Mina de hierro de la empresa minera estatal sueca LKAB en Kiruna, Suecia
Polémica en Suecia: un proyecto minero amenaza el último corredor de renos del pueblo sami
A las puertas de unas elecciones, el debate ha salpicado la campaña y los indígenas lo interpretan como un ataque frontal a su forma de vida
En la ciudad más septentrional de Suecia, Kiruna, se encuentra uno de los yacimientos mineros más importantes de Europa. Desde hace ya casi dos décadas, el municipio está siendo desplazado ante la amenaza de derrumbe que representan las excavaciones cada vez más profundas de la gigantesca mina de hierro de la compañía LKAB. El proceso de traslado de la ciudad continuará durante los próximos años, si bien el nuevo centro fue inaugurado oficialmente en septiembre de 2022.
Pero no es la única alteración que está provocando la mina. La comunidad indígena sami de Gabna denuncia que se podría llegar a interrumpir la última ruta viable que utilizan sus renos. Este pueblo indígena, que habitó la región de Laponia con toda libertad sin reparar en las fronteras legales de los Estados de Noruega, Suecia, Finlandia y Rusia, ya sufrió en 1919 un cambio en su estatus de nómadas para reubicarlos de manera forzosa. Ahora, más de un siglo después, el considerado como último pueblo indígena europeo alza la voz contra las explotaciones mineras del norte de Suecia.
A las puertas de unas elecciones en el país, la ministra de Energía, Ebba Busch, defendió utilizar esas tierras del norte del país para su explotación minera y desdeñó la cría de renos, alegando que es una industria «que afecta a zonas muy extensas, pero tiene una importancia económica limitada».
Estas palabras han caldeado los ánimos del pueblo sami y abierto un debate en el país sobre si es conveniente o no explotar esas minas y dejar de criar renos. Lo cierto es que la ambición de la Unión Europea es reducir la dependencia de las importaciones chinas en tierras raras y otros minerales, por lo que la estrategia de explotación no está en cuestión.
No obstante, el pueblo sami lo interpreta como un ataque frontal a su forma de vida. El revuelo ha sido tal que, a en vísperas de los comicios del próximo 13 de septiembre, los democristianos –actualmente en el poder– se comprometen a «resolver los conflictos entre la cría de renos y el desarrollo industrial» y a proteger «el derecho de todos a cazar en tierras estatales», tal y como recoge The Guardian.
Muchos miembros de la comunidad sami que vive en los alrededores de Kiruna, la ciudad más septentrional de Suecia, temen que la pugna por los recursos minerales y los derechos sobre la tierra termine suponiendo una amenaza aún mayor para su modo de vida, especialmente para la cría de renos, una actividad estrechamente ligada a su cultura y tradición.
La empresa minera reconoce que podría afectar a la ganadería de renos
Ante estas preocupaciones, la empresa minera estatal sueca LKAB ha asegurado que el proyecto de expansión de la mina de Kiruna se encuentra todavía en una fase inicial. La compañía señala que su objetivo es continuar evaluando el potencial del yacimiento antes de avanzar en el desarrollo de los planes.
La solicitud presentada por LKAB está actualmente bajo revisión de la Inspección de Minas de Suecia, mientras continúa el proceso de consultas con las partes afectadas. La empresa reconoce que la explotación del nuevo yacimiento podría tener consecuencias sobre las actividades tradicionales de la población sami y, en particular, sobre la cría de renos.
En este sentido, LKAB ha elaborado una evaluación específica sobre el impacto que tendría el proyecto en esta actividad, en la que incluye distintas medidas destinadas a garantizar que la ganadería de renos pueda continuar desarrollándose en la zona.
La compañía asegura que su intención no es ignorar las preocupaciones expresadas por la comunidad sami, sino buscar fórmulas que permitan compatibilizar la explotación de los recursos minerales con la continuidad de las actividades tradicionales.
«Comprendemos que nuestros planes para el nuevo yacimiento tendrían un impacto», señala LKAB, que defiende la necesidad de encontrar soluciones que permitan reducir las consecuencias del proyecto y preservar a largo plazo tanto los intereses de la industria minera como los de quienes dependen de estas tierras para mantener su forma de vida.
El conflicto pone de manifiesto la creciente tensión entre la explotación de los importantes recursos minerales del norte de Suecia y los derechos de las comunidades sami sobre unos territorios en los que la cría de renos se practica desde hace generaciones. Para estas comunidades, cualquier transformación significativa del terreno puede afectar no solo a su actividad económica, sino también a una parte esencial de su patrimonio cultural.
LKAB, por su parte, insiste en que el proyecto se encuentra todavía en una etapa temprana y que el proceso de evaluación y consultas deberá continuar antes de adoptar nuevas decisiones sobre el desarrollo del yacimiento.