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Ilustración del sistema Trappist-1

Ilustración del sistema Trappist-1NASA/JPL-Caltech/R. Hurt (IPAC)

Ciencia

Indicios de atmósfera en un planeta similar a la Tierra a 40 años luz

El equipo investigador empleó el espectrógrafo de infrarrojo cercano NIRSpec, uno de los instrumentos más potentes del James Webb, para observar el sistema durante el tránsito del planeta frente a su estrella

Nuevos datos obtenidos con el telescopio espacial James Webb (JWST) ofrecen indicios de que el planeta TRAPPIST-1 e, similar a la Tierra y ubicado en la zona habitable de su estrella, podría contar con una atmósfera. Este mundo se encuentra a unos 40 años luz de distancia y gira en torno a una estrella enana roja denominada TRAPPIST-1. Su localización y características físicas lo convierten en uno de los candidatos más prometedores para albergar condiciones aptas para la vida.

El equipo investigador empleó el espectrógrafo de infrarrojo cercano NIRSpec, uno de los instrumentos más potentes del JWST, para observar el sistema durante el tránsito del planeta frente a su estrella. Este procedimiento permite analizar cómo la luz estelar atraviesa una posible atmósfera, si la hay, y qué compuestos químicos absorben parte de esa luz, dejando huellas en el espectro captado por el telescopio.

Los primeros resultados, publicados en dos artículos en The Astrophysical Journal Letters, contemplan diversos escenarios, entre ellos la existencia de una atmósfera, según recoge el portal especializado Phys.org.

Ilustración del exoplaneta rocoso caliente TRAPPIST-1 b

Ilustración del exoplaneta rocoso caliente TRAPPIST-1 bNASA

La doctora Hannah Wakeford, profesora asociada en la Universidad de Bristol y miembro destacado del equipo de observación del JWST, fue una de las responsables de planificar la estrategia para obtener estos datos. «Lo que hemos encontrado con el JWST en estas primeras cuatro observaciones ayuda a refinar las mediciones anteriores del Hubble y revela que podría haber indicios de una atmósfera, pero aún no podemos descartar la posibilidad de que no haya nada que detectar», declaró.

Aunque aún no se puede confirmar la presencia de una atmósfera, los investigadores sostienen que el planeta probablemente ha perdido su envoltura original de hidrógeno. El doctor David Grant, coautor de los estudios, explicó que «los hallazgos también descartan la presencia de una atmósfera primigenia basada en hidrógeno. Esta es la envoltura gaseosa, compuesta principalmente de hidrógeno, que rodeaba a un planeta en sus primeras etapas de formación. Se cree que estas atmósferas son comunes tanto en planetas gigantes como en planetas terrestres en el sistema solar primitivo».

Wakeford añadió que la intensa actividad de la estrella TRAPPIST-1 podría haber eliminado esa atmósfera inicial: «Dado que TRAPPIST-1 es una estrella muy activa, con frecuentes erupciones, no sorprende que la radiación estelar haya destruido cualquier atmósfera de hidrógeno y helio que el planeta pudiera haber formado. Muchos planetas, incluida la Tierra, forman una atmósfera secundaria más densa tras perder su atmósfera primaria. Es posible que el planeta e nunca haya podido hacerlo y no tenga una atmósfera secundaria, pero existe la misma probabilidad de que exista una».

La doctora Ana Glidden, del MIT, autora principal del segundo estudio, afirmó que «es improbable que la atmósfera del planeta e esté dominada por dióxido de carbono, como la densa atmósfera de Venus y la tenue atmósfera de Marte». Aun así, Wakeford subrayó que incluso un pequeño efecto invernadero podría permitir la presencia de agua líquida en la superficie, posiblemente en forma de océano global o en zonas localizadas bajo iluminación permanente, dado que el planeta está probablemente bloqueado por mareas.

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