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Arnau Ramió

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Entrevista

Arnau Ramió (experto en IA): «En cinco años tendrá sentido trabajar, pero será opcional»

El divulgador traza un mapa del presente y del corto plazo. Agentes como empleados virtuales, modelos cada vez más especializados, regulación europea con riesgo de frenar la competitividad y una confluencia inevitable entre IA y blockchain

Todo se mueve más rápido de lo que podemos asimilar en esta sociedad y hay que escuchar a expertos para que arrojen un poco de luz sobre ese futuro ultradigitalizado que nos espera.

Arnau Ramió es cofundador del centro Learning House y uno de los mayores expertos en IA y criptomonedas. Atiende a El Debate para poner orden en el ruido, la inteligencia artificial ya no es promesa, es presente, y se cuela en el trabajo, en la economía y hasta en la política con una velocidad inédita. Entre cambios sociales que nos obligan a reaprender y una tecnología que se vuelve abundante y obediente, Ramió desgrana qué viene ahora porque seremos personas más productivas, agentes que actuarán como empleados virtuales y una confluencia cada vez mayor entre IA, robótica y blockchain. Ramió advierte del riesgo del mal uso humano, del reto regulatorio en Europa y del nuevo tablero cripto, donde los ETFs y la tokenización empujan hacia una economía más digital y abierta.

— ¿En qué punto real estamos de la revolución de la inteligencia artificial? ¿Estamos ante un cambio comparable a la llegada de internet o hay más ruido que transformación?

— La analogía con internet funciona porque ambas son tecnologías fundacionales que impactan todos los ámbitos de la vida y de la empresa, pero la diferencia es el ritmo: ChatGPT alcanzó en dos años usuarios que Internet tardó trece en conseguir, con una aceleración sin precedentes que puede saturarnos antes de ser capaces de adaptarnos. Además, por primera vez no es solo una herramienta, hemos replicado la inteligencia, la hemos hecho abundante, escalable y obediente, y eso marca un antes y un después, incluso en esta fase inicial, donde los resultados ya son extraordinarios.

— ¿Qué impacto cree que tendrá la IA en el empleo en los próximos cinco años? ¿Destruirá más puestos de trabajo de los que creará o estamos ante una redistribución de tareas?

— No habrá un punto de inflexión único, sino una transición continua. Hoy la IA es más un atajo que una transformación total, porque los espacios de trabajo no están listos y muchos pilotos fallan por falta de habilidades y procesos. Primero veremos personas mucho más productivas apoyadas por IA; luego, el salto a empleados virtuales (agentes) que ejecutan trabajos de principio a fin y, más tarde, la dimensión física con robótica; si el ritmo sigue, en cinco años trabajar seguirá teniendo sentido, pero cada vez más por elección, con debates como la renta básica encima de la mesa.

En cinco años trabajar seguirá teniendo sentido, pero cada vez más por elección, con debates como la renta básica encima de la mesa

— OpenAI, Anthropic, Google… todos compiten por dominar el ecosistema de la IA generativa. ¿Quién cree que marcará la diferencia y por qué?

— Los modelos se están especializando, OpenAI ha ganado en consumidor con mejoras fuertes en eficiencia y usabilidad más que en salto puro de capacidades; Cloude destaca en programación y penetración enterprise; Gemini tiene la ventaja del ecosistema Google Workspace, con buen pie en empresa y consumo pero menos penetración que sus rivales. Añadiría dos focos: los modelos open source, que ganarán importancia por sus ventajas de control y coste, y Grok (xAI), con una fuente de datos privilegiada desde X/Twitter, especialmente útil en análisis financiero y actualidad; cada modelo arrastra sus sesgos y su nicho.

— Europa parece ir por detrás en innovación en IA respecto a Estados Unidos y China. ¿Cree que la regulación europea, como la AI Act, frena el desarrollo o puede convertirse en una ventaja competitiva a medio plazo?

— La intención es buena, pero puede salir cara, porque en tecnologías fundacionales que se retroalimentan y proliferan rápido, intentar contener su expansión choca con incentivos contrarios de empresas y países que buscan liderazgo. El riesgo es una pérdida de competitividad difícil de revertir frente a EE. UU. y China, no solo en IA, sino en chips, energía y centros de datos; la brecha crece y la regulación, sin una estrategia industrial equivalente, puede atrasar a Europa en desarrollo tecnológico y empresarial.

El riesgo es una pérdida de competitividad difícil de revertir frente a EE.UU. y China

— Muchos expertos alertan de los riesgos éticos y de control de la IA. Desde tu experiencia, ¿cuál es el mayor peligro: el mal uso humano o la propia autonomía de los algoritmos?

— Probablemente, el mal uso humano, aunque la autonomía es una novedad con riesgos legales y de control. La IA es una tecnología asimétrica y combinatoria, ya que con poco capital puede generar gran impacto, y su convergencia con campos como la robótica, la biología o la genética multiplica efectos; un dron con IA de 1.600 euros puede aproximarse al impacto de un misil de millones, y la facilidad para modificar ADN o escalar desinformación crea escenarios donde la intención y el acceso pesan tanto como la propia capacidad técnica.

— Después del desplome de 2022, el mercado cripto ha vuelto a despertar. ¿Qué ha cambiado realmente? ¿Hay una madurez del sector o seguimos en terreno especulativo?

— Hay tres cambios clave: más adopción año a año, que madura el ecosistema; un giro regulatorio e institucional, especialmente en EE.UU., con marcos que legitiman stablecoins y la llegada de ETFs de Bitcoin, Ethereum y, más recientemente, Solana; y la integración de cripto como un activo más dentro del ciclo económico, con mayor volatilidad pero también mayor potencial. Es una nueva clase de activo, tecnológicamente superior en ciertos procesos, que se incorpora junto a oro, acciones, inmobiliario y materias primas.

Bitcoin aspira a ser dinero y Ethereum un ecosistema financiero donde digitalizar todo tipo de activos

— ¿Qué papel jugará la tokenización de activos reales (como inmuebles, arte o acciones) en la economía digital del futuro?

— La tokenización será el estándar. Bitcoin aspira a ser dinero y Ethereum un ecosistema financiero donde digitalizar todo tipo de activos—acciones, deuda, propiedad, derechos o patentes—eliminando fricciones, intermediarios y costes. El futuro económico pasa por llevar esos activos a redes como Ethereum (y alternativas de alto rendimiento), abriendo la participación, aumentando liquidez y eficiencia y acelerando la velocidad de la economía.

— ¿Ve un punto de encuentro entre IA y blockchain? ¿Podrían ambas tecnologías complementarse o incluso necesitarse mutuamente?

— Sí, y será profunda, como ocurrió con el dinero, la IA tiene problemas de centralización, censura y sesgo que la descentralización puede mitigar con identidades, verificación y gobernanza abierta. Además, los agentes necesitarán transaccionar de forma autónoma y la cripto economía ofrece el único carril nativo para esos pagos máquina‑a‑máquina; juntar una IA no determinista con una blockchain determinista crea productos con lo mejor de los dos casos.

Dedicaría mi tiempo a la IA, a aprender a comunicar con modelos y, sobre todo, a agentificarlos

— Mirando al futuro: ¿en qué proyectos o tendencias pondría hoy su dinero, su tiempo y su talento?

— En IA, aprender a comunicar con modelos y, sobre todo, a agentificarlos, a crear agentes que trabajen como empleados virtuales y resuelvan objetivos de principio a fin es la oportunidad más grande. En inversión tecnológica, centrarse en ecosistemas con efecto red; tenemos Bitcoin como nueva forma monetaria, Ethereum como plataforma de digitalización financiera y Solana como alternativa más eficiente, aunque menos integrada y con otro perfil de seguridad; también en la intersección IA‑cripto, Bittensor es hoy el intento más interesante por descentralizar el entrenamiento y la inferencia.

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