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La Tierra en fase creciente poniéndose en el borde de la Luna

La Tierra en fase creciente poniéndose en el borde de la LunaNASA

Ciencia

La ESA lanza un mensaje claro: volver a la Luna será mucho más difícil de lo que parece

El polvo lunar, conocido como polvo de regolito, se perfila como uno de los desafíos «más graves»

El jefe de producción del Módulo de Servicio Europeo (ESM) de la nave Orion en la Agencia Espacial Europea (ESA), Guillermo González Gómez, ha calificado de «severos» los retos tecnológicos para que el ser humano tenga una presencia permanente en la Luna.

Así lo ha manifestado González Gómez en la conferencia El papel clave de Europa en el regreso a la Luna en la Fundación Ramón Areces, organizada con la ESA y el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat).

«Volvemos a la Luna, pero para hacer algo que es completamente distinto a lo anterior: la Humanidad regresa para aprender a vivir en otro astro, para quedarse», ha destacado.

El polvo lunar, conocido como polvo de regolito, se perfila como uno de los desafíos «más graves». «El regolito es una de las sustancias más abrasivas que se conocen, destruye todo lo que toca», ha advertido, subrayando su comportamiento electrostático y su tendencia a contaminar hábitats y equipos.

También ha hecho referencia a la necesaria movilidad de largo alcance, que requerirá el uso de 'rovers' presurizados y no presurizados con sistemas de navegación y comunicaciones autónomas ante la ausencia inicial de infraestructuras satelitales.

El experto de la ESA ha recordado que Artemis es el sexto gran programa de exploración espacial tripulada de Occidente, heredero de los programas Mercury, Gemini, Apolo, el transbordador espacial y la Estación Espacial Internacional.

Ha recordado la contribución europea en la Estación Espacial Internacional como el preludio de esta nueva etapa, haciendo referencia a aportaciones como el módulo Columbus, los nodos 2 y 3, la cúpula, cinco vuelos de la nave ATV y numerosos instrumentos y experimentos, además de «34 vuelos de astronautas europeos» y «seis astronautas europeos que han alcanzado el rango de comandante de la Estación Espacial Internacional».

A su juicio, en este regreso al satélite ha sido clave el descubrimiento de grandes cantidades de hielo en un gran cráter en el polo sur lunar. «El foco operativo de la base lunar del Programa Artemis estará en el polo sur. Se buscará una zona relativamente plana o de pendiente ligera, buena iluminación solar y visibilidad directa desde la Tierra, usando como referencia el cráter Shackleton», ha detallado.

En el plano institucional, González Gómez ha explicado que el programa Artemis se articula mediante acuerdos bilaterales entre países y los Estados Unidos, llamados los Acuerdos Artemis.

«No son acuerdos de todos los países con todos. Son acuerdos bilaterales entre cada uno de esos países y los Estados Unidos», ha precisado, destacando un marco inclusivo «abierto prácticamente a todo el mundo» en el que la cooperación de agencias, empresas e instituciones académicas se podrá llevar a cabo con contribuciones que pueden ir más allá del hardware clásico.

Sobre la competencia internacional, ha reconocido la «solidez y ambición» del programa chino y la posible coexistencia en paralelo de ambos proyectos en el satélite: «Es una nueva carrera espacial entre los Estados Unidos y China. Si en el polo sur de la Luna hay dos bases, una Occidental y otra China, no pasa absolutamente nada, podrían coexistir ambas».

Respecto a la aportación europea al proyecto, ha explicado que la NASA adoptó al principio del programa Artemis en 2012 una decisión inédita al confiar a un socio internacional el diseño y construcción de la mitad de la nave espacial Orión: Europa lideraría el módulo de servicio de la nave mientras que Estados Unidos se ocuparía de la cápsula. «La cápsula simplemente es donde viajan los astronautas, mientras que el módulo de servicio es la parte de la nave que le permite volar por el espacio», ha recordado.

«Así, el Módulo de Servicio Europeo o ESM, desarrollado por la ESA con su contratista principal Airbus Defence & Space en Bremen y un gran consorcio de empresas europeas, integra la propulsión principal y secundaria, generación eléctrica con paneles solares totalmente orientables, el sistema de transporte y provisión de consumibles como agua, oxígeno o nitrógeno. De especial interés para España es el sistema de control térmico, cuyo ordenador principal de control ha sido diseñado y construido en Tres cantos por la empresa Airbus-CRISA», ha subrayado.

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