Fundado en 1910
Laszlo Nemes, Louise Bourgoin, Gilles Lellouche y Felix Lefebvre en la sesión fotográfica de la película Moulin, proyectada en competición en el 79º Festival de Cine de Cannes en el Palais des Festivals.

Laszlo Nemes, Louise Bourgoin, Gilles Lellouche y Felix Lefebvre en la presentación de Moulin en el Festival de CannesGTRES

Cine

Festival de Cannes: una jornada de cine que viaja de la realidad a la fantasía

El festival vive un viaje cinematográfico que cruza las heridas del pasado con los miedos del futuro

Un mítico héroe de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial, una actriz en ciernes con avanzado problema de alcoholismo y monstruos extraterrestres que propagan pandemias protagonizaron la sexta jornada del 79º Festival Internacional de Cine de Cannes.

Moulin es un film francobelga con un tema exquisitamente francés que, sin embargo, ha sido dirigido por un director húngaro, László Nemes, famoso por su ópera prima, El hijo de Saul, que ganara aquí mismo en Cannes en 2015 el Gran Premio Especial del Jurado.

Escrito por Olivier Demangel e interpretado egregiamente por Gilles Lellouche como Moulin y Lars Eidinger como su torturador Klaus Barbie (quien solo anciano pagó por sus crímenes 40 años después con cuatro años cumplidos de prisión perpetua en 1991 a los 77 años), el filme conmueve e impresiona sobre todo por las escenas de tortura que se vuelven más sobrecogedoras aún por una banda sonora de Laetitia Pansanel-Garric que combina hábilmente música y ruidos.

Estamos en 1943 cuando Moulin, mandado por el jefe de estado francés en exilio Charles de Gaulle para encabezar en Lyon la resistencia contra el ocupante nazi, es descubierto y reconocido en una redada.

Lo que sigue no es tanto la descripción de las torturas a las que eran sometidos culpables e inocentes sino la del método Barbie que consistía en responsabilizar a los sospechosos de los castigos infligidos a parientes, amigos y colaboradores.

Y aunque la figura de Moulin ha sido llevada al cine y a la televisión muchas veces en los últimos 60 años, el filme de Nemes es el más eficaz por el impacto emocional que sabe provocar en el espectador.

Garance es el cuarto largometraje de una realizadora francesa, Jeanne Herry, que en 48 años de vida y 12 de espaciada carrera, debuta en el concurso de Cannes con un film que afronta el hoy olvidado pero otrora muy frecuente tema del alcoholismo, en la persona de una actriz que por él ve peligrar no solo su carrera sino también su vida familiar y sentimental.

La actriz Adèle Exarchopoulus en la película Garance

La actriz Adèle Exarchopoulus en la película Garance

Garance se llama la protagonista del film (pero también es el nombre del principal personaje del clásico del cine francés Los visitantes de la noche encarnado por la mítica Arletty del que se ve una secuencia) que vive de pequeños papeles y de utilera en un teatro suburbano para niños y tiene una agitada vida sexual y social que mantiene gracias a abundantes libaciones, sobre todo de vino blanco).

Esto no es un problema hasta que la dependencia alcohólica no interviene en su vida profesional y será solo gracias a un nuevo amor y a la inminencia de un papel importante que Garance decidirá emprender el camino de retorno.

Adèle Exarchopoulos es la motivada protagonista del film que se excede en repetidas ocasiones, animada por una permisiva directora que se permite caer en sucesivos lugares comunes que terminan por desinteresar al espectador.

Na Hong-jin es un realizador sudcoreano de 51 años, habitual frecuentador de Cannes, donde tres de sus cuatro largometrajes fueron invitados en secciones paralelas del festival pero recién con este cuarto opus asciende al prestigio del concurso con un filme estrepitoso como Hope, donde se cuenta de una mortal pandemia provocada por una familia de monstruos extraterrestres en un puerto de la zona desmilitarizada entre las dos Coreas.

Esta superproducción de 58 millones de dólares de dos horas 40 minutos mantiene en todo momento en vilo la atención del espectador, gracias no solo a sus espectaculares efectos especiales, sino también al humor negro y la ironía del guion escrito por el mismo director y a la humanidad de los personajes que en ocasiones se extiende también a los monstruos que, aún poseyendo alas y tentáculos no dejan de tener facciones antropomórficas y hasta sentimientos como el miedo, la tristeza y el llanto que los aproximan al ánimo del espectador.

Temas

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas