Yo no moriré de amor se estrena en los cines este viernes 8 de mayo
Crítica de cine
'Yo no moriré de amor', la película autobiográfica sobre el alzhéimer prematuro
Una cinta fresca con interpretaciones llenas de autenticidad y rodada con mucha sensibilidad por Marta Matute, una interesante promesa
Sin duda, el alzhéimer es ya casi un subgénero propio dentro del cine que trata enfermedades a nivel internacional. Solo por citar algunos ejemplos recordemos la británica El padre (F. Zeller, 2020), la canadiense Quédate conmigo (M. McGowan 2012), la norteamericana Siempre Alice (R. Glatzer y W. Westmoreland, 2014) o la española ¿Y tú quién eres? (A. Mercero, 2007). Española es también Yo no moriré de amor, que ganó en el pasado Festival de Málaga la Biznaga de Oro a la mejor película española.
La cinta está dirigida por la actriz y guionista Marta Matute (1988), que opta por acercarse al tema desde la mirada de una adolescente, Claudia (Julia Mascort), cuya madre padece un alzhéimer prematuro. Marta Matute debuta en el largometraje incorporando los temas de sus dos cortometrajes previos: Una amiga (2022), que trata del ocultamiento por parte de una joven de su homosexualidad; y Xiao Wei (2024), que aborda la revinculación de un adolescente con su madre. Pero Yo no moriré de amor es ante todo una película casi autobiográfica. La directora, al igual que la protagonista, es una adolescente de Valdemoro, que cuando tiene dieciocho años ve cómo su madre comienza a olvidarse de todo aquejada de un alzhéimer prematuro. La película no solo es una emocionada rememoración de aquellos años duros, sino que también desprende una lectura crítica y algo reivindicativa: la necesidad de mejorar las ayudas a la dependencia y la calidad de las residencias públicas, en cantidad de personal y en trato humano.
Fotograma de la película Yo no moriré de amor
Claudia tiene todos los problemas de la adolescencia: vive una inseguridad afectiva, no se comunica con sus familiares, que parecen no saber que le gustan las chicas, quiere pasar mucho tiempo fuera de casa… y sobre todo trata de que el drama creciente que vive con su madre no le salpique demasiado. El egoísmo adolescente y el amor a su madre entran inevitablemente en conflicto. Claudia tendrá que aprender a gestionar ambas cosas: seguir adelante con su vida y a la vez ocuparse responsablemente de su madre. El padre de Claudia (Tomás del Estal) –muy parecido como personaje al de la directora– es un teniente coronel retirado, buena persona, pero incapaz de expresar sus sentimientos, que se va consumiendo entre el tabaco y el alcohol. Y la hermana de Claudia (Laura Weissmahr), ya casada, sufre por conciliar sus condiciones de trabajadora, esposa, hija e inminente madre. Y para más inri tiene su oficina en Barcelona. Todo este coctel construye el retrato de una necesidad humana acuciante, a la que la sociedad del bienestar sólo produce un alivio penúltimo. El resultado sin embargo es esperanzador, aunque pone muy de manifiesto las carencias de un sistema público muy mejorable. Pero el problema humano no lo soluciona la Administración.
La película es fresca, con interpretaciones llenas de autenticidad, y rodada con mucha sensibilidad. Aunque el lesbianismo de la protagonista es parte de su compleja vida, quizá es un tema no suficientemente dramatizado en el conjunto de las tramas, y queda cojo, metido un poco con calzador como para alinear la película con los tiempos que corren. Marta Matute sin duda es una interesante promesa.