Cristina Clemares
Recuerdos de mi niñezCristina Clemares

Una tanda más y remato la faena

Aquellos años benditos en los que crecíamos al son de mugidos y bramidos del animal más majestuoso que pisa la dehesa: el toro bravo

Toreando en brazos de mi padre

Toreando en brazos de mi padreFrancisco Cano

Voces pidiendo prohibir a los niños ir a los toros y a la caza. Voces ignorantes.

¡Vamos allá! El final está cerca.

Desahijados, herraderos, tientas y embarques son las faenas que arropan nuestra niñez. Embestidas, arranques y cornadas son la emoción y el miedo cabalgando bajo el sol. Alegría y drama corren en paralelo. Bravura y casta nuestro ADN. Esa fue, y es, nuestra vida. La que tendió la mano a la libertad y a la felicidad.

Tantos son los recuerdos que brotan de aquel tiempo lejano; tantos los sucesos entre el ganado de casta, ya fuesen a campo abierto o tras la barrera de la plaza; tantos los capotazos y muletazos saboreados a eralas o cuatreños con el hierro de casa… Tantas y tantas vivencias que ardua es la tarea de sintetizar, en un puñado de líneas, aquellos años benditos en los que crecíamos al son de mugidos y bramidos del animal más majestuoso que pisa la dehesa: el toro bravo.

La hemos ido a visitar más veces que el mayor de los veedores de la figura del toreo del momento, que por iniciativa propia u obediente a un «mandao», va, mira y remira la corrida con la que su matador va a enfrentarse en San Isidro. La nuestra no tiene pitones astifinos, ni está cuajada, pero para la que aquí escribe tiene más trapío que todos los toros juntos que van a saltar al ruedo esa temporada. Dos son las becerritas mamonas que me quitan el sueño; dos las elegidas para celebrar a la patrona del Villar de los Álamos, Nuestra Señora de las Nieves; dos los astados, con bellotas por cuernos, que saltaran al corral de casa para que un puñado niños nos atemos los machos.

Así, abriendo toriles, es como festejamos los hermanos los cumpleaños, santos y demás saraos. Con trastos gastados por su uso, con sangre seca sobre la tela, mordiendo las esclavinas, aguardan Javier y María, ellos son los toreros, los del valor y arte. Elisa y yo las ganaderas, las que prefieren la barrera y la libreta de hule.

En los toros, en Salamanca, junto a mi abuelo, mi padre y mi hermano

En los toros, en Salamanca, junto a mi abuelo, mi padre y mi hermanoCedida

Atrás dejé el pisar la arena, lejos quedó esa muestra de valentía cuando en brazos de mi padre salía a torear con tan solo dos o tres primaveras. Mi mano abrazando su cuello, la suya acunando mi cuerpo. Más segura que en un burladero, enrollada a su cintura, vencía el pavor que me daba el ver venir a la vaca ante el cite con los engaños...

Volviendo al festejo que nos incumbe... Anecdótico ha sido lo acontecido. Mi padre para la fiera, fija su embestida y cuando se retira, dejando a los infantes con la becerra, ésta que le hace hilo y se introduce con él en la cocina a donde se encaminaba a por una cerveza fría. Una vuelta a la mesa, office atravesado y vuelta al aire libre ante las miradas de asombro de los allí convocados.

Nos encanta. Nos vuelve locos. El corazón en un puño y la grandeza en otro. Hoy se embarca una corrida de toros. Seis buriles, imagen de belleza, viajaran a tierras del norte. Encaste Santa Coloma recorre sus venas; sangre que escupe bravura y fijeza. Queremos presenciar su encierro en los corrales, contemplar su estampa al pasar por los chiqueros. Conocemos las reglas: ni voces, ni movimientos bruscos. Hacer lo que no se debe puede llevar al traste encerrar la corrida, si esos ojos grandes y saltones perciben presencia humana, dan una larga cambiada a las cabestras que los envuelven y la negativa a ser doblegados se refleja en embistes y emplazamientos.

Cientos de toros vistos al lado de mi abuelo Javier.

Cientos de toros vistos al lado de mi abuelo Javier.Cedida

Hoy la desgracia ha venido de manos de un ignorante atrevido

Peor es abrir una puerta de cara a un morlaco. Cualquiera que entienda un poco sabe que es pecado, de los mortales, semejante torpeza. Hoy la desgracia ha venido de manos de un ignorante atrevido, que osado él, ha cogido el mango de la puerta para deslizarla cuando el toro estaba fijo en ella. Arrancarse, reventar la chapa y partirse los pitones ha ido a la par. La bronca que se ha llevado ha sido de categoría por muy apoderado que sea de un primer espada. Los niños hemos contemplado la escena de disgusto que se ha llevado nuestro abuelo… Ese cuatreño ya no se subirá al camión, otro será su destino…

Su sino llega el invierno siguiente. Esta tarde fría de febrero se mata un toro a puerta cerrada. Sí, es aquel toro acapachado, que perdió parte de sus defensas ante una negligencia, el que pisará la plaza. Sí, aquel que debía haberse lidiado en Gijón, bajo la mirada de cientos de almas ocupando los tendidos, el que lo hará ahora bajo la mirada de unos pocos. Un par de meses más y se convertirá en cinqueño. Aun afeitado es un tío. Cuajo y seriedad le sobran. Ocupo mi burladero - en el que hay cuatro ladrillos para que la pequeña de la casa llegue a ver por la tronera-, a la espera de que la puerta del ciego se abra. Sale el animal rematando con furia en el burladero en el que me encuentro. La arena que arroja con sus pezuñas, vuela y cae sobre mi cabeza. Huelo su piel; sus resoplidos golpean mis oídos. El espíritu se sobrecoge ante semejante bravura. Tener a ese animal a escasos treinta centímetros de mi cuerpo es emocionante. Difícil de describir… Las suertes se suceden, el picador lo cita de verdad, con maestría: con la vara en alto y no con el palo montado. Choca contra el peto, aprieta los riñones, no cabecea. Se viene arriba con el puyazo mientras el rojo tiñe su piel. Lo que veo me conquista: arte, valor, bravura y muerte cabalgando juntos. El toro necesita al torero y el torero al toro, pero el rey es él, el toro. La suerte suprema llega, la espada se monta y sigo mirando por la tronera…

Y estos cuatro hermanos que fueron niños hace ya muchos años, siguen amando la Fiesta Nacional que llevan en su sangre.

Continuará… Falta la estocada.

  • Cristina Clemares Pérez-Tabernero es licenciada en Historia, máster de dirección de Centros Educativos y premio Jaime de Foxá

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