turístico muy frecuentado por cruceros, embarcaciones y excursionistas en kayak atraídos por el paisaje glaciar. Según los investigadores, unos 20 cruceros recorren la zona cada día durante la temporada alta. A pesar de la magnitud del tsunami, no hubo víctimas porque ocurrió de madrugada, antes de que comenzara la actividad turística habitual.

Para reconstruir el evento, los científicos combinaron imágenes satelitales, modelos numéricos, registros sísmicos y testimonios de personas presentes en el lugar. Un grupo de kayakistas que dormía en tierra relató cómo el agua alcanzó sus tiendas y arrastró parte del equipo pocos minutos después del derrumbe. También desde un crucero anclado cerca de la entrada del fiordo se observaron fuertes corrientes y espuma en el agua.

El análisis reveló además señales sísmicas previas al colapso, especialmente intensas durante las horas anteriores. El propio desprendimiento generó ondas comparables a un terremoto de magnitud 5,4, detectadas incluso a escala mundial. Los expertos creen que el retroceso y adelgazamiento del glaciar eliminó parte del soporte natural de la montaña, favoreciendo la inestabilidad de la ladera.

Más allá de la ola inicial, el tsunami provocó oscilaciones prolongadas del agua dentro del fiordo, un fenómeno conocido como seiche, que persistió durante horas e incluso días. Los investigadores consideran que tanto estas vibraciones como las señales sísmicas previas podrían servir en el futuro para desarrollar mejores sistemas de alerta temprana en regiones remotas del Ártico y el Subártico.