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Región central del Cúmulo Bala, que está formado por dos cúmulos de galaxias masivos

Región central del Cúmulo Bala, que está formado por dos cúmulos de galaxias masivosEuropa Press

¿Y si la materia oscura ya brillara? La teoría que desafía medio siglo de incertidumbre

Un nuevo estudio propone que ciertas estrellas poco masivas podrían ser alimentadas por materia oscura, ofreciendo una pista clave para desvelar uno de los mayores enigmas del cosmos

Durante décadas, la materia oscura ha sido uno de los grandes enigmas del universo. Invisible, intangible, y sin embargo, responsable de mantener unidas galaxias enteras, esta sustancia esquiva representa, según los astrónomos, alrededor del 25 % del contenido del universo. Ahora, un nuevo estudio de la Universidad de Hawái, publicado en JCAP (Journal of Cosmology and Astroparticle Physics), propone una pista sorprendente: las llamadas enanas oscuras podrían ayudarnos a entender qué es realmente la materia oscura.

No se trata de objetos oscuros en sí –de hecho, emiten luz–, sino de una clase especial de estrellas cuya existencia estaría directamente ligada a un tipo muy particular de materia oscura. «Sabemos cómo se comporta la materia oscura, pero aún no sabemos qué es», explica Jeremy Sakstein, físico teórico y uno de los autores del estudio. «Nuestro trabajo propone que ciertas estrellas poco masivas podrían acumular esta materia, interactuar con ella y, en el proceso, revelar su verdadera naturaleza».

Las estrellas como nuestro Sol brillan gracias a reacciones de fusión nuclear en sus núcleos. Pero cuando la masa de una estrella no alcanza un umbral mínimo –alrededor del 8 % de la masa solar–, no se produce esta fusión. Estos objetos, conocidos como enanas marrones, apenas emiten luz y calor, alimentados solo por la contracción gravitacional.

Sin embargo, el estudio sugiere que, si estas enanas marrones se encuentran en regiones ricas en materia oscura, como el centro de la Vía Láctea, pueden transformarse en algo distinto. Al acumular partículas de materia oscura en su interior, estas podrían comenzar a interactuar entre sí y aniquilarse, liberando energía. Esa energía adicional podría calentar la estrella y hacerla brillar más de lo esperado. Así nace el concepto de enana oscura.

«Si vemos una estrella de baja masa que brilla más de lo que debería, eso podría ser una señal», apunta Sakstein. Pero hay una condición: esta transformación solo sería posible si la materia oscura está compuesta por partículas pesadas y autorreactivas, como las WIMPs (partículas masivas de interacción débil), uno de los candidatos más populares en la física moderna.

¿Cómo identificarlas?

Uno de los mayores desafíos es distinguir una enana oscura de una enana marrón normal. Para ello, el equipo propone un marcador químico: el litio-7. Este isótopo se destruye rápidamente en las estrellas convencionales, pero podría sobrevivir en una enana oscura, que no depende de la fusión nuclear. «Si detectamos una estrella con litio-7 y con características que coinciden con una enana oscura, eso sería una señal reveladora», explica el físico.

Instrumentos como el Telescopio Espacial James Webb podrían ayudar a identificar estas estrellas ultrafrías. Otra estrategia sería analizar grandes poblaciones de enanas marrones y buscar anomalías estadísticas que revelen una subpoblación más brillante de lo esperado.

Un indicio poderoso, pero no definitivo

¿Y si encontramos una? ¿Confirmaría eso qué es la materia oscura? Sakstein es prudente: «No sería una prueba absoluta, pero sí una pista muy fuerte. Una enana oscura implicaría que la materia oscura es pesada y capaz de interactuar consigo misma, lo cual descarta muchas teorías basadas en partículas ligeras como los axiones».

Por todo ello, si la materia oscura sigue siendo un misterio, las enanas oscuras podrían convertirse en las linternas que nos ayuden a iluminar el camino. Y quizás, algún día, a descubrir de qué está hecho el 25 % invisible del universo.

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