Pozo Barredo, en Mieres (Asturias)
La antigua mina asturiana que ahora calienta hospitales y viviendas con energía geotérmica
El concejo de Mieres, tras años viviendo de la explotación de combustibles fósiles, se pasa a las renovables al apostar por la geotermia
Las cuencas mineras asturianas gozaron de buena situación social y económica desde el siglo XIX hasta finales del XX. Este conjunto de concejos situados en el interior del Principado sufrieron, por contra, un gran varapalo con el cierre de las minas y la población comenzó a desplazarse a las ciudades y a la costa. No obstante, años después, el espíritu minero persiste y muchas de las infraestructuras que se utilizaban entonces aún permanecen en pie y se busca darles un nuevo uso.
Mieres, uno de los concejos que tuvo mayor relevancia en cuanto a explotación de minas de carbón, ha optado por darle una segunda vida a estas minas pero, en esta ocasión, para producir energía renovable. Este caso representa, por tanto, uno de los ejemplos más destacados de reutilización industrial con fines energéticos.
Se trata del antiguo Pozo Barredo, una mina de carbón clausurada en 1994 y posteriormente inundada en 1997. La empresa pública Hunosa, propietaria del pozo, lo ha transformado en un innovador recurso geotérmico gracias al aprovechamiento del agua de mina. El sistema utiliza el bombeo continuo necesario para mantener el nivel freático en cotas seguras y, mediante bombas de calor, alimenta una red urbana de climatización o district heating.
Esta infraestructura suministra calefacción y, en algunos casos, refrigeración al campus universitario de Mieres, al Hospital Álvarez Buylla, así como el instituto de educación secundaria Bernaldo de Quirós y dos edificios de 250 viviendas en la Mayacina. Convertido hoy en la mayor red geotérmica de España, el Pozo Barredo se ha consolidado como un referente de economía circular aplicada al patrimonio industrial y energético.
Cómo funciona
Tal y como explican desde Hunosa, a partir de una determinada profundidad, la temperatura del subsuelo es constante con independencia de la estación. «Disponemos, por ello, a unos pocos metros de nosotros, de una fuente de energía constante a lo largo de todo el año y accesible», recalcan.
Por ello, tras la clausura de los pozos mineros de la Cuenca Central Asturiana, las antiguas galerías subterráneas comenzaron a inundarse de agua hasta alcanzar una cota de seguridad. Mantener estable ese nivel obliga a realizar un bombeo constante, una operación compleja y costosa que tradicionalmente suponía un gasto permanente. La compañía decidió convertir ese problema en un recurso energético aprovechable mediante sistemas de geotermia.
El agua acumulada en el subsuelo conserva una importante cantidad de energía térmica. Aunque su temperatura no permite climatizar directamente edificios, sí puede ser utilizada mediante bombas de calor geotérmicas, capaces de transformar esa energía de baja temperatura en calor útil para calefacción y refrigeración.
Sobre este principio se desarrollan las denominadas redes de calor o district heating, sistemas centralizados de climatización que distribuyen energía a través de una red de tuberías conectada a distintos edificios. Este modelo permite integrar de manera eficiente fuentes renovables como la geotermia, la biomasa o la energía solar, reduciendo de forma significativa las emisiones contaminantes y mejorando la eficiencia energética.
El primer gran proyecto geotérmico de Hunosa se puso en marcha en el Pozo Barredo que, en una primera fase, abasteció de calor y frío al Hospital Álvarez Buylla, a un edificio del campus universitario y a la sede de la Fundación Asturiana de la Energía. El éxito técnico y energético de la iniciativa les llevó a ampliar el sistema con una segunda fase, dando forma a la mayor red geotérmica con agua de mina de España.
La experiencia acumulada permitió cambiar la estrategia inicial: en lugar de abordar instalaciones aisladas para clientes concretos, se apostó por una red de calor integrada capaz de extender el aprovechamiento del recurso geotérmico de forma más eficiente y rentable. Con esta ampliación, la instalación alcanza una potencia cercana a los 6 megavatios térmicos, consolidándose como el mayor desarrollo geotérmico del país.
La apuesta de la empresa pública por la geotermia continúa también en Langreo, otro concejo asturiano donde se impulsa una segunda red de calor utilizando el agua del Pozo Fondón. En una primera fase, el sistema abastece al centro de salud de La Felguera, un edificio de viviendas y el polideportivo municipal, aunque la red dispone de capacidad para incorporar nuevos usuarios.
Posteriormente, se puso en marcha una segunda fase destinada a ampliar el suministro a más clientes y mejorar la eficiencia energética de la instalación. Para ello, el sistema se complementó con calderas de biomasa de 1,5 megavatios de potencia, reduciendo además la dependencia del bombeo de agua de mina.
Con este tipo de iniciativas, los pozos mineros cobran una segunda vida tras años sin uso y, además, contribuyen a la descarbonización al promover las energías renovables. Según datos del Ministerio para la Transición Ecológica (Miteco), hasta el año 2013 había 244 minas de carbón abandonadas en España, por lo que aún hay margen para poder reutilizar estas infraestructuras.