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Científicos con trajes protectores inspeccionando la central nuclear de ChernóbilGetty Images / Bulgac

Ciencia

El hongo negro de Chernóbil capaz de «alimentarse» de la radiación y que sería clave para colonizar Marte

El intenso color oscuro del hongo C. sphaerospermum se debería a la melamina, la cual le permite aprovechar la radiación mediante un proceso similar al que realizan las plantas para la fotosíntesis

El accidente nuclear de la planta de Chernóbil de 1986 provocó una liberación de radiación que se extendió por gran parte de Europa. Aunque el evento principal tuvo lugar hace casi cuatro décadas, los efectos de la radiación y los esfuerzos de limpieza y contención, así como la construcción de la cúpula de seguridad, han continuado durante muchos años.

Tal como señalan las principales investigaciones, la intensa radiación que inundó la zona no desaparecerá del todo hasta dentro de miles de años. Sin embargo, uno de los aspectos resultantes de la intensa radiación podría ser clave de cara a la colonización de otros planetas como Marte.

Tenemos que retroceder a 1997. En mayo de aquel año, la microbióloga Nelli Zhdanova accedió a las ruinas de la central nuclear. Para su sorpresa, la experta descubrió que no se encontraba sola. En concreto, en el suelo y paredes del reactor número cuatro de Chernóbil encontraron al menos 37 especies de hongos en una de las zonas más contaminadas del planeta. El más llamativo, denominado Cladosporium sphaerospermum, conseguía destacar por su abundancia y resistencia en una de las zonas donde el resto de ejemplares no conseguiría sobrevivir, lo que generó incertidumbre en toda la comunidad científica.

Es aquí donde entra en juego un término acuñado en 2008: radiosíntesis. El intenso color oscuro de C. sphaerospermum se debería a la melamina, la cual permite al hongo aprovechar la radiación mediante un proceso similar al que realizan las plantas para la fotosíntesis. Al contrario que esta, la melamina absorbe la radiación, la cual se convierte en la forma de energía que permite al hongo crecer y expandirse.

Esto ha supuesto un auténtico seísmo dadas las grandes implicaciones que conlleva, ya que actualmente se está investigando cómo este hongo podría tener un uso potencial en disciplinas como la medicina o la biotecnología.

Cultivo del hongo Cladosporium sphaerospermum hallado en ChernóbilUniversidad de Adelaide (Australia)

Asimismo, un experimento llevado a cabo en la Estación Espacial Internacional (EEI) en 2020 reveló las inmensas propiedades de este hongo para bloquear parte de la radiación cósmica, lo que podría ser clave de cara a las distintas misiones espaciales o, incluso, una futura colonización planetaria.

Sin embargo, a pesar de las implicaciones que podría conllevar, la realidad es que a día de hoy los científicos no han podido demostrar la fórmula exacta que permite a este hongo sobrevivir en los lugares más hostiles de nuestro planeta y del propio espacio.

«Aún queda por demostrar la radiosíntesis real, y mucho menos la reducción de compuestos de carbono en formas con mayor contenido energético o la fijación de carbono inorgánico impulsada por radiación ionizante», detalló un estudio de la Universidad de Stanford.

¿Perros radiactivos?

Lo visto con Cladosporium sphaerospermum no es realmente novedoso en la zona en la que estuvo operativa la central nuclear. Sin ir más lejos un estudio publicado en Science Advances reveló como una población totalmente inesperada ha logrado sobrevivir a las extremas condiciones radiactivas.

Perros en la zona de ChernóbilEFE

En concreto, un equipo de investigadores de la Universidad de Carolina del Sur y el Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano analizó el ADN de 302 perros que viven en la zona. La investigación buscaba identificar posibles efectos genéticos relacionados con la radiación, y los resultados fueron realmente llamativos. El equipo encontró diferencias significativas en el ADN de los perros en comparación con los perros de otras regiones, lo que sugiere que las mutaciones podrían ser resultado de la exposición prolongada a la radiación.

Las mutaciones detectadas podrían ser vistas como una respuesta de adaptación rápida ante un estrés ambiental extremo, algo que podría tener implicaciones no solo para la biología de los perros, sino también para los seres humanos y otros animales que podrían verse expuestos a ambientes radiactivos en el futuro.