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Charles Chaplin y Virginia Cherrill

Charles Chaplin y Virginia Cherrill, en Luces de la ciudad

Cine

Ni 'El Padrino' ni 'Casablanca': la obra maestra del cine clásico con el mejor final de la historia

Una buena historia pierde todo lo que ofrece si no tiene el desenlace perfecto

Pocas personas han influido tanto en el cine moderno como el actor, director y productor Charlie Chaplin. Considerado uno de los más grandes mimos cómicos de todos los tiempos, también fue pionero en técnicas cinematográficas y narrativas.

Sus películas, con su icónico papel del atribulado Pequeño Vagabundo, con sus pantalones holgados, bigote, bastón y sombrero bombín, no solo fueron obras maestras de la comedia, sino también miradas implacables a la pobreza, el desempleo, el capitalismo, la explotación o el anhelo de amor y aceptación.

Ferviente defensor del silencio como máxima expresión del arte, realizó Luces de la ciudad tres años después del inicio del cine sonoro. Para 1931, la mayoría de los cineastas de Hollywood habían adoptado el cine sonoro o se habían resignado a su inevitabilidad.

Algunos incluso abandonaron por completo la realización de películas. Sin embargo, él, que contaba con una influencia y un control que pocos poseían, se mantuvo firme en su visión para esta película, y el resultado es uno de los mayores logros cinematográficos de la historia. Orson Welles, Stanley Kubrick, Woody Allen o Federico Fellini la incluyeron en sus listas de favoritas. Incluso el propio Chaplin lo hizo.

En los créditos iniciales, Chaplin lanza un desafío contundente: Luces de la ciudad no tendría diálogos. Una decisión audaz para 1931, pero la ejecuta magníficamente. Y eso que, a priori, el argumento puede parecer algo simplista: un vagabundo interpretado por él mismo se enamora de una vendedora de flores ciega (Virginia Cherrill), que lo confunde con un millonario.

Chaplin decidió que el Vagabundo no se expresaba realmente mediante el habla. Es más bien un mimo, una persona para quien el lenguaje corporal funciona como habla. De alguna manera, existe en un plano diferente al de los demás personajes; se sitúa al margen de sus vidas y realidades, es juzgado por su apariencia, no tiene hogar ni amigos ni familia de verdad, e interactúa con el mundo principalmente a través de sus acciones.

Gracias a su generosidad, ella finalmente recibe la operación que le devuelve la vista, pero para entonces el Vagabundo, propenso a las desgracias, está cumpliendo condena en prisión. En la famosa escena final, el Vagabundo visita su floristería. Su gradual comprensión de que este hombre patético es su verdadero benefactor ha sido considerada uno de los momentos más conmovedores de la historia del cine.

Fotograma de Luces de la ciudad

Fotograma de Luces de la ciudad

A menudo filmaba sin guion y seguía rodando mientras experimentaba, creaba y ensayaba. Filmó más de 300 tomas solo de la escena en la que el Vagabundo conoce a la protagonista femenina, un récord que se mantiene hasta el día de hoy. Su genialidad es abrumadoramente evidente en la dirección, la historia, la comedia y el patetismo de esta película, lo que la convierte en una obra conmovedora.

«Sabía cómo encuadrar las tomas para intensificar el efecto emocional de la escena. La cámara pasa de un plano medio a un primer plano», explica Charles Marland, experto en el cineasta, a la BBC. Tal es su virtud con la cinematografía que el final de la misma ha sido elegido como el mejor de la historia del cine. Y no tanto por el desenlace que da a la trama –que también–, sino porque se corta la escena antes de conocer el final definitivo. La florista le sonríe, pero ¿le acepta después de lo que hizo por él a pesar de un vagabundo o le deja en la estacada precisamente por ello?

«No creo que sea romántico en absoluto», reconoce Jeffrey Vance, autor Chaplin: Genio del cine. «Vemos su vanidad cuando recupera la vista. Se mira en el espejo. Se arregla el pelo. Se decepciona al ver que el hombre rico no es él. Cuando ve al Vagabundo por primera vez, se ríe nerviosamente y le da dinero por lástima», añade. Es eso lo que hace que sea citada en múltiples ocasiones como la mejor secuencia final de la historia.

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