El depredador de Sevilla puede verse en Netflix
Cine
'El depredador de Sevilla': la historia real del true crime de Netflix contada por las víctimas
Tres episodios de entre 45 y 50 minutos bastan para reconstruir uno de los casos más impactantes de los últimos años
«Era guapo, divertido y conocido por todo el mundo». Así empieza casi siempre el mismo relato. Así describen varias víctimas a Manuel, el hombre que durante años se ganó la confianza de decenas de estudiantes extranjeras –en su mayoría estadounidenses– antes de, presuntamente, cruzar todos los límites.
El pasado 27 de marzo llegó a Netflix El depredador de Sevilla, una docuserie que en pocos días se ha colocado entre lo más visto. No es solo una historia más de true crime. Es un caso real que durante años pasó desapercibido y que hoy, gracias a los testimonios, ha salido a la luz.
El depredador de Sevilla
Detrás está Manuel Gerardo Blanco, también conocido como Manuel White, un guía turístico que organizaba viajes para estudiantes internacionales a través de empresas como Discover Excursions. Su perfil era perfecto: hablaba inglés, era cercano, simpático y se presentaba como 'el príncipe de Sevilla'. Muchas de esas jóvenes eran estudiantes estadounidenses de intercambio, lejos de casa, en un entorno nuevo. Las jóvenes confiaban en él. Ese fue el primer paso.
Según recoge el documental, su forma de actuar era siempre parecida. Durante viajes a lugares como Portugal o Marruecos, creaba un ambiente de confianza y fiesta. Animaba a beber, a relajarse, a dejarse llevar. Y ahí empezaban los problemas. Eran chicas jóvenes, vulnerables, en un país extranjero y, en muchos casos, sin dominar el idioma, lo que aumentaba su dependencia de alguien que las guiara. «Después de beber champán me entró un cansancio enorme. Me desperté al día siguiente y fue entonces cuando entendí que algo había pasado», cuenta una de las víctimas. Otra lo resume con una frase que recorre toda la serie: «Sientes que estabas a solas con el diablo».
Los testimonios son duros, pero también muy claros. Muchas coinciden en lo mismo: pérdida de control, lagunas de memoria, sensación de no poder moverse. «Me desperté sin ropa y sin recordar nada de lo que había pasado», relata una de ellas. Otra añade: «Al despertarme estaba sola y desnuda con Manuel en la cama. No recuerdo haberme quitado la ropa. Me notaba el cuerpo pesado, no podía moverme… y entonces se me echó encima».
En ese contexto de denuncias y sospechas, también se registró la trágica muerte de una joven al caer desde la terraza de su domicilio, un episodio que aumentó aún más la preocupación en torno a este caso.
Durante años, todo quedó en silencio. Hasta que una de ellas, Gabrielle Vega, decidió hablar. Tenía 19 años cuando ocurrió. Años después, rompió ese silencio en televisión. Y algo cambió.
Su testimonio provocó un efecto en cadena. Mujeres que no se conocían entre sí empezaron a contar historias casi idénticas. Más de 30, incluso 50 según algunas fuentes, compartían el mismo patrón. No fue fácil. Muchas denunciaron y se encontraron con barreras legales, sobre todo porque los hechos habían ocurrido fuera de España. «La embajada me dijo que no hablara con nadie», asegura Gabrielle. La sensación de desprotección era total durante años.
Fotograma de El Depredador de Sevilla
Aun así, insistieron. Y finalmente, la justicia actuó. La Audiencia Nacional condenó a Manuel Gerardo Blanco a varios años de prisión por delitos de agresión sexual cometidos en el extranjero.
Aunque la sentencia ha sido recurrida, el caso ya está marcado por algo clave: los testimonios han sido escuchados. Mientras tanto, la docuserie pone el foco no solo en lo ocurrido, sino en cómo ocurrió: en ese perfil aparentemente inofensivo que generaba confianza y en ese entorno de viajes, fiesta y desconexión que, según las víctimas, facilitaba todo.
A día de hoy, el caso sigue abierto en el plano judicial y el acusado permanece en libertad provisional a la espera de que se resuelvan los recursos. La justicia aún tiene la última palabra, pero el impacto social ya es irreversible: el silencio se rompió y la historia, por primera vez, ha sido contada.