Fundado en 1910

Así es como la IA imagina el smartphone del futuroImagen generada por IA

Después de 25 años de móviles, la IA prepara su propio dispositivo para dominar la próxima década

Tras 25 años de hegemonía del smartphone, la tecnología se prepara para un salto de era. 2026 podría ser el año en que llegue al mercado un dispositivo diseñado desde cero para la relación entre humanos e inteligencia artificial, una experiencia radicalmente distinta a la del móvil actual

Durante más de dos décadas, el smartphone ha sido el centro de nuestra vida digital. Ha cambiado la forma de comunicarse, trabajar, consumir información y entretenerse. Sin embargo, incluso en su versión más reciente con asistentes inteligentes integrados y funciones de inteligencia artificial generativa, el teléfono sigue siendo, en esencia, un dispositivo heredado del pasado con una pantalla que nos demanda atención constante y una interfaz pensada para dedos, no para el dialogar de forma natural con una máquina.

En 2025, una idea comienza a ganar fuerza en el sector tecnológico. Se trata de un dispositivo completamente nuevo, creado específicamente para interactuar con la inteligencia artificial de forma continua, contextual y casi invisible. No se trataría de un «móvil con IA», sino de algo distinto. Algo que podría marcar el inicio del verdadero smartphone del siglo XXI.

Desde cero

En el año 2026 puede vender por primera vez un dispositivo fabricado desde cero para convivir con la inteligencia artificial. Un objeto que deje atrás el modelo de apps, pantallas saturadas y notificaciones, y que apueste por una experiencia de usuario radicalmente diferente, más cercana a una extensión cognitiva que a un teléfono tradicional.

Apple, Google, Samsung y el resto de grandes fabricantes han incorporado inteligencia artificial a sus dispositivos. Sin embargo, lo han hecho sobre una base que no fue diseñada para ello. El resultado es una IA forzada llena de asistentes que viven dentro de aplicaciones, funciones aisladas y automatismos que mejoran tareas concretas, pero no redefinen la experiencia completa.

El resultado es una IA forzada llena de asistentes que viven dentro de aplicaciones

El problema no es tecnológico, sino conceptual. El teléfono inteligente nació para consumir información visual y táctil. La inteligencia artificial, en cambio, funciona mejor como interlocutor porque escucha, interpreta contexto, anticipa necesidades y actúa de forma proactiva. Integrar ese modelo en un dispositivo pensado para deslizar el dedo por una pantalla tiene límites.

Por eso, cada vez más voces dentro de la industria apuntan a la necesidad de un nuevo tipo de hardware. Un dispositivo que no obligue al usuario a usar la IA, sino que conviva con ella de manera natural.

Cómo funcionaría el nuevo dispositivo de la IA

Aunque todavía no existe un producto comercial cerrado, el consenso sobre cómo podría funcionar empieza a perfilarse. No sería necesariamente un móvil, ni siquiera un objeto con pantalla. La voz, el contexto y la presencia serían su forma de existencia.

Este dispositivo estaría siempre activo, escuchando y aprendiendo del usuario. No se limitaría a responder preguntas, sino que entendería rutinas, prioridades y objetivos. Podría organizar la agenda sin instrucciones directas, resumir conversaciones importantes, anticipar decisiones o filtrar información relevante antes de que el usuario la pida.

La interacción no dependería de abrir aplicaciones. La IA sería el sistema operativo. El usuario no entraría en servicios sino que hablaría, preguntaría o simplemente viviría su día mientras el dispositivo actúa en segundo plano. En lugar de una pantalla omnipresente, podría apoyarse en pequeños indicadores visuales, proyección de información o integración con otros objetos del entorno.

En esencia, sería un paso más allá del asistente virtual con una interfaz cognitiva permanente entre la persona y el mundo digital.

Sam Altman, la única apuesta por este futuro

A día de hoy, solo una figura ha hablado de forma clara y pública sobre la creación de un dispositivo de este tipo. Sam Altman, el consejero delegado de OpenAI ha reconocido en varias entrevistas que los dispositivos actuales no están preparados para la inteligencia artificial que viene y que es necesario crear un nuevo formato de hardware.

Altman ha ido más allá y ha confirmado que trabaja activamente en ello. Su objetivo no es mejorar el smartphone, sino reemplazarlo. Asegura que la IA debe abandonar el papel de herramienta puntual y convertirse en una presencia constante, útil y casi invisible, integrada en la vida diaria sin fricción.

El objetivo de Altman objetivo no es mejorar el smartphone, sino reemplazarlo

No es un detalle menor que quien impulse esta idea sea el líder de la empresa que ha popularizado la IA generativa a escala global. Tampoco que haya insistido en que el salto no será solo de software, sino de experiencia completa con hardware, interfaz y modelo de uso.

Mientras otras compañías se centran en añadir funciones inteligentes a productos existentes, Altman plantea directamente el fin de la era del móvil tal y como se conoce.

2026: ¿el inicio de una nueva categoría?

El calendario no es casual. El desarrollo de modelos de inteligencia artificial cada vez más capaces, combinado con avances en hardware, miniaturización y eficiencia energética, hace posible que un primer dispositivo comercial llegue en 2026.

No será perfecto. Como ocurrió con los primeros teléfonos, el impacto inicial puede ser limitado. Pero si cumple su promesa y ofrece una relación fluida, continua y natural entre humanos e IA, podría sentar las bases de una nueva categoría tecnológica.

Si el siglo XXI tuvo en el iPhone su gran símbolo, la próxima gran revolución puede no tener forma de teléfono. Puede ser algo más pequeño, más discreto y, paradójicamente, mucho más inteligente. Un dispositivo que no se mire constantemente, pero que siempre esté ahí.

Y si ese escenario se cumple, 2026 no será solo otro año tecnológico. Será el comienzo de una nueva forma de convivir con la inteligencia artificial.