Imagen de archivo de un perro de rescate
Ciencia
El sentido de los animales para detectar desastres naturales antes de que ocurran, un enigma para los científicos
A pesar de los estudios publicados en los últimos años, aún no hay una evidencia clara que demuestre la relación entre los comportamientos de los animales y posteriores catástrofes
alo largo de nuestra historia, la comunidad científica ha intentado responder a una pregunta de si los animales pueden predecir desastres naturales. En distintos lugares del planeta, son muchas las historias de animales que habrían presagiado terremotos, tsunamis o erupciones volcánicas antes de que tuvieran lugar.
Desde perros que ladran sin cesar hasta aves que abandonan sus nidos en masa, muchas personas aseguran haber visto comportamientos extraños en varios animales momentos previos de una catástrofe. La gran incógnita que surge analizando los distintos casos es si hay realmente hay un motivo científico que explique estos comportamientos o si, por el contrario, se trata de una simple casualidad.
Tenemos que retroceder a la Antigua Grecia, civilización que ya registró casos de animales huyendo justo antes de un sismo. Se documentó que animales como ratas, comadrejas, serpientes o ciempiés mostraban un extraño comportamiento días antes de un terremoto. Asimismo, también se registraron casos de perros que escapaban de sus hogares en los momentos previos al fatal desenlace.
Sin embargo, la ciencia moderna ha intentado ir con cautela ante esta hipotética relación. Todo ello a pesar de que actualmente hay países en los que esta creencia va más allá. Por ejemplo, en Japón se tiene la certeza de que un pez gato es el dios de los terremotos.
sapos
Sin embargo, la investigación científica no deja lugar a la duda: a pesar de los distintos estudios, no hay una relación clara definitiva. Desde el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) han destacado que aunque hay informes de comportamiento inusual por parte de varios animales antes de un terremoto, a día de hoy no hay una evidencia clara. Este teoría ya fue analizada en el año 2011. En aquel entonces, una investigación publicada en BioScience, estudió el caso del terremoto de L'Aquila (Italia), en el año 2009.
Los científicos analizaron una colonia de sapos y observaron que abandonaron su hábitat cinco días antes del seísmo. En aquel caso, los autores sugirieron que los sapos habrían percibido cambios en la química del agua subterránea asociados a la presión tectónica. No obstante, reconocieron que se trataba de hipótesis difíciles de comprobar y que requerían una mayor evidencia.
«El cambio fue muy dramático. De 96 sapos no quedó prácticamente ninguno en un período de tres días», dijo Rachel Grant, bióloga que se encontraba estudiando la colonia se sapos italianos, a la BBC.
Años después se puso en marcha un proyecto de cooperación internacional con el objetivo de arrojar un poco más de luz. Investigadores del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal (Radolfzell, en el campus universitario y en la Bücklestraße de Constanza, en el sur de Alemania) y del Centro para el Estudio Avanzado del Comportamiento Colectivo (Stanford, EE.UU.) colocaron acelerómetros en los collares de varias vacas, ovejas y perros para así medir su reacción o previsión.
La investigación, publicada en Science Daily, reveló comportamiento inusuales hasta 20 horas antes de un terremoto. Para ello, los científicos se situaron en una granja italiana situada en una zona sísmica, lugar que sufrió la friolera de 18.000 terremotos de distintas magnitudes a lo largo de varios meses.
«Cuanto más cerca estaban los animales del epicentro del temblor inminente, antes cambiaban su comportamiento. Esto es exactamente lo que cabría esperar cuando los cambios físicos ocurren con mayor frecuencia en el epicentro del terremoto inminente y se debilitan con la distancia», explica Martin Wikelski, director del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal.
Sin una evidencia científica clara
A pesar de los distintos estudios, aún no hay una evidencia científica definitiva que demuestre la relación entre los comportamientos de los animales y las posteriores catástrofes. Las variaciones son muchas dependiendo del tipo de animal. Asimismo, estas reacciones también podrían ser consecuencia de otros factores como el clima, el ruido o la presencia humana.