Renovar un móvil, una tableta o un ordenador exige cada vez una mayor parte del salario medio español
Cuánto salario necesita hoy un español para renovar el móvil, la tablet o el ordenador
Las advertencias de Apple sobre nuevas subidas de precios y las previsiones de los fabricantes dibujan un escenario preocupante. Renovar un móvil, una tableta o un ordenador exige cada vez una mayor parte del salario medio español
Hubo un tiempo en que comprar un ordenador, un teléfono móvil o una tableta suponía una inversión importante, pero asumible para buena parte de las familias. Hoy la situación es muy distinta. La tecnología de consumo vive una escalada de precios constante que amenaza con convertir dispositivos cada vez más necesarios para trabajar, estudiar o comunicarse en productos casi de lujo.
Las declaraciones del consejero delegado de Apple, Tim Cook, reconociendo que la compañía estudia aumentar los precios de algunos de sus productos por el encarecimiento de los componentes, han vuelto a poner sobre la mesa la pregunta del millón (que cada año sube de precio): ¿cuánto cuesta realmente mantenerse tecnológicamente actualizado en España?
La respuesta resulta preocupante en 2026 y lo será más en la segunda parte del año. Tomando como referencia el salario medio español de 2.461 euros brutos mensuales según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, la compra de un ecosistema tecnológico de gama media-alta puede consumir entre uno y dos meses completos de sueldo.
La compra de un ecosistema tecnológico de gama media-alta puede consumir entre uno y dos meses completos de sueldo
Un teléfono móvil de gama media-alta ya se sitúa habitualmente entre los 700 y los 1.200 euros. Un ordenador portátil solvente para teletrabajo, productividad o creación de contenido supera con facilidad los 1.000 euros y puede alcanzar los 1.800 euros. A ello hay que sumar una tableta capaz de sustituir parcialmente al ordenador, cuyo precio suele moverse entre los 500 y los 1.000 euros.
Entre 2.500 y 4.000 euros
La suma es dramática. Un usuario que decida renovar estos tres dispositivos puede enfrentarse a una factura de entre 2.500 y 4.000 euros. Es decir, entre uno y casi dos salarios mensuales íntegros de un trabajador medio español, antes incluso de descontar impuestos y cotizaciones.
La tendencia preocupa especialmente porque no parece coyuntural. Apple ha explicado que la explosión de la inteligencia artificial está provocando una fuerte presión sobre las memorias y los sistemas de almacenamiento. Los mismos componentes que utilizan los grandes centros de datos para entrenar modelos de IA son también imprescindibles para fabricar móviles y ordenadores.
Un usuario que decida renovar estos tres dispositivos puede enfrentarse a una factura de entre 2.500 y 4.000 euros
La consecuencia es que fabricantes de componentes como Samsung Electronics, SK hynix o Micron Technology están destinando una parte de su producción a la industria de la inteligencia artificial y, como consecuencia, reduciendo la oferta disponible para la electrónica de consumo.
Pero Apple no es la única que alerta del problema. Carl Pei, fundador de la compañía tecnológica Nothing y antiguo directivo de OnePlus, advirtió de que los precios de los teléfonos inteligentes podrían aumentar hasta un 30 % durante los próximos años debido a la combinación de varios factores como componentes más caros, integración masiva de funciones de inteligencia artificial, mayores costes energéticos y nuevas exigencias regulatorias.
Un problema estructural
La reflexión de Pei es relevante porque procede de un fabricante que precisamente ha construido su imagen alrededor de ofrecer productos atractivos a precios contenidos. Si incluso compañías de este perfil consideran inevitables las subidas, el problema parece estructural.
La inteligencia artificial se ha convertido en el nuevo motor de la industria tecnológica. Los fabricantes compiten por incorporar asistentes inteligentes, procesamiento local de modelos generativos, funciones fotográficas avanzadas y herramientas de productividad basadas en IA. Todo ello requiere más memoria, procesadores más potentes y sistemas de almacenamiento más rápidos.
Es decir, la inteligencia artificial no solo encarece los centros de datos. También está elevando el coste de los dispositivos que llegan a los consumidores.
Mientras los teléfonos inteligentes han alcanzado niveles de rendimiento impensables hace apenas una década, muchas familias prolongan cada vez más los ciclos de renovación porque sustituir un dispositivo supone un desembolso considerable. Según distintas consultoras del sector, los usuarios mantienen sus móviles durante más tiempo que nunca y retrasan la compra de nuevos ordenadores o tabletas salvo que resulte imprescindible. Pero no hay que olvidar que el gasto tecnológico que se hizo en 2020 por la pandemia y el confinamiento va llegando a su fin tras seis años de uso, justo cuando los precios son más elevados.
Tecnología imprescindible
A esta situación se suma que la tecnología ya no es un gasto opcional. Un ordenador es imprescindible para millones de trabajadores. Una tableta se ha convertido en una herramienta habitual en muchos centros educativos. El teléfono móvil es el principal punto de acceso a la banca, la administración pública, la sanidad o el comercio electrónico.
Por ello, la cuestión es hasta qué punto la tecnología corre el riesgo de convertirse en un factor más de desigualdad económica. Si los precios continúan creciendo a un ritmo superior al de los salarios, una parte de la población tendrá cada vez más dificultades para acceder a herramientas esenciales para participar plenamente en la sociedad digital.
Las advertencias de Apple y las previsiones de Carl Pei apuntan precisamente en esa dirección. La inteligencia artificial promete transformar el mundo, pero también podría provocar un efecto secundario complicado como es hacer que el acceso a la tecnología cotidiana sea cada vez más caro para millones de personas. Y esa factura no se paga en los centros de datos de Silicon Valley, más bien acaba llegando directamente a los hogares.