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John Wayne, en 'Centauros del desierto'

John Wayne, en 'Centauros del desierto'

Cine

Los mejores wésterns de la década de los 50 (sin repetir director)

Más psicológicas y descarnadas que los de los años 40 y más luminosos que los de los 60, de entre los más de mil wésterns realizados en la década dorada del género, rescatamos quince que podrían ser los mejores.

1. Winchester 73 (Anthony Mann, 1950)

Como es imposible elegir entre los wésterns que hizo James Stewart para Anthony Mann que incluyen, además de éste, Horizontes lejanos, Colorado Jim, Tierras lejanas y El hombre de Larramie, optamos por el primero como la cinta que traza la hoja de ruta de la colaboración entre ambos y cuya trama sigue al deseado rifle en una odisea llena de personajes extremos. Director también de Cimarrón, con Glen Ford, El hombre del Oeste, con Gary Cooper o Cazador de forajidos, con Henry Fonda, la aportación del realizador al género fue única.

Fotograma de la película Winchester

Fotograma de la película Winchester 73

2. Caravana de mujeres (William Wellman, 1951)

Escrita por Frank Capra que no la pudo dirigir, en ella, un duro y curtido Robert Taylor recibe el encargo de llevar una caravana de mujeres desde Chicago a California para que se casen con los hombres de un asentamiento que están ávidos por formar una familia. Este viaje a través de la fatalidad reivindica que el Oeste no sólo se formó gracias al ferrocarril, los buscadores de oro o a los ganaderos, sino también gracias a las familias y, por lo tanto, a las mujeres, fuertes y valerosas como estas.

Caravana de mujeres

Caravana de mujeres

3. Encubridora (Fritz Lang, 1952)

Poderosísimo wéstern que reflexiona sobre las más profundas pasiones del ser humano en el que Altar Kean –inenarrable Marlene Dietrich– se eleva como uno de los grandes personajes femeninos de la historia del género dando vida a una poderosa ranchera que acoge en su casa a toda clase de forajidos sin pasado. Unos inmensos Mel Ferrer y Arthur Kennedy junto a Lang y Dietrich, dos alemanes emigrados en Hollywood, configuraron un filme amargo, de los más oscuros y desencantados de género. Casi un melodrama con forma de wéstern.

Marlene Dietrich interpretando a Altar Kean en Encubridora

Marlene Dietrich interpretando a Altar Kean en Encubridora

4. Solo ante el peligro (Fred Zinnemann, 1952)

Esta película de culto -también llamada wéstern adulto o wéstern psicológico-, es un original relato contemplativo y asfixiante, narrado en tiempo real, que cuenta la historia de un sheriff que ha esperar al tren en el que llegará un peligroso pistolero sin que nadie del pueblo le ayude para evitar que le rescaten sus secuaces. Trascendental y llena de lecturas políticas, este delirio de producción y planificación, ganó cuatro Oscars, entre ellos, por supuesto, el de Gary Cooper, en el que es uno de los mejores papeles de su vida.

Fotograma de Howard Hawks en Solo ante el peligro

Fotograma de Howard Hawks en Solo ante el peligro

5. Raíces profundas (George Stevens, 1953)

Este estético y apabullante wéstern con Alan Laad, Jean Arthur y Van Helfin, que inspiró a decenas de cintas posteriores, cuenta la historia de Shane –título original–, un pistolero misterioso que conoce y se encariña con una familia de granjeros a quien el cacique local pretende arrebatar sus tierras. Se trata de un maravilloso estudio de la violencia, dramático, complejo y emocional, con uno de los finales más hermosos que conoció nunca el género. En 1985, Clint Eastwood hizo un remake libre y muy bueno: El jinete pálido.

Fotograma de la película de Raíces profundas

Fotograma de la película de Raíces profundas

6. Johnny Guitar (Nicholas Ray, 1954)

Sobresaliente wéstern, rodado en un expresionista technicolor y protagonizado por una aguerrida Joan Crowford de 50 años, cuya Vienna es la protagonista absoluta de un filme que lleva el nombre de su antiguo amante, Johnny Guitar. Su famoso diálogo –«Miénteme, dime que siempre me has esperado»–ha pasado a la historia como una de las más arrebatadas y hermosas declaraciones de amor de todos los tiempos. Una película sobre la fortaleza y fragilidad femeninas que sigue llamando la atención por su modernidad.

Fotograma de Johnny Guitar

Fotograma de Johnny Guitar

7. Veracruz (Robert Aldrich, 1954)

Precursora del spaghetti wéstern al situar la acción en la lucha juarista de México, Gary Cooper, Burt Lancaster y una jovencísima Sara Montiel, inmortalizan esta historia de personajes extremos, solitarios y desesperados en una película única. La reflexión moral es innegable y la razón por la que la amistad de los dos pistoleros es imposible, también: uno sólo es fiel a sus intereses y el otro, al deseo de justicia. Un wéstern de primer nivel enérgico, plástico, grotesco y, en ocasiones, divertido.

Fotograma de Veraz Cruz

Fotograma de Veracruz

8. Lanza rota (Edward Dmytryk, 1954)

Poderoso wéstern protagonizado por un maduro Spencer Tracy que logró una de las interpretaciones más portentosas –y odiosas–de su impecable carrera. Se trata de un enérgico drama plagado de pasiones shakespearianas sobre el racismo, los prejuicios y el odio entre hermanos, en ocasiones brutal y siempre prodigioso, en el que Robert Wagner, Richard Widmark y Katty Jurado ofrecen sendos papeles inolvidables. Una película fundamental para entender el odio al mestizo que desarrollaron tantas cintas del género.

Cartelera de Lanza Rota

Cartel de Lanza Rota

9. El vigilante de la diligencia (André De Toth, 1954)

Wéstern modélico protagonizado por Randolph Scott que encarnó como nadie al héroe de rectos valores y que tuvo la mala suerte de cabalgar siempre a la sombra de John Wayne. En su personaje, un pacífico vigilante de diligencias que es atacado y abandonado a su suerte por unos bandidos, se mezclan su necesidad de búsqueda de la verdad, con un irracional deseo de venganza, configurando una tensión dramática modélica que va in crescendo de manera poderosa. Una de las seis pequeñas joyas que los reivindicables actor y director hicieron juntos.

Cartelera de Riding Shotgun

El vigilante de la diligencia

10. Wichita, ciudad infernal (Jacques Tourneur, 1955)

El espléndido Joel McCrea da vida a un Wyatt Earp que desea dejar atrás su pasado y empezar una vida nueva en Wichita. Pero todo se tuerce en este wéstern algo fantasmagórico que encierra en sí mismo todos los misterios del cine del oeste: pistoleros solitarios y oscuros, mujeres fuertes que desean ser amadas y grandes pasiones como la devoción, la ambición, la venganza o el honor. Con una belleza plástica apabullante y un Cinemascope arrebatado, se trata de un wéstern extraño y único, pero profundamente hipnótico.

Ilustración de la película de Wichita

Ilustración de la película Wichita, ciudad infernal

11. Centauros del desierto (John Ford, 1956)

Wéstern por antonomasia de la década de los 50 donde el binomio John Ford y John Wayne logran una de sus obras maestras más rotundas. Basado en la novela de Alan Le May, se trata de cine con mayúsculas, un clásico irrenunciable, agónico, claustrofóbico y esencial en la historia del cine que reflexiona sobre el odio, la venganza y el poder de la violencia y también sobre la construcción de nación, la familia, el racismo y la soledad, los grandes temas de Ford. Se trata de una de sus películas más poéticas, bellas y tristes. El wéstern definitivo.

Fotograma de Centauros del Desierto

Fotograma de Centauros del desierto

12. El tren de las 3.10 (Delmer Daves, 1957)

El director de Flecha rota y El árbol del ahorcado rubrica este wéstern igualmente magnífico en el que un granjero arruinado se unirá a la escolta de un peligroso delincuente en su camino hacia el tren que le lleve a la cárcel de Yuma. Minimalista en ocasiones y expresionista en otras, es un profundo estudio de personajes sobre la degradación moral y la inclinación natural a la violencia. Con Glenn Ford y Van Hlefin, el remake de 2007, con Russell Crowe y Christian Bale, es igualmente memorable.

Fotograma de El tren

Fotograma de El tren

13. Duelo de titanes (John Sturges, 1957)

El director de la también indispensable El último tren de Gun Hill explora aquí un tropo recurrente en el género, el duelo de OK Corral, en la que es, seguramente, su recreación más popular. Burt Lancaster y Kirk Douglas dan vida a al sheriff Wyatt Earp y al dentista y jugador de cartas, Doc Hollidy en su icónico enfrentamiento con los hermanos Clanton en una cinta que trata también sobre la amistad, el amor y la imposibilidad de amar, la enfermedad, la soledad, la necesidad de redención y el deseo de justicia.

Los actores Burt Lancaster y Kirk Douglas en Duelos de titanes

Los actores Burt Lancaster y Kirk Douglas en Duelos de titanes

14. Horizontes de grandeza (William Wyler, 1958)

Una de las grandes epopeyas del oeste con tintes de tragedia shakespiriana que lleva a todos sus personajes hasta el límite de sus convicciones y sus fuerzas. La historia sobre un hombre del este prometido con la hija de un ganadero que será incapaz de integrarse en el modo de vida del oeste y en la lucha de dos ganaderos por el agua, alcanza unas cotas operísticas profundas y complejas. Gregory Peck, Charlton Heston, Jean Simmons y Burl Ives se dan cita en un espectáculo mayestático y absolutamente inolvidable.

El actor Gregory Peck en la película Horizontes de grandeza

El actor Gregory Peck en la película Horizontes de grandeza

15. Río Bravo (Howard Hawks, 1959)

Río Bravo

John Wayne, protagonista de Río Bravo

Este maravilloso tratado psicológico sobre una larga espera (la de un sheriff, tres pistoleros y un preso encerrados en una comisaría) parte de una premisa única, pues la narración está totalmente alejada de las grandes odiseas propias del género. Es más bien un relato urbano, claustrofóbico y muy teatral sobre la defensa de los principios llevada hasta sus últimas consecuencias, algo que el cineasta volvería a explorar en 1966 con El Dorado y en 1970 con Río Lobo. Se trata de una obra maestra rotunda en toda su excepcionalidad y extrañeza.

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