El exvicepresidente de Podemos, Pablo Iglesias, en Canal Red
Televisión
Canal Red: qué es, cuánto dinero mueve y qué hay detrás de la cadena de Pablo Iglesias
El canal, que hasta ahora operaba principalmente en el entorno digital y en la TDT madrileña, prepara su desembarco en Movistar Plus+
Después de dejar la primera línea política, Pablo Iglesias no se retiró precisamente a escribir memorias ni a cultivar tomates. Su nuevo campo de batalla es audiovisual y tiene nombre propio: Canal Red. El proyecto, nacido a finales de 2022, fue presentado como una alternativa mediática para combatir lo que él mismo definió como el «monopolio informativo de la derecha». Ahora el canal entra en una fase mucho más ambiciosa: su desembarco en la televisión de pago, previsiblemente en marzo, cuando finalice el periodo de pruebas técnicas en la plataforma de Telefónica.
Movistar Plus+ ya ha iniciado esas emisiones en pruebas dentro de su sistema. Es el paso previo habitual antes de cualquier lanzamiento oficial. Durante esta fase se ajustan detalles técnicos como la estabilidad de señal, la calidad de imagen o su integración en la guía de canales. Todavía no hay dial definitivo ni fecha exacta de estreno, pero cuando una cadena llega a esta etapa, suele significar que su aterrizaje formal está a punto.
El pasado audiovisual de 'Canal Red'
El salto no es pequeño. Hasta ahora, el proyecto audiovisual impulsado por la pareja de Irene Montero se movía sobre todo en el terreno digital y en la TDT madrileña, donde ocupa la frecuencia que pertenecía a 7NN, el canal conservador que en su día impulsó Marcos de Quinto. Iglesias anunció aquella adquisición con tono burlón en redes, ironizando sobre haber «ocupado» la frecuencia. Un comentario que dejó claro que el espíritu combativo del proyecto no se limita al contenido, también forma parte del marketing.
El modelo económico del canal mezcla varias vías. Por un lado, el micromecenazgo. En su lanzamiento, dos campañas de financiación colectiva superaron los 580.000 euros. A eso se suman aportaciones periódicas de seguidores y también inversores privados, aunque estos no siempre se detallan públicamente con precisión. El ecosistema mediático se amplía además con el Diario Red, su periódico digital, y con la expansión internacional. De hecho, Canal Red América Latina logró recaudar más de 100.000 euros en solo cinco días para abrir redacción en Ciudad de México.
En cuanto a audiencia, los números tienen matices. Si se suman todas sus plataformas, el universo del canal presume de cifras elevadas. Sin embargo, la actividad real varía bastante según el contenido. En YouTube, por ejemplo, algunos vídeos recientes apenas han superado las 700 visualizaciones, pese a que el canal principal cuenta con más de 400.000 suscriptores. Esa diferencia entre seguidores y visualizaciones efectivas es uno de los argumentos favoritos de sus críticos, que cuestionan su alcance real. El canal tiene 126.000 seguidores en Twitter.
Canal Red cuenta con 446.000 suscriptores en YouTube
La programación mantiene una línea editorial muy definida. Incluye informativos como La Base o Noticias Básicas, programas de debate como El Tablero, entrevistas, espacios divulgativos e incluso animación didáctica. Los temas tampoco pasan desapercibidos, con títulos centrados en teorías políticas, activismo, análisis ideológico o debates muy marcados. Sus seguidores lo ven como una alternativa mediática necesaria; sus detractores, como un canal militante con plató.
En cualquier caso, Iglesias no es nuevo en esto. Antes de Canal Red ya había impulsado proyectos televisivos como La Tuerka, Otra Vuelta de Tuerka o Fort Apache, formatos donde mezclaba tertulia política, análisis y estilo televisivo propio. Es decir, lo de usar la pantalla como herramienta política no es improvisación, sino una estrategia que lleva años afinando.
La llegada a Movistar Plus+ cambia el escenario. Pasar de internet a una plataforma de pago significa acceder potencialmente a millones de abonados y competir directamente con canales temáticos consolidados. También implica más exposición, más control técnico y, sobre todo, más miradas pendientes de si el experimento funciona.