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Tito Valverde, Clara Lago, Gonzalo de Castro, Raúl Fernández y Neus Sanz protagonizan Votemos, que se estrena en los cines este 12 de junio

Tito Valverde es uno de los protagonistas de Votemos, que se estrena en los cines este 12 de junioDeAPlaneta

Crítica de cine

'Votemos', la película española que demuestra que votar no es sinónimo de democracia

La nueva película de Santiago Requejo es una crítica contra los prejuicios de la sociedad contra las personas que padecen cualquier problema de salud mental

Un hecho real que le sucedió a una paciente de salud mental de la Fundación Hospitalaria de Sevilla inspira esta ácida comedia escrita y concebida por el director, Santiago Requejo. Primero tomó forma en un homónimo cortometraje nominado a los Goya y seleccionado para los Oscar en 2022, y posteriormente fue convertida en una obra de teatro de la mano de Javier Lorenzo y Raúl Barranco. La obra de teatro tuvo gran éxito internacional, y ahora ha sido llevada al cine con un reparto encabezado por Raúl Fernández de Pablo, al que acompañan, en un planteamiento absolutamente coral, Clara Lago, Tito Valverde, Gonzalo de Castro, Charo Reina, Christian Checa y Neus Sanz.

La trama se desarrolla en el piso de Alberto, en un edificio antiguo de Madrid, donde una comunidad de vecinos se reúne para votar el presupuesto del cambio de ascensor. La votación ha sido breve y unánime, y cuando todos se levantan para marcharse, Alberto les informa, de pasada, que por fin ha logrado alquilar el piso y que en una hora llega el nuevo inquilino para firmar los papeles. Ellos, con natural curiosidad, le preguntan por la identidad de su nuevo vecino, a lo que Alberto les responde que se trata de un compañero del trabajo, un buen hombre que ha entrado a trabajar en la empresa dentro de un programa de reinserción social. Esta última información enciende las alarmas de los vecinos que quieren saber si se trata de un exdelincuente, un exdrogadicto o alguien peligroso. Pero Alberto les tranquiliza: nada de eso, el hombre solo ha tenido algunos problemas… de salud mental. Para qué te quiero contar.

Ciertamente, Votemos supone una dura andanada contra los prejuicios que hay en la sociedad contra las personas que padecen cualquier problema de salud mental, prejuicios llenos de hipocresía ya que cada vez es más evidente que, quien más quien menos, todo el mundo tiene que cargar con sus propias taras psicológicas, a veces nada evidentes pero igual de reales que las que saltan a la vista. Pero esta crítica de Requejo se extiende a los prejuicios en general, y que a menudo tienen que ver con el miedo. La situación que se genera en la reunión de vecinos va desinhibiendo a los personajes que empiezan a dar rienda suelta a sus instintos, a la violencia y a la pérdida del sentido común y de la racionalidad.

Esto ha sido tratado en innumerables novelas, películas y obras de teatro, y muestra cómo, tras la sofisticación de la cultura, pervive a menudo el cainismo sin humanizar que con tanta plasticidad describió Hobbes: «el hombre es un lobo para el hombre». Sin embargo, no estamos ante una obra cínica. Requejo deja pistas de luz, por ejemplo, en los dos personajes más jóvenes, que se presentan más nobles, libres de prejuicios y honestos. Tienen menos miedo al encuentro con lo diferente precisamente porque también se viven como diferentes.

Como telón de fondo, Votemos pone sobre la mesa una importante reflexión sobre en qué consiste la democracia, dejando claro que el fácil y breve mecanismo de votar no es necesariamente expresión de una cultura democrática, la cual debe nacer del reconocimiento del otro como un bien, antes que como una amenaza.

La puesta en escena del filme tiene dos cimientos: el guion y la dirección de actores. El primero está escrito con inteligencia, y va generando suspense a la vez que armoniza humor y crítica en unos diálogos muy trabajados, consiguiendo construir personajes coherentes y con cierta complejidad. La dirección de actores es magnífica y da como resultado un abanico de registros dramáticos que funciona muy bien en comedia. El resultado es una cinta muy amena, en la que es imposible no posicionarnos personalmente o descubrirnos tristemente identificados con alguno de los personajes.

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