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Imagen de archivo de un investigador analizando una muestraFreepik

Ciencia

La súplica de la comunidad científica ante los aranceles de Trump: «Podría ser la gota que colme el vaso»

Las medidas aprobadas por la Administración Trump amenazan con una subida de precios prácticamente inasumible para la gran mayoría de entidades investigadoras

«Hoy ya estamos cotizando un 20 % más que ayer». Esta frase es la que mejor definiría la situación que vive actualmente Estados Unidos y, más concretamente, en el sector investigador y científico del país.

Drew Kevorkian, director ejecutivo de ARES Scientific –empresa que suministra equipos de investigación a laboratorios científicos– ha sido la voz más rotunda sobre la situación que viven actualmente la gran mayoría de laboratorios en territorio estadounidense. Y es que las medidas aprobadas recientemente por la Administración Trump ya amenazan a las principales entidades científicas, que tendrán que hacer un esfuerzo sobrehumano para sobreponerse.

«Creo que casi todo el mundo va a ver algún tipo de aumento de precio», relataba Kevorkian en declaraciones recogidas por Nature. A pesar de las consecuencias que tendrá para el resto del planeta, el gigante americano será uno de los principales damnificados, ya que actualmente es el mayor importador –por delante de China– y exportador –superando ampliamente al segundo, que es Alemania– de agentes de laboratorio y diagnóstico.

De hecho, Estados Unidos percibió más de diez billones de dólares en 2023 –último año del que hay registros– con sus exportaciones a laboratorios científicos e invirtió 6,35 billones en compra de material científico, siendo un protagonista fundamental en la compra-venta en este sector.

«Estos no son artículos de lujo, son la infraestructura fundamental de la ciencia moderna», afirmaba a Nature Tinglong Dai, investigador de cadenas de suministro globales y atención médica en la Universidad Johns Hopkins en Baltimore, Maryland.

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Al final de cuentas, a pesar de su gran volumen exportador, la realidad es que Estados Unidos dependerá de una gran cantidad de países en esta guerra arancelaria. Por ejemplo, China suministra al país norteamericano toda clase de materiales, desde tubos de vidrio hasta equipo electrónico avanzado.

Por su parte, países vecinos como México y Canadá suministran material plástico y secuenciadores de ADN, por lo que las últimas medidas de Trump amenazan con imposibilitar la investigación científica.

«No se trata solo de apretarse el cinturón. Podría ser la gota que colme el vaso y corre el riesgo de causar daños duraderos», detalla Dai. Asimismo, las posibles consecuencias por los aranceles del actual gobierno se podrían unir a los recortes aprobados en las últimas semanas por la Administración Trump. Ya a inicios de marzo el Ejecutivo estadounidense puso en marcha distintos recortes sobre los Institutos Nacionales de Salud (NIH por sus siglas en inglés).

«Estos cambios han creado una gran incertidumbre entre la comunidad científica a nivel global», afirma Adrian Wanner, neurobiólogo del Instituto Paul Scherrer de Suiza, quien es una de las cerca de 100 personas investigadoras que participan en un proyecto –financiado por los NIH– para construir un mapa detallado del cerebro de un ratón.

Europa, pescando en río revuelto

Esta situación no solo afecta a los centros de investigación estadounidenses, sino a todos los científicos que decidieron buscar nuevos retos allí. Ante esta situación, Europa ha comenzado a movilizarse, con el objetivo de captar talento estadounidense y generar la vuelta de los científicos 'huidos'.

Por ejemplo, ocho economistas alemanes pidieron hace unos días al Gobierno de su país que lance un programa para atraer talento de EE.UU. En una carta abierta publicada en Der Spiegel, opinan que pese al riesgo que esto entraña para la innovación y el bienestar a nivel mundial, también comporta una «oportunidad para Alemania y Europa», pero para ello hay que crear «planes generosos y precisos».

En Francia está previsto que el Ejecutivo anuncie un plan –en coordinación con universidades y centros de investigación– para atraer a los científicos que decidieron irse de Estados Unidos.

Por su parte, el Gobierno español buscará aprovechar la coyuntura en Estados Unidos con el programa de ayudas ATRAE más ambicioso hasta la fecha, con el objetivo de traer de vuelta a los miles de investigadores que se marcharon en estos últimos años.

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