Carretera dañada por los terremotos en Hakui, prefectura de Ishikawa, Japón
¿Por qué hay tantos terremotos en Japón? El último seísmo rescata los temores a un nuevo tsunami
Juan Vicente Cantavella, responsable de Red Sísmica Nacional, atiende a El Debate y explica las características geológicas del país nipón
Este lunes, un terremoto de magnitud 7,5 hizo temblar Japón. Con epicentro frente a la costa oriental del país asiático, a unos 10 kilómetros de profundidad, obligó a activar las alertas por tsunami en varias regiones del este y el noreste del país, con la posibilidad de que llegasen olas de hasta tres metros de altura a la costa de las prefecturas de Hokkaido, Aomori e Iwate.
No obstante, horas después se retiró esta alerta para las citadas prefecturas, aunque sí que se mantuvo una alerta por un potencial 'megaterremoto' que pudiera tener lugar como parte de las réplicas al seísmo. Esta situación no pilla por sorpresa a los japoneses, y es que el país nipón experimenta con cierta asiduidad este tipo de movimientos sísmicos.
Mapa con localización del terremoto
Juan Vicente Cantavella, responsable de Red Sísmica Nacional, atiende a El Debate para explicar por qué se producen tantos seísmos en Japón. Según el experto, el país se encuentra rodeado de límites de placas tectónicas que son, además, especialmente activos, como ocurre en todo el Cinturón del Pacífico al que pertenece.
«Para hacernos una idea, entre el sur de España y el norte de África también hay un límite de placas y la compresión entre ambas es de medio centímetro al año», comienza Cantavella. «Por contra, en el oeste de Japón el movimiento relativo entre la placa del Pacífico y la Norteamericana son de ocho centímetros al año, es decir 16 veces más», sentencia. Según detalla, las tensiones se acumulan más rápidamente y, por tanto, los terremotos ocurren con una mayor frecuencia.
La palabra tsunami, que en japonés es una mezcla de las palabras 'puerto' o 'bahía', y 'ola', ya da muestras de que este tipo de fenómenos son habituales en el archipiélago. Cantavella recuerda que los tsunamis se deben, en su mayoría, a terremotos muy grandes que ocurren debajo del mar. En Japón están esos dos ingredientes: terremotos de magnitud grande y el hecho de que están totalmente rodeados por agua.
Igualmente, el país experimenta al menos un temblor de 7 grados o más al año, la mayoría de los cuales se da en el mar. Este es el motivo por el que las alertas por tsunamis sean tan habituales en esa zona del mundo.
Cuando hablamos de Japón viene a la memoria el ocurrido en 2011, de magnitud 9,1 y que generó olas de maremoto de hasta 40,5 metros. Esta catástrofe natural se cobró 15.859 víctimas, 6.152 heridos y 2.556 desaparecidos. Por ello, con cada seísmo de cierta virulencia los temores de volver a experimentar algo así retornan. Sobre ello, el experto subraya que las estadísticas apuntan a que un terremoto de esa magnitud ocurre cada «muchos cientos de años». Aunque puede volver a ocurrir, no es lo más probable atendiendo a los datos, matiza.
Una sociedad preparada
Debido precisamente a esa frecuencia en la repetición de temblores, la sociedad japonesa está no solo acostumbrada, sino concienciada en cómo proceder cuando ocurre un terremoto. Los simulacros son habituales, las construcciones están preparadas para soportar grandes seísmos y, desde el terrible terremoto de 2011, han ido surgiendo una serie de aplicaciones para alertar a la población antes de que se produzca un terremoto.
Cantavella añade que, en el caso de los tsunamis, es muy difícil reducir las pérdidas al máximo, pero Japón ya estaba más preparado hace 15 años: «En Indonesia, el tsunami de 2004 fue más o menos similar y produjo unas 200.000 víctimas, por lo que la diferencia es significativa».
El responsable de la Red Sísmica Nacional destaca que, en el terremoto de este lunes, la población realizó las evacuaciones pertinentes, prueba de que están acostumbrados a este tipo de situaciones. Asimismo, resalta que los simulacros son habituales y que se han tomado otro tipo de precauciones, como muros de contención en toda la costa donde ocurrió el terremoto que «no evita totalmente el riesgo pero sí los reduce mucho y otorgan un tiempo esencial en esas circunstancias».
Todo ello, además, acompañado de tecnologías significativamente más desarrolladas que en otros países, como redes sísmicas con miles de sensores, incluyendo submarinos y otro tipo de técnicas que se consideran pioneras.