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Vista de una playa con el océano verde

Vista de una playa con el océano verdeGetty Images/Valentinrussanov

Ciencia

Los océanos de la Tierra no siempre fueron azules y podrían volver a cambiar en el futuro

Según señalan los científicos, el pasado verdoso y el presente azulado de nuestros océanos podrían ser consecuencia de un proceso constante

Aproximadamente el 70 % de la superficie de la Tierra está cubierta por agua. Este porcentaje incluye tanto agua salada como agua dulce, aunque la gran mayoría (alrededor del 97 %) es agua salada de los océanos. Históricamente, el color de nuestros océanos siempre ha sido el mismo: azul.

Esto se debe principalmente a la forma en que el agua interactúa con la luz solar. La luz blanca del sol, que contiene todos los colores del espectro visible, incide sobre la superficie del agua. El agua absorbe las longitudes de onda más largas (rojos, naranjas y amarillos) y refleja las longitudes de onda más cortas (azules y verdes). Como resultado, vemos principalmente el color azul reflejado. Sin embargo, el característico color azul de los océanos podría no haber sido siempre así.

Esta es una de las conclusiones de un nuevo estudio publicado en Nature. La investigación, realizada por científicos japoneses, destacan que en el pasado estas aguas tenían un peculiar color verde como consecuencia de una composición química diferente y a una forma temprana de fotosíntesis. En concreto, esta tonalidad verdosa de nuestros océanos tuvo lugar durante las eras Arcaica y Paleoproterozoica, hace unos 3.800 a 1.800 millones de años.

Ilustración de un océano de color verdoso

Ilustración de un océano de color verdosoFreepik

«Las cianobacterias, como organismos fotosintéticos oxigenados pioneros, se extendieron por el planeta mediante la fotólisis del agua para generar oxígeno molecular utilizando la radiación solar. Esta evolución biológica causó un evento de oxigenación crucial llamado el gran evento de oxidación (GOE) hace unos 2.400 millones de años», destacan los investigadores.

En este periodo de tiempo, los océanos eran el hogar de organismos unicelulares, mientras que la tierra era estéril y rocosa. En este contexto cobra especial importancia el hierro, que disuelto en el agua –proveniente de rocas y volcanes submarinos– daba un mayor color verdoso al agua al absorber la luz azul. Sin ir más lejos, las aguas que rodean la isla volcánica de Iwo Jima, en Japón, se caracteriza por tener un tono verde debido al hierro oxidado.

Isla volcánica de Iwo Jima, en Japón

Isla volcánica de Iwo Jima, en JapónWikipedia

Por tanto, tal como detalla el estudio, las cianobacterias de esa era evolucionaron para prosperar en aguas ricas en hierro, utilizando clorofila y ficobilina, que es altamente eficiente captando la luz verde.

¿Futuro púrpura en nuestros océanos?

Según señalan los científicos, el pasado verdoso y el presente azulado de nuestros océanos podrían ser consecuencia de un proceso constante. En concreto, el estudio demuestra que el color de nuestros océanos depende de su composición química. Por ejemplo, en el caso de que el nivel de azufre en la Tierra fuera extremadamente alto, los océanos podrían adquirir una tonalidad púrpura, una teoría que ya fue estudiada en el pasado.

Recreación de la Tierra morada

Recreación de la Tierra moradaBaperookamo / Wikipedia

Conocida como la «hipótesis de la Tierra Púrpura», esta teoría establece que la Tierra podría haber sido violeta en sus etapas iniciales. Dicha hipótesis sostiene que los primeros microorganismos que poblaron el planeta utilizaban una molécula de pigmento morado llamada 'retinal' en sustitución de la clorofila. A diferencia de la clorofila, esta molécula absorbe la luz verde y refleja tonos púrpuras o rosados. Por estos motivos, dichos organismos fotosintéticos tendrían un color morado en lugar de verdes.

Uno de los estudios que más incide en esta «hipótesis purpura» fue publicado en el International Journal of Astrobiology, destacando que la retinal pudo haber sido el primer pigmento biológico que se utilizó para la captación de energía solar. Esto conllevaría que nuestro planeta podría haber estado dominada por microorganismos de color púrpura, provocando un cambio significativo en la apariencia de la Tierra cuando se observaba desde el espacio.

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