Después de Kim se estrena en los cines este viernes 24 de abril
Crítica de cine
'Después de Kim': la oportunidad perdida de una catarsis necesaria
Ángeles González-Sinde dirige una historia sobre formas distintas de entender el duelo y los vínculos
La directora Ángeles González-Sinde, que patinó un poco con Tierra baja (2024) después de la excelente El comensal (2022), vuelve a reflexionar sobre los vínculos y los lazos familiares en Después de Kim, adaptación de una novela suya. Juan (Darío Grandinetti) y Gloria (Adriana Ozores) llevan mucho tiempo divorciados. Viven en Buenos Aires y tienen una hija, Kim, que se marchó a España y con la que llevan años sin hablar. Una madrugada Gloria se presenta en el piso de Juan para contarle que había recibido una llamada del Consulado en la que le informaban de que Kim había aparecido muerta en su casa de Benidorm. Los dos deben viajar a España.
La película quiere hablar del duelo, de las segundas oportunidades, de la nostalgia de los vínculos verdaderos… además de tocar de paso temas como la inmigración, las mafias y la función social de los abuelos. Y todo ello lo hace sin énfasis, sin subrayados, con naturalidad y aparente espontaneidad. Las tramas se sostienen en gran parte gracias a un acertado reparto en el que Ozores y Grandinetti hacen una interpretación madura y rica en modulaciones. El resultado es una película grata en lo formal y positiva en sus propuestas. Pero…
El problema de Después de Kim es que en la sinopsis oficial del film ya está prácticamente toda la película. Entre el planteamiento inicial — sugerente y lleno de potencial— y el previsible desenlace el film se mueve con pereza: González-Sinde busca tanta sutileza que la narración se estanca, el ritmo se hace moroso. No solo es que falte algún que otro giro de guion realmente significativo, sino que a los personajes y su relación les falta mayor hondura, mayor conflicto dramático, algún tipo de catarsis, de ajuste de cuentas, de perdón… es todo demasiado fácil, excesivamente cordial. Estas objeciones no invalidan una propuesta que ya digo que es amable, pero dejan la sensación de haber perdido una gran oportunidad, de haber visto una película pequeña que podía haber sido mucho más grande.
Otro aspecto, mucho más opinable, tiene que ver con la localización del film en el Benidorm más veraniego, nocturno y turístico. Probablemente la razón de dicha elección tenga que ver con ventajas de producción, pero no está nada claro que ese ambiente sea el escenario ideal para esta historia de reencuentro entre los protagonistas. Aunque la directora ha buscado el contraste entre el duelo y la fiesta, el luto y la luz, quizás un entorno más recoleto hubiera sido más coherente con la trama.
Estamos ante una producción enteramente femenina en todos los puestos de responsabilidad, excepto en el dinero, que lo pone el veterano fundador de Tornasol, el productor Gerardo Herrero. La película se estrenó en el pasado Festival de Málaga.