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Esta vista aérea, tomada el 2 de julio de 2026 en Caraballeda (estado de La Guaira), muestra edificios colapsados ​​tras los terremotos gemelos del 24 de junio

Esta vista aérea, tomada el 2 de julio de 2026 en Caraballeda (estado de La Guaira), muestra edificios colapsados ​​tras los terremotos gemelos del 24 de junioAFP

¿Por qué Japón resistió sin problemas un potente terremoto mientras Venezuela quedó devastada?

Mientras que los cuerpos se acumulan en las morgues y bajo los edificios de Caracas y La Guaira, el archipiélago japonés únicamente registró diversos problemas en el transporte público y un saldo oficial de entre 5 y 8 personas heridas

Tres terremotos en dos países situados a más de 14.000 kilómetros de distancia. El pasado 24 de junio, el planeta tembló con una ferocidad inusual en Venezuela y Japón. El doblete sísmico del país hispanoamericano –que ha causado ya al menos 2.595 muertes y 12.400 heridos– fue seguido media hora después por otro seísmo de magnitud 7 que sacudió Japón.

Hay que tener en cuenta que mientras que Venezuela sufrió un dos seísmos separados por 40 segundos debido a la acción de las placas del Caribe y Sudamericana –generando terremotos superficiales en sistemas de fallas continentales–, mientras que en Japón estos movimientos se producen debido a un límite convergente de subducción, donde múltiples placas oceánicas pesadas se hunden rápidamente bajo las continentales.

El balance, sin embargo, fue completamente distinto. Mientras que los cuerpos siguen acumulándose en las morgues y bajo los edificios de Caracas y La Guaira, el archipiélago japonés únicamente registró diversos problemas en el transporte público y un saldo oficial de entre 5 y 8 personas heridas, todas ellas con lesiones de carácter leve.

Un hombre camina sobre escombros de edificaciones destruidas en La Guaira (Venezuela)

Un hombre camina sobre escombros de edificaciones destruidas en La Guaira (Venezuela)EFE

Es aquí donde entran en juego dos factores: la normativa de construcción antisísmica y los sistemas de alerta. Actualmente, Japón cuenta con los códigos de edificación antisísmica más exigentes del mundo, reforzados drásticamente desde 1981 debido a los distintos terremotos del siglo, que evidenciaron la vulnerabilidad de las estructuras japonesas. A partir de este momento, las autoridades introdujeron controles más estrictos para mejorar el cálculo frente a terremotos.

Hay que añadir que el país asiático está situado en el Cinturón de Fuego del Pacífico, una de las zonas de mayor actividad sísmica y volcánica del mundo. Por todo ello, las revisiones y enmiendas posteriores del año 2000 endurecieron la fiscalización y los permisos de obras para las renovaciones estructurales de propiedades antigua.

De igual manera, el seísmo de magnitud 9 y posterior tsunami de 2011 en Tohoku provocó que se revisara la Ley de Normas de Construcción, obligando a que todos los techos falsos de grandes espacios públicos –como aeropuertos, centros comerciales o vestíbulos de oficinas– contaran con fijaciones sísmicas rígidas y mallas de seguridad para evitar desprendimientos. Esta modificación no se centró en cambiar la resistencia de las vigas y columnas –que aguantaron en su mayoría–, sino en redefinir el concepto de resiliencia ante desastres compuestos y riesgos no estructurales.

La Gran Muralla de Japón, la última defensa antitsunamis

La Gran Muralla de Japón, la última defensa antitsunamisAl Jazeera

A esta legislación se sumó la construcción de la «Gran Muralla de Japón». Esta red de muros, cuyo proyecto comenzó un año después de la tragedia, fueron diseñadas para proteger la costa y las poblaciones cercanas frente al impacto de tsunamis. Su función principal es reducir la fuerza del agua y evitar que las olas arrasen zonas habitadas. Dependiendo de la zona, la altura de estos muros varía. En general miden entre 5 y 15 metros, aunque algunos de ellos pueden incluso superar los 20 metros de altura.

Esta vista aérea, tomada el 2 de julio de 2026 en Caraballeda (estado de La Guaira), muestra edificios colapsados ​​tras los terremotos gemelos del 24 de junio

Esta vista aérea, tomada el 2 de julio de 2026 en Caraballeda (estado de La Guaira), muestra edificios colapsados ​​tras los terremotos gemelos del 24 de junioAFP

Mientras el país nipón lleva décadas protegiéndose ante estos fenómenos, Venezuela sufrió un colapso de cientos de infraestructuras con numerosas pérdidas humanas debido a la falta de normativas y de inversión preventiva.

«En Venezuela no han pensado en esto, porque tampoco han tenido grandes terremotos. Sin embargo, eso eso es lo peor, porque cuando no se producen grandes terremotos quiere decir que se acumula energía, que es lo que ha pasado aquí. Incluso se ha producido un doblete, es decir, la liberación de energía, la producción de una falla grande ha sido en dos puntos de la misma zona, con lo con lo cual se ha se ha producido mayor daño», señalaba a El Debate Manuel Regueiro, expresidente del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos de España.

Por ello, el geólogo insta a seguir el ejemplo japonés, invirtiendo en una verdadera reconstrucción de los pueblos y ciudades con estructuras dañadas: «Cuando ocurren estas cosas, se dé cuenta de que no hay que esperar a que ocurran, que hay que tomar medidas antes, que la prevención es el seguro de vida del planeta».

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