El ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública, Óscar López
Intervencionismo
Óscar López presume de que España es «número uno» en IA, pero los datos desmontan el relato del Gobierno
El ministro asegura que España lidera el mundo en regulación de inteligencia artificial, pero los indicadores internacionales dibujan otra realidad como la escasa inversión privada y una posición modesta entre las potencias que desarrollan esta tecnología
El ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública, Óscar López, ha vuelto a presentar a España como una referencia mundial en inteligencia artificial. «Somos el número uno en regulación del mundo», aseguró el lunes en TVE, donde enumeró el futuro proyecto de ley español de IA, el Reglamento Europeo, la Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial (AESIA), la Carta de Derechos Digitales o el Observatorio de Derechos Digitales.
El problema del relato del ministro aparece cuando se pasa de contar organismos, leyes y planes a medir tecnología, inversión, empresas y capacidad real para competir. España puede presumir de actividad regulatoria, pero eso no equivale a liderar la inteligencia artificial.
El AI Index de la Universidad de Stanford ofrece precisamente una pista sobre esa diferencia. España fue en 2024 el país con más menciones a la inteligencia artificial en procedimientos legislativos, con 314, y acumula 1.200 desde 2016. Sin embargo, cuando Stanford contabiliza leyes relacionadas con IA aprobadas entre 2016 y 2024, Estados Unidos suma 27, Portugal y Rusia 20 y España aparece después con 11. Ser el país que más habla de IA en sus debates parlamentarios no significa necesariamente ser el que más tecnología desarrolla.
Ser el país que más habla de IA no significa necesariamente ser el que más tecnología desarrolla
Los indicadores económicos son todavía más esclarecedores. El AI Index 2026 contabilizó en España únicamente 33 nuevas compañías de inteligencia artificial que lograron financiación durante 2025. El dato coloca al país en el puesto número 15 entre los territorios analizados. Estados Unidos registró 1.953; Reino Unido, 172; China, 161; Alemania, 92, y Francia, 84. Incluso Italia terminó el ejercicio por delante de España, con 38.
La distancia también se había observado anteriormente en inversión privada. En 2023 España captó unos 360 millones de dólares en inversión privada relacionada con IA, según Stanford. Estados Unidos recibió aquel año 67.220 millones; Alemania, 1.910 millones, y Francia, 1.690 millones. En el informe de 2026 España ni siquiera figura entre los 15 primeros países por inversión privada en IA durante 2025; Suecia, que cierra ese grupo, alcanzó 970 millones de dólares.
En la media europea
Tampoco la utilización de la inteligencia artificial por parte de las empresas permite hablar de una posición excepcional. Eurostat señala que el 20,3 % de las compañías españolas con diez o más trabajadores utilizó alguna tecnología de IA en 2025. La media comunitaria fue prácticamente idéntica: un 20 %. Dinamarca llegó al 42 %, Finlandia al 37,8 %, Suecia al 35 % y Bélgica al 34,5 %. España no está a la cola, pero tampoco lidera Europa.
La propia Comisión Europea rebaja el triunfalismo oficial. Su informe de la Década Digital de 2026 reconoce como fortalezas españolas la conectividad, las competencias digitales y los servicios públicos, pero advierte de que el país todavía no aprovecha plenamente esas ventajas en la adopción empresarial de tecnologías avanzadas y recuerda que la proporción de especialistas TIC continúa por debajo de la media europea.
El Gobierno sí ha multiplicado el gasto público. Su Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial supera los 1.500 millones de euros, ha autorizado 719 millones para intentar desarrollar una gigafactoría de IA, otros 107 millones para entrar en Multiverse Computing y recientemente anunció 180 millones para 372 proyectos empresariales. Son apuestas importantes, aunque varias de ellas todavía deben demostrar su impacto industrial.
Algo parecido ocurre con ALIA, el proyecto público de modelos de lenguaje presentado por el Ejecutivo como una pieza de «soberanía digital». Su existencia permite disponer de modelos abiertos desarrollados con recursos públicos, pero España sigue sin contar con una compañía comparable en dimensión, financiación o influencia mundial con OpenAI, Anthropic, Google DeepMind o la francesa Mistral.
Regular una tecnología y desarrollarla son dos carreras distintas
López tiene, por tanto, argumentos para presumir de regulación y de inversión pública. Mucho más difícil resulta convertir esos datos en la afirmación de que España ocupa una posición de liderazgo mundial en inteligencia artificial.
La diferencia es importante. Regular una tecnología y desarrollarla son dos carreras distintas. España ha decidido correr especialmente rápido en la primera. Los datos internacionales muestran que, en la segunda, todavía tiene bastante terreno por recorrer.