John Wayne, en una imagen de archivo
Cine
Así era John Wayne fuera de sus películas: «Odiaba estar solo»
Cuando murió en 1979 a causa de un cáncer, el mundo perdió a uno de sus grandes iconos
Nos encanta saber cómo eran realmente las grandes estrellas cuando se apagaban los focos, qué hacían en su día a día, cómo hablaban o cómo trataban a los demás, porque al final lo que más curiosidad genera es descubrir qué hay detrás del personaje que todos conocemos.
Y si hay alguien que siempre ha despertado ese interés es John Wayne, ese icono del cine que durante décadas representó al hombre duro, valiente y aparentemente imperturbable. Durante años dimos por hecho que era exactamente así también fuera de la pantalla, que no había demasiada diferencia entre el actor y El Duque, pero lo cierto es que, según quienes lo conocieron de verdad, la historia es bastante más compleja y, sobre todo, mucho más humana.
Así lo explica su biógrafo Scott Eyman en John Wayne: Vida y leyenda, donde se acerca a la figura del actor desde un punto de vista mucho más personal, y no solo desde su carrera. De hecho, su visión tiene un valor especial porque no parte únicamente de la investigación, sino de una experiencia directa, ya que conoció a Wayne en 1972, cuando apenas tenía 21 años y ni siquiera era un escritor consolidado.
Aquel encuentro, que en principio iba a durar unos minutos, terminó alargándose y cambiando por completo su percepción. «Descubrí una diferencia muy interesante entre quién era como persona y el personaje que interpretaba», recordaría después, dejando claro que, aunque había ciertos rasgos en común, el hombre real era bastante distinto al que el público veía en pantalla, más reflexivo, más tranquilo y, en cierto modo, más introspectivo de lo que cabía imaginar.
Y aquí es donde aparece uno de los detalles más sorprendentes. Porque, lejos de esa imagen de hombre fuerte y solitario, John Wayne odiaba estar solo. Así de claro. Según cuenta Eyman, le gustaba estar rodeado de gente y prefería hablar con cualquiera antes que quedarse a solas en su caravana. De hecho, parte del trabajo de su secretaria, Mary St. John, era asegurarse de que siempre tuviera compañía.
John Wayne, en un fotograma de Río Bravo
Eso se notó claramente aquel día. Cada vez que alguien se acercaba para avisarle de que tenía que volver al rodaje, él respondía con total tranquilidad: «Estoy bien, estoy bien. Tengo a mi amigo aquí». Y ese «amigo» era Eyman, un joven desconocido al que acababa de conocer.
Pero la cosa no se quedó ahí. Cuando por fin tuvo que irse al plató, decidió llevárselo con él. Allí estaban estrellas como Bob Hope o Jack Benny, y Wayne lo fue presentando con total naturalidad, mientras el resto lo miraba sin entender quién era ese chico. Nadie decía nada. Estaba con John Wayne.
Todo esto no elimina otros rasgos de su personalidad que también formaron parte de su leyenda, como su carácter firme o sus opiniones políticas, pero sí ayuda a entenderlo desde un punto de vista más completo. Porque, más allá de todo eso, quienes trabajaban con él coincidían en algo muy concreto: su forma de trabajar.
Era el primero en llegar al plató y el último en irse, alguien que se tomaba su oficio muy en serio y que entendía perfectamente la responsabilidad de ser una estrella de su nivel. Ese compromiso, más allá de cualquier otra consideración, es lo que hizo que muchos actores quisieran trabajar con él.
En su vida personal también era distinto a lo que muchos imaginaban. Más cercano, más cariñoso. Su hijo Ethan Wayne lo explicaba de forma muy clara: «Mi padre era duro, pero muy cariñoso». No hablaba mucho, pero cuando lo hacía, se le escuchaba.