Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO)
Ciencia
La crisis del CNIO, al detalle: quién es quién en la trama que sacude al mayor centro oncológico de España
Fundado en marzo de 1998 y con la promesa de ser una de las grandes referencias mundiales en la lucha contra el cáncer. Hace justamente 28 años el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) era constituido por el Instituto de Salud Carlos III con Mariano Barbacid a la cabeza. El bioquímico madrileño, quien regresó de Estados Unidos tras recibir la invitación del entonces presidente del Gobierno José María Aznar, se puso por objetivo poner a España a la par de los principales centros internacionales de investigación oncológica.
En aquel momento, nuestro país era uno de los únicos de la Unión Europea que carecía de un centro nacional dedicado exclusivamente al cáncer, y la creación del CNIO se presentó como una respuesta a esa ausencia en la investigación oncológica. Sin embargo, el ánimo inicial de Barbacid por poner en marcha una estructura ágil y flexible para atraer talento y financiación ha dado paso casi tres décadas después a una institución que lleva 14 meses envuelta en una constante polémica.
Blasco y Arroyo, los primeros en caer
A finales de 2024 todo estallaba por los aires –tal como adelantó El Debate–, momento en el que varios investigadores comenzaron a cuestionar públicamente la gestión interna del centro, especialmente bajo la dirección de María Blasco, señalando presuntas irregularidades económicas, presiones, mala gestión y problemas en la contratación.
María Blasco y Juan Arroyo
A medida que iban conociéndose las distintas informaciones, la sombra de la corrupción iba acorralando al centro, motivo por el que el Patronato del CNIO no aprobó las cuentas para 2025, lo que intensificó las tensiones internas. Hay que tener en cuenta que la dirección del centro funciona bajo una estructura de Fundación del Sector Público Estatal, lo que significa que combina una gestión administrativa y económica con una dirección científica orientada a la investigación oncológica de alto nivel. Mientras que Blasco comandaba la dirección científica desde 2011 –año en el que sustituyó al ya mencionado Barbacid–, Juan Arroyo fue el encargado de dirigir la gestión administrativa de la institución desde 2002.
Uno de los principales focos de controversia vino derivado del programa CNIO Arte, impulsado por Blasco. Tal como señaló la denuncia presentada por el sindicato Manos Limpias, Blasco habría usado donativos de particulares destinados a la investigación oncológica para comprar obras de arte. Por este motivo, se pidió que fuera investigada por los delitos de malversación, estafa y apropiación indebida. Un mes después de aquella noticia publicada por El Debate, Blasco fue imputada.
La situación era insostenible, por lo que el Patronato del CNIO optó por destituir a ambos directores en enero de 2025. Esto no evitó que ambos siguieran vinculados a la institución. Mientras que Arroyo siguió realizando cuestiones administrativas como vicedirector de asuntos económicos, Blasco puso en marcha una campaña de resistencia que sigue manteniendo a día de hoy. Después de ser cesada, Blasco sigue como jefa del Grupo de Telómeros y Telomerasa, departamento que lideraba desde 2003 antes de ser directora.
Grupo de Telómeros y Telomerasa del CNIO, con María Blasco (dcha)
Con la dirección descabezada, la incertidumbre se convirtió en el día a día de los investigadores, que señalaban a El Debate las tristes consecuencias de la mala gestión del centro.
«Lo más triste, lo que más afecta, es la mala reputación que nace en el centro. Cualquier persona que no sepa los tejemanejes de aquí dentro piensa que esto es una cueva de ladrones, y eso es devastador para la reputación del centro y de la Agencia Española. Para mí, lo peor es la imagen que da al exterior: que parece que aquí estamos de juerga y gastando el dinero del contribuyente», señalaban distintos jefes de investigación a este periódico.
La Fiscalía Anticorrupción, protagonista
De esta manera llegamos hasta junio de 2025. En este momento, un exalto cargo del centro presentó una denuncia ante la Fiscalía Anticorrupción tras haber alertado previamente de irregularidades a responsables del Ministerio de Ciencia. En ese documento, el denunciante acusó a antiguos directivos del área económica del CNIO, entre ellos el exgerente Juan Arroyo, de haberse beneficiado de contratos públicos irregulares.
Según el denunciante, dichas prácticas podrían haber supuesto un desvío de entre 20 y 25 millones de euros de los presupuestos públicos destinados a la lucha contra el cáncer. De momento, a la espera de conocer más detalles, la investigación continúa siendo estudiada por la Fiscalía Anticorrupción.
La respuesta del Patronato fue clara. En noviembre de 2025, fulminaba al vicedirector de asuntos económicos –y antiguo gerente–, Juan Arroyo, la secretaria general, Laura Muñoz, y el adjunto a la gerencia, José Ignacio Fernández Vera.
El cese de estos tres altos cargos fue la gran revolución de las nuevas caras del CNIO: Raúl Rabadán, como nuevo director científico, y José Manuel Bernabé, como nuevo gerente. Ambos entraron en septiembre de 2025 con el objetivo de lavar la imagen de la institución. De hecho, Bernabé fue el gran protagonista del CNIO tras ser poner en marcha una investigación contra la presunta trama corrupta que estaba activa en la institución desde hace años.
A la izquierda, el gerente del CNIO José Manuel Bernabé, junto a la ministra de Ciencia, Diana Morant y el director científico, Raúl Rabadán, (centro) y otros cargos del centro
Sin embargo, la denuncia por acoso laboral plasmada por la cesada Laura Muñoz volvió a convertir el CNIO en un auténtico polvorín, provocando la renuncia de José Manuel Bernabé como gerente.
Ahora la piedra está sobre el tejado del Patronato del CNIO, que celebrará una nueva reunión a la mayor brevedad posible para analizar la situación actual y el futuro del centro. Todo mientras la Fiscalía Anticorrupción continúa investigando una trama profundamente implantada en los cimientos de la institución. Desgraciadamente, los grandes perjudicados vuelven a ser los investigadores, cansados de una dinámica que está prohibiéndoles hacer lo que mejor saben: ciencia.