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Paul Giamatti protagoniza uno de los episodios de la séptima temporada de Black MirrorNetflix

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El mejor y el peor episodio de la nueva temporada de 'Black Mirror'

La séptima entrega de la serie regala algunos capítulos memorables, al tiempo que otros muestran señales de agotamiento

Creada por Charlie Brooker en 2011, Black Mirror supuso un cambio de paradigma, no tanto por sus capítulos individuales -no pertenecen a una trama más amplia- como por sus propuestas distópicas en relación con las pantallas negras a las que alude el título de la serie.

Así, desde aquel desagradable primer capítulo en que unos secuestradores pedían inopinado rescate para soltar a una princesa real, hemos temblado ante la posibilidad de una sociedad en la que todos estemos sometidos a escrutinio/puntuación constante en Caída en picado (3ª temporada), soñado ante la futura vida eterna (¿y virtual?) en San Junípero (también 3ª temporada), o pensado como increíble El momento Waldo (2ª temporada, 2013) que, quién lo iba a decir, anticipaba los actuales procesos electorales.

La recién estrenada séptima temporada de Black Mirror, como las inmediatamente anteriores, se caracteriza por su irregularidad. Algunos capítulos siguen consiguiendo crear la característica sensación de desazón dramática de la serie, mientras otros muestran el agotamiento de una fórmula que, al principio, no parecía serlo.

Por ejemplo, USS Callister: Into Infinity se presenta como la segunda parte del primer capítulo de la 4ª temporada, en el que un genio de la computación y fanático seguidor de una serie muy similar a Star Trek creaba un mundo paralelo con clones virtuales pero sintientes. Más allá de que el concepto es más fantástico que de ciencia ficción, lo improbable del argumento alejaba la entrega del espíritu de la serie. En esta vuelta a ese particular universo tan poco blackmirroriano, Brooker comete un pecado aún más imperdonable: va cambiando las reglas del juego a medida que avanza la trama, del mismo modo que hizo Marvel con Vengadores: Endgame o Star Wars con los infumables 8º y 9º episodios. Sin embargo, y a pesar de este atentado contra la coherencia interna exigible a cualquier producción audiovisual, el capítulo, bastante largo, es muy entretenido gracias a su impecable factura, espléndidos personajes y maravillosas interpretaciones.

Antes de analizar el mejor capítulo de la séptima temporada, hablemos del que ya veo en algunos rincones de la Red calificado como inimitable obra de arte: Hotel Reverie, para algunos críticos, es el mejor de toda la serie junto a San Junípero. Palabras mayores. Y no muy justificables. Con su acercamiento al cine clásico con aires de Casablanca, Hotel Reverie es más una mala recreación de la fantasía de La rosa púrpura del Cairo (1985), un intento de metanarrativa, que algo auténticamente relacionado con el universo de Black Mirror. Que en internet se hable tan bien de este capítulo quizás tenga que ver con la propuesta de un amor entre dos mujeres. Y es que lo woke al final se cuela por cualquier grieta.

Más interesantes en sus propuestas son otros tres capítulos. En Bête Noire se plantea cómo un personaje del pasado aparece en la vida de la protagonista, de la que no sabemos si esta cuerda o paranoica -aun sin sosias, esta trama bebe de la clásica historia del doble suplantador que tan bien supo plasmar Dostoievski-; el capítulo es angustioso, pero el final vuelve a ser demasiado excesivo, fantasioso.

Juguetes es un capítulo muy bien estructurado, con un guion ingenioso y hábil, en el que se mezcla el juego clásico de imagen pixelada con una propuesta pionera de la Inteligencia Artificial. Puro Black Mirror, aunque sin ese punto de genialidad que caracteriza a sus mejores capítulos.

Elegía se sitúa al borde de ese punto de excelencia. A partir de una tecnología que permite rescatar recuerdos mediante la inmersión en viejas fotos, la trama muestra una potente historia de amor que protagoniza el siempre espléndido Paul Giamatti. Aquí la fuerza reside más en el propio guion que en la propuesta de ciencia ficción.

A mi entender, el capítulo que sí cumple con todos los requisitos que hacen de Black Mirror una serie imprescindible es Personas comunes. La trama en sí es dura, sólida, sumamente emotiva. Y la propuesta tecnológica que se plantea es tan cercana como tenebrosa. No debo decir nada más para evitar spoilers. En cualquier caso, es uno de esos capítulos que te atrapa mientras va generando una intensa desazón (no sé si) catártica en el espectador. Como las perlas de esta serie británica.

En definitiva, Black Mirror vuelve a presentar algunas propuestas de un mundo cercano y terrorífico, con un par de capítulos soberbios. Esta serie tiene la ventaja de que no solo cuenta unas cuantas historias, sino que también presenta modelos de futuro tan cercanos como aterradores. Una nueva manera de presentar la ciencia ficción, aunque con evidentes muestras de que a Charlie Brooker se le van acabando las ideas.