Siempre es invierno se estrena en los cines este viernes 7 de noviembre
Crítica de cine
'Siempre es invierno': un retrato desinhibido de la fluidez sentimental de nuestro tiempo
David Trueba, que adapta su novela Blitz, dirige de nuevo a David Verdaguer tras Saben aquell
El escritor y cineasta David Trueba publicó en 2015 su novela Blitz, en Anagrama. Se trataba de una especie de tragicomedia romántica ambientada en Múnich. Diez años después, Trueba estrena su propia adaptación del relato, algo que nunca había hecho hasta ahora con una obra suya. Aunque cambia Múnich por Bruselas y modifica los nombres de los personajes y la edad del protagonista, en esencia es la misma historia. Para protagonizar la película vuelve a contar con David Verdaguer, con quien le fue estupendamente en la maravillosa Saben aquell.
Miguel (David Verdaguer) es un arquitecto paisajista que viaja con su novia Marta (Amaia Salamanca) a Bruselas para participar en un concurso de arquitectura. Él acude con su proyecto, un parque decorado con grandes relojes de arena que marcan el tiempo cada tres minutos. Su objetivo es que el paseante por ese parque descubra el valor vital que pueden tener tres fugaces minutos. Al llegar a Bruselas, y por un error en un mensaje del móvil, se entera de que Marta quiere dejarle porque está saliendo con otro, concretamente con un cantante uruguayo. A partir de esa revelación, la azafata del concurso Olga (Isabelle Renauld), de 63 años, se va a convertir en su principal apoyo afectivo.
La película, a pesar de sus contadas situaciones de humor contenido -en las que David Verdaguer es el mejor- transita por el drama aparentemente de puntillas. No hay asomo de melodrama en la ruptura de la pareja ni nada pasional o lacrimógeno en la nueva relación entre Miguel y Olga. Todo parece natural, pero densamente atravesado de melancolía, de la melancolía y la nostalgia que supuran las relaciones inconsistentes, frágiles, y por tanto sin futuro real, creíble, sólido. Todos los personajes son buena gente, pero ¿qué une a Miguel con Marta? ¿Y a Olga con Miguel? Sentimientos. Es decir, estados pasajeros, vulnerables, con fecha de caducidad casi siempre inminente. Los personajes viven un carpe diem poco festivo, atravesado de discreta desesperanza.
David Trueba hace un honesto retrato de nuestro tiempo, de la contingencia sentimental de nuestra época. Y lo hace creando a un personaje que es un náufrago que se deja llevar por la corriente, y que se conforma con llegar a cualquier playa donde descansar, aunque sea un rato. Trueba critica la contaminación consumista de las relaciones sentimentales. Relaciones de usar y tirar, aterradas ante el concepto de «compromiso». Pero hace la crítica sin juzgar a los personajes, y de ahí su honestidad.
La puesta en escena es muy clásica, pero le da protagonismo a las calles y canales de Bruselas, a los parques, y a la arquitectura. Y es que estas localizaciones expresan muy bien el invierno interior y exterior en el que vive el personaje, y es que como dice Miguel: «Siempre es invierno sin amor». Pero amor de verdad.