Isabel Muñoz Cobos

Otra vez las ovejas bomberas

Hemos decidido que podemos controlar la fuerza de la naturaleza, con nuestras enclenques medidas y no recurrir a metodologías que funcionaron durante siglos

Oveja en el pasto

Una oveja pasta en el campoEuropa Press

Nos sigue sorprendiendo que no se pueda controlar el fuego a golpe de clic y que sean devastadas miles de hectáreas de monte. Con todo lo que ello implica. Y, otro año más, escucho anonadada cómo se reclama más presupuesto para poder combatir los incendios, más maquinaria y más personal. Y seguimos sin mirar al campo con ojos de aprendiz y mentalidad abierta.

Los rumiantes, ovejas, cabras y vacas, tienen la capacidad de transformar en proteínas de alto valor nutritivo pastos que no pueden ser aprovechados por las personas. Esta capacidad se debe a que su sistema digestivo está diseñado para ello. Cuentan con el rumen, una especie de gran fermentador biológico, órgano donde miles de millones de bacterias, protozoos y hongos descomponen la celulosa y otros compuestos vegetales que los seres humanos no podemos digerir y los transforman en proteína animal de alta calidad, como carne y leche. Esto de entrada.

Pero es que, además de poder realizar esta transformación, pueden aprovechar la producción vegetal ubicada en entornos de difícil acceso para las personas, y, de forma colateral, desbrozar los montes.

Esto lo hacen todos los rumiantes, sirven para alimentarnos y mantener el campo, especialmente los pequeños rumiantes, las ovejas y las cabras. Especies que han gozado de un reconocimiento social desde hace cientos de años, recordemos el Honrado Concejo de la Mesta, creado hace más de 750 años. Pues todo este saber tradicional y evidencia empírica se nos quedan cortos a los 'listos' del siglo XXI.

Ahora prescindimos de las bomberas biológicas que curtieron su adaptación durante miles de años, porque preferimos hacerlo los humanos solitos. Pero lo peor es que no dejamos de quejarnos

Hemos decidido que podemos controlar la fuerza de la naturaleza, con nuestras enclenques medidas y no recurrir a metodologías que funcionaron durante siglos. Ahora prescindimos de las bomberas biológicas que curtieron su adaptación durante miles de años, porque preferimos hacerlo los humanos solitos. Pero lo peor es que no dejamos de quejarnos. Porque una raza autóctona no se hace en 15 años, tarda siglos en conseguir un equilibrio ecosistémico que la hace viable y útil, porque así es la naturaleza, nos quiere vivos y funcionales.

¿Qué tenemos y qué se encuentran cada día los ganaderos?

Tenemos rumiantes adaptados a la orografía española, capaces de aprovechar sierras y secarrales para alimentarse, criar y sobrevivir.

  • Una PAC que se ciñe a las indicaciones del SIGPAC y que determina qué superficies tienen poca o ninguna capacidad pastable y que influye sobre la subvención a percibir por su coeficiente de suvbencionalidad, aunque sea mentira, aunque sí esté alimentando ovejas. Y que consigue dejar fuera de las ayudas a territorios que sí son aprovechados por rumiantes y que generan producción y empleo, pero que desde Bruselas, han considerado que no merecen su atención, ni su apoyo.
  • Tenemos una sociedad urbana desinformada, que se deja arrastrar por los sesgos de encuadre y que mira y escucha lo que le dicen que mire y escuche, y además se lo cree. Y que ha demonizado a los ganaderos, con un discurso vacío e inconsistente, además de ignorante.
  • Y tenemos la escasa rentabilidad que tiene la producción extensiva de pequeños rumiantes. De la que todos somos un pelín responsables. Porque se nos llena la boca de hablar de consumo local y productos de proximidad, pero no veo por ningún lado campañas publicitarias que inviten a consumir cordero o cabrito local, indicando las múltiples ventajas ecosistémicas que tienen. Ni tampoco veo al público consumidor preguntando por esos alimentos.

Qué nos dan las ovejas y las cabras

  • Nos dan una cosa que se llama eficacia de conversión, y que no es más que la capacidad de transformar pastos inservibles para alimentar humanos en proteína de alta calidad, casi sin utilizar recursos alimentarios por los que compiten con los humanos. Y después crearán granjas de grillos, y todos iremos felices a comprar nuestra cajita de grillos, porque son más ecológicos, ¿verdad?
  • Nos ayudan a conservar el paisaje, los montes, la biodiversidad. Desbrozan y limpian toda la masa vegetal que en nuestros cálidos veranos se convierte en yesca. Además de devolver nutrientes al medio, de cerrar ciclos de nutrientes.
  • Y ayudan a secuestrar carbono, porque diseminan semillas, mantienen viva la tierra, y estimulan a las plantas para que crezcan más. Además de todos los servicios ecosistémicos que nos ofrecen.
  • Y por supuesto, además de ser las desbrozadoras ergonómicas más adaptadas del mercado para montes con riesgo de incendio.

Pero se ve que todas estas características no son suficientes. Y seguimos mirando los montes arder, con las manos en jarra, asombrados y preocupados, porque no sabemos qué más hacer. Rodeados de todo el «innovacionismo» posible y desprestigiando técnicas tradicionales, utilizadas en ganadería desde tiempos inmemorables, porque este crecimiento vegetal no es para nada novedoso.

  • Isabel Muñoz Cobos es propagandista del Centro de la ACDP en Málaga

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