Katharine Hepburn en Adivina quien viene esta noche
Cine
La obra maestra del cine clásico que Katharine Hepburn no quiso volver a ver
Detrás de su prestigio hubo selva, calor, vómitos y un rodaje tan épico como la propia película
Pocas películas de aventuras han envejecido tan bien como La reina de África. Estrenada en 1951 y dirigida por John Huston, hoy se la recuerda como un clásico del cine, una historia de amor improbable en mitad de la selva y uno de los papeles más icónicos de Humphrey Bogart. Sin embargo, durante su rodaje, su otra gran estrella, Katharine Hepburn, estaba convencida de que aquello acabaría siendo un desastre.
La historia es tan sencilla como poderosa. Charlie Allnutt, un rudo capitán fluvial canadiense que transporta mercancías por los ríos de África Oriental, se cruza con Rose Sayer, una misionera británica firme en sus creencias y en su manera de ver el mundo. La Primera Guerra Mundial acaba de estallar en la zona y, tras un ataque alemán que destruye una aldea y mata al hermano de Rose, ambos se ven obligados a huir juntos a bordo de una vieja embarcación llamada La reina de África. El viaje los enfrenta a rápidos, mosquitos, peligros naturales y, sobre todo, a sus propias diferencias, que poco a poco se transforman en complicidad.
Lo que muchos no saben es que buena parte de la magia de la película nació del caos del rodaje. Huston decidió filmar en escenarios reales, en Uganda y en el entonces Congo Belga, algo poco habitual en la época. La aventura fue tan auténtica que el equipo tuvo que lidiar con calor sofocante, insectos, animales salvajes y, sobre todo, agua contaminada. La mayoría acabó enferma de disentería.
Hepburn no lo olvidó jamás. En sus memorias, La creación de La reina de África, o cómo fui a África con Bogart, Bacall y Huston y casi pierdo la cabeza, la actriz confesó que llegó a odiar la película antes incluso de terminarla. «Me quedo mirando las páginas del guion una y otra vez y empiezo a pensar que es la basura más aburrida con la que podría lidiar», escribió. En otro momento, aún más directa, admitió: «Esperaba que ocurriera algo terrible y no tener que ponerme delante de la cámara. Me parecía un aburrimiento total».
La ironía es que, mientras ella se las veía negras entre vómitos y calor, Bogart y Huston parecían hechos de otra pasta. Según contaba Hepburn con humor, sobrevivían a base de whisky y ginebra, convencidos de que eso era más seguro que el agua del lugar. Huston, además, tenía otra manía: aprovechar los descansos para ir a la caza de elefantes, algo que hacía todavía más surrealista un rodaje que ya parecía sacado de otra película.
Katharine Hepburn y Humphrey Bogart, en La Reina de África
Contra todo pronóstico, la película fue un éxito rotundo. Se convirtió en una de las más taquilleras de su año y le dio a Bogart el único Oscar de su carrera como mejor actor. Hepburn también fue nominada, al igual que Huston.
Y hay un detalle más: cuando se rodó la película, Bogart tenía 52 años y Hepburn 44, una diferencia de edad que no impidió que su química en pantalla se convirtiera en una de las más recordadas del cine clásico. De hecho, la actriz confesó después que, fuera de cámaras, Bogart era mucho más tímido y reservado de lo que parecía su personaje, y que buena parte de la chispa entre ambos nació de esas largas tardes sin rodaje, sentados a la sombra de la selva, hablando de cine, política y vida.