Caja de tomates

Tras diez meses de producción extrema, las plantas de tomate dejan de ser consideradas desperdicioEuropa Press

Agricultura

El sorprendente destino de las tomateras cuando termina la temporada en los invernaderos holandeses

La gestión posterior a la campaña permite transformar las tomateras en recursos útiles para el propio sistema productivo

El ciclo del tomate no termina necesariamente con la cosecha. En los invernaderos de Países Bajos, el final de la temporada productiva se convierte en el comienzo de un proceso de aprovechamiento integral de los restos vegetales, una práctica que se presenta como ejemplo de ingeniería circular aplicada al sector agrícola.

Tras diez meses de producción extrema, las plantas de tomate dejan de ser consideradas desperdicio. La gestión posterior a la campaña permite transformar las tomateras en recursos útiles para el propio sistema productivo. «Estas plantas no son desperdicio, son energía pura», se señala en el vídeo.

El proceso comienza en las propias hileras de cultivo. Allí, máquinas especializadas trituran las tomateras directamente dentro del invernadero, lo que permite convertir los restos vegetales en biomasa orgánica antes de su retirada.

Después, ese material se desplaza mediante sistemas internos de transporte hasta plantas de reciclaje certificadas. En esas instalaciones, los restos vegetales se emplean para producir biogás, energía renovable y compost de alta calidad. De este modo, la materia orgánica no queda fuera del circuito, sino que vuelve al sistema para alimentar el siguiente ciclo agrícola.

«Nada es aleatorio, cada resto orgánico vuelve al sistema para alimentar el siguiente ciclo», resumen en el vídeo, que presenta este modelo como una forma de reducir residuos y aprovechar al máximo los recursos disponibles.

Ingeniería circular

La práctica se enmarca en una visión de sostenibilidad total, en la que el residuo agrícola adquiere valor como materia prima. En lugar de finalizar con la retirada de las plantas, la campaña de producción da paso a una nueva etapa basada en el reciclaje y la generación de energía.

«Es tecnología holandesa aplicada a la sostenibilidad total», afirman. La idea central es que la gestión posterior a la cosecha también forma parte del rendimiento del invernadero. No se trata solo de producir tomates, sino de cerrar el ciclo con un sistema capaz de convertir los restos en nuevos recursos.

El modelo neerlandés descrito en la transcripción plantea así una forma de eficiencia agrícola en la que el final de la temporada no supone un descarte, sino una transformación. «Donde otros ven basura, aquí se fabrica eficiencia».

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