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Un perro y un gato sufren el calor

Un perro y un gato sufren el calorGetty Images

Siete señales de alerta que indican que tu mascota está sufriendo por el calor

Entre los animales más sensibles a las altas temperaturas destacan los perros braquicéfalos, es decir, aquellos de hocico corto como el bulldog francés, el bulldog inglés, el carlino o el chihuahua

Las altas temperaturas representan cada verano un importante riesgo para la salud de perros y gatos. Aunque los golpes de calor son una de las principales preocupaciones de los propietarios, los veterinarios recuerdan que el calor puede tener consecuencias especialmente graves en aquellos animales que padecen enfermedades cardíacas, respiratorias o que presentan una mayor vulnerabilidad por su edad o condición física.

Según explica Alexis Santana, veterinario cardiólogo intervencionista, el aumento de la temperatura ambiental obliga al organismo a poner en marcha mecanismos para disipar el calor, un proceso que exige un esfuerzo adicional al sistema cardiovascular. En animales sanos, esta adaptación suele producirse sin dificultades, pero en pacientes con patologías cardíacas previas puede desencadenar complicaciones importantes.

«Cuando aumenta la temperatura, el organismo dilata los vasos sanguíneos para facilitar la pérdida de calor. Esto obliga al corazón a trabajar más. Si existe una enfermedad cardíaca, la capacidad de adaptación es menor y puede producirse una descompensación», señala el especialista.

Entre los animales más sensibles al calor destacan los perros braquicéfalos, es decir, aquellos de hocico corto como el bulldog francés, el bulldog inglés, el carlino o el chihuahua. También presentan un mayor riesgo las mascotas con sobrepeso, los pacientes geriátricos, los animales con enfermedades respiratorias y aquellos que reciben tratamientos cardíacos como diuréticos o vasodilatadores.

La detección precoz de los síntomas resulta fundamental para evitar situaciones graves. Uno de los principales indicadores es el aumento de la frecuencia respiratoria cuando el animal se encuentra en reposo. Si supera las 40 respiraciones por minuto sin haber realizado ejercicio físico o se mantiene respirando rápidamente mientras descansa o duerme, conviene acudir al veterinario. Cuando la frecuencia supera las 50 respiraciones por minuto, puede tratarse de una situación de urgencia.

Otros signos que deben poner en alerta a los propietarios son el jadeo intenso y persistente, incluso en ambientes frescos; el cambio de coloración de las encías, que pueden aparecer excesivamente rojas o adquirir tonalidades azuladas; la debilidad o intolerancia al ejercicio; los desmayos o colapsos repentinos; el aumento anormal del volumen abdominal debido a la acumulación de líquidos y los episodios de confusión, apatía o desorientación.

Las claves para prevenir complicaciones

Los expertos insisten en que muchos de los problemas asociados al calor pueden evitarse mediante medidas preventivas relativamente sencillas. Sin embargo, uno de los errores más frecuentes es minimizar los primeros síntomas. El agotamiento por calor y el golpe de calor forman parte de un mismo proceso y los signos iniciales, como el cansancio excesivo, el jadeo persistente o la debilidad, no deben considerarse normales.

También es habitual mantener durante el verano las mismas rutinas de paseo y actividad física que en otras épocas del año. Los veterinarios recomiendan programar los paseos a primera hora de la mañana o al final de la tarde, cuando las temperaturas son más suaves, y evitar cualquier esfuerzo físico durante las horas centrales del día.

Otra medida fundamental es garantizar una correcta hidratación. Los animales deben disponer siempre de agua fresca y limpia, especialmente aquellos que reciben tratamientos diuréticos. En estos casos, la hidratación puede complementarse mediante alimentación húmeda, caldos o sopas adaptadas a su dieta.

Asimismo, los especialistas recuerdan que nunca debe dejarse una mascota dentro de un vehículo estacionado, ni siquiera durante unos minutos o con las ventanillas parcialmente abiertas, ya que la temperatura en el interior puede alcanzar niveles peligrosos en muy poco tiempo.

El control del peso corporal, la vigilancia especial de animales mayores o con enfermedades crónicas y las revisiones veterinarias antes de la llegada de los meses más calurosos son otras herramientas clave para reducir riesgos.

Para Alexis Santana, existe un indicador especialmente útil que cualquier propietario puede observar en casa: la respiración. «Si tuviera que dar un único consejo para este verano sería controlar la frecuencia respiratoria de la mascota. Cuando un animal comienza a respirar más rápido de lo habitual sin una causa aparente, es el momento de consultar con el veterinario», concluye.

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