La tripulación de Artemis II de la NASA
Ciencia
Encerrados durante años y sin escapatoria: el desafío que más preocupa de los viajes a Marte
Tal como detalla un estudio realizado en la Antártida, las personas que tenían contacto más frecuente con otros miembros del equipo eran más propensas a reportar conflictos, creciente desconfianza y menor rendimiento
«Regresamos como mejores amigos». Esto expuso el comandante de la misión Artemis II, Reid Wiseman, menos de una semana después de regresar de su histórico viaje de diez días alrededor de la Luna.
Durante una rueda de prensa en el Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston, la tripulación –compuesta además por Jeremy Hansen, Victor Glover y Christina Koch– expuso su buena relación durante un viaje que les unirá «para siempre».
«Es lo más cerca que pueden estar cuatro personas sin ser una familia», detalló Wiseman.
A pesar de estas declaraciones, la realidad es que las misiones espaciales exponen a las tripulaciones a meses de aislamiento, confinamiento y estrés extremo. Así lo revela un estudio internacional liderado por Jan Schmutz, profesor del Departamento de Psicología de la Universidad de Zúrich, y Andrea Cantisani, psiquiatra e investigadora asociada de la Universidad de Berna.
Base Concordia, en la Antártida
El equipo investigó cómo estas condiciones afectan la dinámica de equipo durante una misión de diez meses en la base Concordia, situada en la Antártida. Esta estación es uno de los lugares más aislados de la Tierra, donde las temperaturas invernales descienden hasta los -80 °C.
Debido a su extremo aislamiento, se considera uno de los mejores modelos reales para futuras misiones de larga duración a la Luna o Marte. En este último caso, recordemos que con la tecnología actual tardaríamos entre 400-450 días en ir y volver del planeta rojo, dependiendo del punto en el que se encuentren ambos planetas.
Estamos unidos para siempreComandante de la misión Artemis II de la NASA
Durante la misión de diez meses, doce miembros de la tripulación completaron cuestionarios en cuatro momentos distintos. Asimismo, llevaban sensores que registraban automáticamente cuándo y durante cuánto tiempo se encontraban cerca unos de otros. Esto permitió a los científicos observar cómo evolucionaron aspectos como la soledad, la desconfianza, los conflictos o la cohesión del equipo.
Tal como detalla el estudio, las personas que tenían contacto más frecuente con otros miembros del equipo eran más propensas a documentar conflictos, desconfianza y menor rendimiento. Los resultados sugieren que, en entornos muy confinados, no solo el aislamiento, sino también la proximidad constante, puede ser una fuente de estrés.
«En equipos pequeños bajo condiciones extremas, un mayor contacto no equivale automáticamente a apoyo social, sino que, de hecho, puede aumentar las tensiones», afirma Jan Schmutz.
La tripulación de Artemis II
Los datos de los sensores también revelaron que el equipo se dividió cada vez más en subgrupos a medida que avanzaba la misión. Los miembros de la tripulación tendían a buscar a personas que compartieran el mismo idioma o nacionalidad. Estos patrones pueden brindar apoyo y orientación en situaciones de estrés. Sin embargo, al mismo tiempo, pueden aumentar el riesgo de fragmentación social y debilitar la cohesión dentro de los equipos multiculturales.
El estudio ofrece una perspectiva para las futuras misiones espaciales de larga duración en las que tripulaciones reducidas deben convivir y trabajar juntas durante meses o años.
«Los resultados demuestran la importancia de identificar las dinámicas sociales desde el principio y brindar a los equipos un apoyo específico», afirma Schmutz.