El historiador gallego Emilio García Fernández
Cine
Emilio García Fernández, historiador de cine: «Ni siquiera hoy podemos decir cuáles fueron las primeras películas en España»
«El cine ayudó a difundir la transformación social y económica de Galicia», reconoce el conocido historiador gallego
Tras décadas como profesor universitario de Historia del cine español e internacional, Emilio García Fernández se ha consolidado como una de las mejores voces en materia de historiografía cinematográfica española. Especialista en la cultural audiovisual gallega, recopila ahora sus enseñanzas en Viaje cinematográfico por Galicia. Una retrospectiva emocional (1896-939), donde acerca al público cómo la gran pantalla ha contribuido a la conservación de la memoria cultural, social y política de un país.
–Insiste en que no pretende reescribir la historia, sino reorganizarla. ¿Qué estaba mal contado o incompleto hasta ahora?
–Hubo una primera fase en la que se intentó elaborar un listado de películas producidas en España, sobre todo en los principales centros de producción: Barcelona, Valencia y Madrid. La bibliografía y los estudios existentes se focalizaban en esas producciones. A partir de finales de los años setenta y principios de los ochenta comenzaron a surgir trabajos, entre ellos el mío, que descubrieron otros centros de producción, con menor escala que las grandes ciudades, pero igualmente importantes por su volumen de películas, como reportajes, documentales y también ficción.
Esto permitió completar la cartografía del cine español. Descubrimos mucho material novedoso, material que era local, evidentemente, pero de alguna manera era similar al que se estaban haciendo en otros lugares de España. En lugares como Galicia, el País Vasco o Andalucía aparecieron nuevas referencias que ayudaron a comprender mejor el panorama. Aún hoy seguimos descubriendo material, lo que demuestra que, incluso después de 50 años, la investigación sigue abierta.
–Habla del «borrado de la memoria». ¿Por qué se ha perdido tanta parte del patrimonio cinematográfico gallego y qué consecuencias cree que tiene no haber conservado ese mosaico visual del que habla?
–Se ha perdido en gran medida porque hace un siglo los materiales eran muy frágiles. Tanto fotógrafos como operadores trabajaban con soportes que podían desaparecer con facilidad. Hubo incendios, una mala conservación y, en mi opinión, una falta de conciencia industrial y comercial.
En otros países, como Francia o Estados Unidos, se entendió el cine como un material que debía conservarse. Significa que había dos maneras de pensar sobre el cine, mientras unos producían un material para agotarlo inmediatamente, otros producían para mantenerlo, conservarlo y al mismo tiempo recuperar parte de esa memoria. En España se produjo mucho contenido pensado para un uso inmediato. Como consecuencia, se ha perdido una gran parte del patrimonio cinematográfico, especialmente del periodo mudo. Lo que queda es fundamental para comprender cómo se trabajaba entonces.
–¿Se puede reconstruir una historia cultural con estos fragmentos incompletos?
–Sí. Aunque el material sea incompleto, permite hacerse una idea de cómo trabajaban los directores, cómo eran las historias de ficción y cómo se desarrollaban los documentales y reportajes.
Las referencias conservadas, que son más de las que se pensaba en un principio, ayudan a entender los procesos de trabajo, las dificultades y el intento de llegar a un público amplio.
Ha dedicado gran parte de su carrera a la docencia universitaria
–¿Qué diferencia al desarrollo del cine en Galicia respecto a otros lugares de España?
–A priori, no hay grandes diferencias. En España, como en otros lugares, los referentes eran las películas que llegaban del extranjero, especialmente de Francia. Los operadores gallegos siguieron ese modelo: tomas de vistas de espacios cotidianos como fábricas, playas o ciudades.
El objetivo era que el público conociera su entorno inmediato, algo importante en una época en la que muchos no salían de su ciudad. Después se ampliaba la mirada hacia el resto de España y otros países. En general, había un modo de trabajar similar en todo el mundo, basado en modelos ya reconocibles para el espectador. Es decir, yo hago esta película, pero voy a seguir un modelo que el espectador tiene ya identificado para no resultar tan novedoso y que lo acepte.
–Si tuviera que rescatar una figura olvidada del cine gallego, ¿quién sería y por qué?
–Es difícil elegir solo una. Muchos profesionales actuales desconocen a los pioneros de hace cien años en Galicia, como José Sellier, José Gil o Enrique Barreiro. Los dos primeros fueron fotógrafos y operadores, y el tercero destacó como inventor, con aportaciones al cine en color.
Más allá del ámbito de la investigación sobre el Cine Español, hay muchos profesionales a los que ni les suenan estos y otros pioneros españoles. Pero sin embargo han estado ahí, han sido parte de los emprendedores que levantaron el cine español, sobre cuyos raquíticos pilares industriales el cine español alcanzó la visibilidad que tuvo durante el primer tercio del siglo XX.
Si tuviera que destacar a alguien por volumen de producción, sería José Gil, especialmente por su trabajo en Vigo. No obstante, además, debemos mencionar a productores, distribuidores y exhibidores ambulantes y locales que acompañaron de alguna manera la creación cinematográfica en Galicia.
El historiador Emilio García Fernández
–¿Dónde comenzó el cine realmente en España? Muchos consideran que en Zaragoza
Durante mucho tiempo se consideró que la primera película fue Salida de misa del Pilar, de Eduardo Jimeno, en Zaragoza. Sin embargo, posteriormente se comprobó que existían películas anteriores, como algunas de Fructuoso Gelabert en Barcelona.
En Galicia también surgieron iniciativas muy tempranas, como la filmación de la botadura del acorazado Cardenal Cisneros en 1897 por dos empresarios portugueses. Además, José Sellier realizó otras filmaciones previas como La fábrica de gas y Plaza de Mina.
Cuando se celebró el centenario del cine, la Academia celebró la salida de misa de 12 de Pilar de Zaragoza como primera película, y los gallegos reivindicamos el entierro del general Sánchez Bregua. Yo en mi trabajo insisto en que antes de esa película, el propio Seller rodó dos para practicar con la cámara que había adquirido. ¿Esto qué quiere decir? Que incluso hoy no podemos decir cuáles fueron las primeras películas.
Quiero decir con este recorrido que podemos seguir en la actualidad un rastro más preciso de cómo entró y se fue desarrollando el cine en España, asunto que ha cambiado mucho las referencias históricas. Pero al mismo tiempo debo decir que, si continuamos trabajando en los archivos nacionales y locales, en las hemerotecas y otros centros de documentación, es muy probable que la diferencia de días o meses puede transformar, todavía más, la pauta histórica que hoy tenemos. Desde mi punto de vista este itinerario sigue siendo provisional porque todavía queda mucho por descubrir.
En España, como en otros lugares, los referentes eran las películas que llegaban del extranjero, especialmente de Francia
–¿Hasta qué punto el cine fue una herramienta de modernización económica en Galicia?
–El cine ayudó a difundir la transformación social y económica de Galicia, que pasó de un modelo agrícola a uno más industrial. Reflejó el crecimiento urbano, la emigración y los cambios en la sociedad.
Además, tuvo un papel importante en la publicidad industrial. José Gil, por ejemplo, realizó numerosas películas por encargo para empresas de sectores como la pesca, la construcción naval o la banca. Estas producciones permitieron mostrar el progreso de Galicia y funcionaron como herramienta de difusión empresarial. La pena es que solo se conservan unas unas pocas películas publicitarias, pero son suficientemente importantes para entender que hubo una implicación del sector industrial y económico por difundir el trabajo que hacía, por transmitir que Galicia iba progresando.
–La llegada del cine sonoro supuso un punto de inflexión. ¿Fue más una oportunidad o un obstáculo para el desarrollo del cine en Galicia?
–El cine sonoro afectó a toda la industria, incluso a Hollywood. Supuso una reconversión completa: actores, guionistas, técnicos y productores tuvieron que adaptarse. También el público tuvo que acostumbrarse a escuchar en la pantalla.
Sin embargo, el mayor impacto fue para los exhibidores, que tuvieron que invertir grandes sumas para adaptar las salas. En Galicia, solo algunos empresarios pudieron hacerlo inicialmente, como Isaac Fraga en Vigo. Muchas salas tardaron años en incorporar el sonido por falta de recursos económicos.
Emilio García Fernández, durante su entrevista con El Debate
–Ha identificado alrededor de 350 películas. ¿Qué le dice ese volumen de producción sobre Galicia en esa época? ¿Tienen rasgos comunes?
–Es un volumen muy alto, aunque la mayoría son reportajes y documentales. Muchos estaban dirigidos a la emigración, para mostrar lo que ocurría en los lugares de origen y en qué se invertía el dinero enviado. Hay rasgos comunes, pero también estrategias como el remontaje de materiales: se reutilizaban imágenes para crear nuevos noticiarios o reportajes. Esto explica la desaparición de muchas películas originales. Aun así, el conjunto es muy valioso por su diversidad temática y su volumen.
–¿Hay alguna película o escena que considere especialmente clave para entender la identidad gallega de ese periodo?
Más que una obra concreta, hay elementos comunes que aparecen en muchas: el paisaje, la cultura, la tradición e incluso aspectos como la espiritualidad.
Películas como Carmina, flor de Galicia o La casa de la Troya reflejan bien ese ambiente. Esta última destaca especialmente por su ambición y por mostrar Santiago de Compostela como escenario, combinando narrativa y promoción del territorio.
En general, el conjunto de documentales y reportajes transmite una imagen de Galicia basada en su identidad cultural y paisajística. También hubo casos de películas mal recibidas en su momento, que incluso cambiaron de título, lo que muestra las tensiones entre la representación y la percepción social de la época.