John Wayne recibió el Oscar de manos de Barbra Streisand
Cine
La broma de John Wayne al ganar el único Oscar de su carrera
Fue por Valor de ley, la quinta película que hacía para su amigo Henry Hathaway
En 1970, John Wayne había trabajado en más de 160 películas y en más de la mitad, como protagonista. Era uno de los actores más prolíficos y queridos de la industria y también uno de los más rentables, pues conoció pocas películas que no hicieran una buena taquilla y casi ningún fracaso.
Pero desde que debutó en el cine en 1927 y, sobre todo, desde que se convirtió en estrella en 1939 a raíz de su papel de Ringo Kid en La diligencia, sólo había sido nominado al Oscar en dos ocasiones: la primera en 1950 por Arenas sangrientas y, la segunda, en 1961 como productor de El Álamo, película que también dirigió y protagonizó.
Nunca fue un actor muy premiado. Ningún festival de cine reconoció nunca su talento y después de su muerte recibió la Medalla de Oro del Congreso y la Medalla Presidencial de la Libertad. Pero a finales de la década de los 60, además de la Estrella del Paseo de la Fama en Hollywood Boulevard y varios premios menores, había recibido sólo dos premios especiales de los Globos de Oro, el Henrietta en 1953 como el «actor favorito» del año y el Cecil B. DeMille en 1966. Y por supuesto, el premio más codiciado de la industria se le seguía resistiendo.
Por eso, en la gala de los Oscar de 1970, Wayne no partía como favorito. Se batía el cobre con Peter O’Toole por Adiós, Mr. Chips, con Richard Burton por Ana de los mil días y con los dos protagonistas de Cowboy de medianoche, Jon Voight y Dustin Hoffman. Valor de ley era la película 139 de su carrera y la quinta que hacía para su director y amigo, Henry Hathaway, con el que había trabajado por primera vez en 1941 en El pastor de las colinas.
Protagonizada por un John Wayne de 61 años junto a Glen Campbell y Kim Darby, la película es una adaptación de la novela de Charles Portis que cuenta la historia de una joven de 14 años que contrata los servicios de un antiguo agente del Gobierno, viejo, alcoholizado y tuerto, para que capture al asesino de su padre. Un papel, sin duda, que parecía haber sido escrito para él y sobre el que la crítica del momento fue unánime. The New York Times dijo: «John Wayne crea un personaje entrañable, duro y cansado, lleno de humor». Time Magazine afirmó que «Wayne, con su parche en el ojo y su hablar arrastrado, es el corazón de una película que combina humor y violencia con un equilibrio perfecto», mientras que Variety subrayó que «Wayne aporta una de las interpretaciones más completas de su carrera».
Barbra Streisand entregaba el premio aquella noche del 7 de abril de 1970. Cuando dijo el nombre de John Wayne, que se aferraba a la mano de su mujer, el Dorothy Chandler Pavilion de Los Ángeles rompió en una tremenda ovación y parte del público se puso en pie. Sonriente, imponente con su 1,93 de altura, el actor se adueñó del escenario… Cogió el Oscar con ambas manos, lo miro y dijo: «Wow, no me habría importado ponerme el parche 35 años antes», arrancando las carcajadas de los presentes y bromeando sobre el hecho de que al fin recibía el deseado premio.
A ello añadió: «Señoras y señores, no soy un extraño en este escenario. He estado aquí y tenido a este precioso hombre dorado antes, pero siempre para amigos. Una noche tuve dos: uno para el admirado John Ford y otro para nuestro amado Gary Cooper. Fui muy listo en aquella ocasión en la que Bob Hope casi me tiene envidia. Pero esta noche no me siento ni listo ni ingenioso. Me siento muy agradecido, muy humilde y todo gracias a muchas personas. Quiero agradecérselo a los miembros de la Academia y a la gente que nos ve a través de la televisión. Gracias por tener tanto interés en nuestra gloriosa industria. Buenas noches».
Breve, conciso, prudente… como tantos personajes suyos, viejos vaqueros con los que John Wayne, mejor que nadie, imprimió la leyenda.