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Chiquito de la Calzada, durante una actuaciónAntena 3

Aniversario

Nunca un Chiquito fue tan grande

Se cumplen cinco años del fallecimiento del humorista malagueño que triunfó a los 63

Un lustro sin el lustre de Chiquito. Hace cinco años que se fue el humorista malagueño, a la edad de 85 años. Su legado permanece. Lo reivindican los cómicos de hoy, los de ayer que aún andan por estos lares que él abandonó, y lo recuerdan en su Málaga natal hasta con una estatua, que compite en popularidad y en selfies con la del hijo más ilustre de la ciudad, que es Picasso. El pasado mayo, Google le dedicó un doodle el día que habría cumplido 90 años.

Fue en el verano de 1994 cuando este fistro pecador de la pradera entró en nuestras vidas. Su experiencia en la tele se limitaba a cuando, diez años antes, había aparecido como palmero en un episodio de la teleserie estadounidense Vacaciones en el mar. Pero aquel programa con el que Antena 3 pretendía amenizar las noches veraniegas (empezaba a las 21.30 horas) cambió su vida. Se llamaba Genio y figura. Y en el asistimos al advenimiento de Chiquito. Tenía 63 años. Estaba a dos de la que entonces era la edad de jubilación y, de repente, le llegó la gloria.

De un día para otro, se hizo inmensamente popular. Y es que, en cuanto a audiencias, eran otros tiempos. El año de la irrupción de Chiquito, Genio y figura llegó a superar los 4,5 millones de espectadores con un especial de media hora del malagueño (para ponernos en situación, hoy Pasapalabra es lo más visto de la tele con 2,8 millones).

¿Te das cuen? ¡Están haciendo una guarrerida española! Siete caballos que vienen de Bonanzaaaaa. ¡No puedoor! ¡Por la gloria de mi madre! Fistro. Pecador de la pradera. ¡Jaaaaarl! Todas estas expresiones se incorporaron al acervo popular, donde aún siguen, y podemos decir sin temor a equivocarnos que es, junto a José María García, quien más palabras aportó en las últimas décadas al lenguaje popular . La internacionalización de nuestro hombre llegó en 1997, cuando Moyá perdió con Sampras la final del Abierto de Australia y se despidió a lo Chiquito: «Hasta luego, Lucas». En las antípodas no entendían nada.

Pero, para curiosidad, la que sintieron los españoles cuando el sorprendente éxito de Genio y figura. ¿Quién era aquel tipo? Eso se preguntaba entonces toda España. Pues uno que se había ganado la vida, ora como flamenco ora como humorista, en garitos, reuniones, comidas de empresa y despedidas de soltero, siempre lejos de los focos de la popularidad. Si en aquellos tiempos llega haber, como hay hoy, una inmensa mayoría que anda con un aparato de vídeo en la mano, Chiquito habría saltado mucho antes a la popularidad, vía Tik Tok o vía YouTube. Un chiste grabado en una de esas comidas se habría hecho viral y asunto arreglado. Pero entonces, en los noventa y antes de los noventa, no era así. La tele te subía o te bajaba. Así que igual que Los Morancos de Triana entraron en nuestras vidas en un especial navideño, Chiquito de la Calzada lo hizo con un programa presentado por un mago, Pepe Carrol (por cierto, un talento que se marchó demasiado pronto). Y fue gracias a que el director del programa, Tomás Summers, le había echado un ojo unos años antes en una comida de empresa, cuando se preguntó quién era aquel hombre.

Quisimos saber todo de Chiquito. Y la verdad es que escondía historias estupendas. En su currículo destacaba una estancia de dos años en Japón por motivos laborales, lo que nos recuerda su memorable su descripción del país del sol naciente: «Es muy bonito, pero se mueve mucho, todos los terremotos del mundo están metidos allí».

Cómo lo contaba

Al igual que en el caso de otro ilustre andaluz, El Loco de la Colina, la clave muchas veces no estaba en lo que contaba sino en cómo lo contaba, cómo usaba su voz y su cuerpo. Este es el primer chiste que contó. «Dos borrachos nun bar. Y le dice uno muy serio a otro: 'Eres un fistro. Trabajas menos que el sastre de Tarzán. Cobarde'. Y dice este: 'Yo no te conozco a ti. Te voy a contar una cosa por la gloria de mi madre. ¿Tú crees en el más allá? Y dice el otro: no voy a creer, hijoputa, si yo vivo en Melilla'». Hoy lo habrían censurado, como aquel de «borrar el cerito».

A partir de Genio y figura, la locura. Más y más programas de la tele. Galas en toda España. El cine, con películas hechas a mayor gloria del humorista, de esas cuyo título son una declaración de intenciones: Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera (1996), Brácula: Condemor II (1997) o Papá Piquillo (1998).

Ya al final de su vida, delicado de salud, le llovieron los reconocimientos. Algunos llegaron después de su muerte, como la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes o la Medalla de Oro de su ciudad, Málaga, donde ahora tiene un parque, una estatua y –lo que más gracia le haría– un semáforo, donde las siluetas se mueven como él mientras suena la voz de Chiquito diciendo «noor», «eso no se hace, cobarde» y otros clásicos de su inmortal repertorio. Lógicamente, no se usa para regular el tráfico. Porque Chiquito te mataba, pero solo de la risa.