Copa de vino en un viñedo
El plan del vino español para reforzarse en mitad de una crisis histórica del consumo mundial
El asentamiento en nuevos mercados y la adaptación a las preferencias del consumidor emergen como dos pilares fundamentales
«El consumo mundial de vino en 2024 se estima en 224 millones de hectolitros, registrando una disminución del 3,3 % en comparación con 2023. De confirmarse esta estimación, supondría el volumen más bajo registrado desde 1961».
Esta es una de las conclusiones más llamativas que deja el informe de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) con las estadísticas de producción, consumo y comercio de todos los países productores y consumidores de vino (más de 180) para retratar el estado del sector 2024.
El documento hace referencia a una combinación de factores económicos y geopolíticos que generan inflación e incertidumbre y que sacuden los flujos comerciales que dan lugar al consumo de vino; sin embargo, esta tendencia no se ha trasladado a España, cuyo consumo ha aumentado ligeramente en el último año.
«Hay que relativizar los datos. No tiene nada que ver cómo se consumía el vino en 1961 a cómo se hace ahora. Hasta hace relativamente poco, sobre 2010, los convenios colectivos vinícolas de La Rioja incluían el derecho de los trabajadores a beber una botella de vino en el almuerzo, a media mañana, y en la comida. Imagínese en 1961», señala en conversación con El Debate José Luis Benítez, director general de la Federación Española del Vino (FEV).
El dirigente de la FEV destaca los cambios en el patrón de consumo que dan lugar a los datos recogidos por la OIV e identifica la oportunidad que puede suponer este escenario para el vino español. «La incertidumbre geopolítica afecta a los flujos comerciales y al consumo, por lo que debemos empezar a hablar más de aumentar el valor y no tanto el volumen. Cada vez estoy más convencido que el futuro del vino mundial en general y del español en particular, pasa sin duda pasa por eso: especialización absoluta y defensa del valor del producto diferencial», asevera.
El plan para reforzar el vino español en un contexto de crisis mundial de consumo ensalza la calidad por encima de la cantidad: «Hay que crecer en valor. La cosa va de beber mejor y darle valor al vino, no de beber más. Que el vino se entienda como un producto de disfrute y no de atiborrarse es clave», sentencia Benítez.
Los datos ofrecidos por la OIV indican que el 46 % del vino se consume en un país diferente al de su producción, algo trascendental para Benítez: «Lo que más nos preocupa en la actualidad son los aranceles que pretende imponer Donald Trump, ya que un 20 % es muy perjudicial, pero el 200 % con el que comenzó la amenaza era letal. Ante estos retos hay que pensar en ganar importancia en otros destinos, como puede ser Mercosur, donde está Brasil —que ahora impone un arancel del 30 %— como gran cliente potencial. Hay que tener oportunidades, desarrollarlas y aprovecharlas».
El asentamiento en nuevos mercados y la adaptación a las preferencias del consumidor emergen como dos de los pilares fundamentales para el reforzamiento del vino español en un panorama mundial de bajón en el consumo. «Hay que abrir la mente y ser rápido facilitando, porque el vino es un sector muy regulado y necesitamos agilidad para que ser más flexibles», exige Benítez, que reivindica la limitación de plantar nuevos viñedos: «Somos el único cultivo que puede controlar así la relación entre oferta y demanda. Hay que aprovecharlo y dar mérito a nuestras producciones».