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Volví a RTVE porque no me van a callar

La patética banda mediática de indocumentados y charlatanes de la danza de las Chirimoyas que bailan al son de la Unidad de Mensaje de La Moncloa y la opinadora de brocha gorda musa del sanchismo no me van a callar. El Periodismo es otra cosa

Sarah Santaolalla (izquierda) e Isabel Durán (derecha), en Directo al granoTVE

Mis investigaciones en El Debate sobre las maniobras impulsadas desde La Moncloa para alterar con sigilo y por la puerta de atrás el cuerpo electoral de las próximas elecciones generales se han convertido en un torpedo en la línea de flotación de las aspiraciones políticas de Pedro Sánchez. Una bomba de racimo que no vieron venir.

Mientras gran parte del debate público y mediático estaba concentrado —con razón— en los gravísimos casos de corrupción que cercan al presidente, a su entorno político y a su familia, nadie estaba investigando otra dimensión mucho más silenciosa, técnica y potencialmente decisiva: los cambios impulsados por el Gobierno en identidad digital, nacionalizaciones, automatización administrativa y sistemas censales. Procesos complejos, burocráticos, arduos, aparentemente inconexos escondidos a conciencia por el Gobierno a los que hay que dedicar horas y horas para comprender su verdadero alcance. Pero cuando empecé a unir las piezas, el resultado fue demoledor.

Sánchez ha acometido con nocturnidad una transformación silenciosa y sin precedentes del sistema electoral y censal español realizada con nocturnidad por el Gobierno además de un gravísimo engaño a la Junta Electoral Central con el que abrió una peligrosa grieta en la identidad del votante en las urnas. Y desde el momento en que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, puso un simple tuit haciéndose eco de las denuncias comenzó una campaña de descrédito personal y profesional sin precedentes contra mí.

Se me calificó de golpista «bulera», «golpista mediática» y de «amenaza para la democracia», entre otras lindezas. El pistoletazo de salida del señalamiento lo dieron varios ministros. La trompetería mediática organizó una orquesta para instrumentos desafinados que traspasó la barrera del sonido por tierra mar y aire.

El baile de la danza de las Chirimoyas mediático

La patética banda mediática de indocumentados y charlatanes de la danza de las Chirimoyas que bailan al son de la Unidad de Mensaje de La Moncloa no me van a arredrar. Los autoproclamados «verificadores» financiados con fondos europeos «sentenciaron» que este medio y yo misma difundimos un bulo «indecente». Las hienas de las redes sociales hicieron el resto.

Sus argumentarios, vídeos y comentarios «verificados» se basaron en una manipulación tan burda de lo que aquí publicamos que debería avergonzarles. La basura desinformativa quedó así perfectamente esparcida por el todopoderoso universo mediático hasta el último rincón de los hogares y dispositivos de los ciudadanos dentro y fuera de nuestras fronteras.

Su segundo éxito indudable fue destruir la reputación del mensajero. Gran parte de la opinión pública española quedó convencida de que el bulo del DNI digital y su autora merecían el reproche y castigo públicos y, por supuesto, el más que merecido y manido calificativo de «pseudomedio» para El Debate. Bien lo saben Alejandro Entrambasaguas, María Jamardo y el resto de colegas que han puesto muy alto el listón del Periodismo en España. Obviamente quien esto escribe, jamás tuvo la oportunidad de defenderse en ninguna de las tribunas de la moderna Inquisición mediática y política.

Pero ocurrió algo incómodo para los danzarines de las Chirimoyas de la galaxia mediática: los hechos siguieron ahí. Y, de nuevo, la verdad es mucho más resistente que cualquier campaña de propaganda.

Se desinfló el suflé

Su relato se vino abajo cuando la propia Junta Electoral Central prohibió el uso del DNI digital en los procesos electorales debido a «la falta de garantías en la identidad del votante». Sin embargo, jamás llegó la rectificación pública. Solo más ataques envueltos en supuestas teorías conspiranoicas sobre manipulación electoral al estilo trumpista. Daba igual que se les hubiera desinflado el suflé. Y, precisamente por eso, volví a RTVE.

No pienso ceder el espacio público al post-chequismo sanchista. Dudé en aceptar la invitación que me realizó la dirección de Directo al Grano tras la exigencia de explicaciones al presidente de la Corporación, José Pablo López, por parte de la senadora popular Carmen Riolobos en la Cámara Alta. Le expuse mi disconformidad con las formas y el fondo al habitual trato recibido en el programa desde su inicio. Se me aseguró que no volvería a ser así.

Obviamente no ha ocurrido. El miércoles en DAG traspasaron todas las barreras cuyas razones expuse en el comentario en X que no voy a reiterar.

La neutralidad exigible a RTVE se desangra entre comentarios agresivos, caricaturas ideológicas, interrupciones, tiempos desiguales de intervención y una evidente hostilidad que se volvió a hacer patente este miércoles. Incluso detalles aparentemente menores reflejan el sectarismo y la manipulación.

Manipulación hasta en la iluminación

Solo les contaré una anécdota que en realidad no es tal. En televisión, la iluminación no es un simple aspecto técnico secundario. Es una herramienta narrativa y psicológica y visual decisiva que condiciona cómo percibe el espectador a cada persona en pantalla. La posición de las luces, las sombras, los brillos, los contrastes o la llamada «luz de relleno» pueden suavizar rasgos, endurecerlos, transmitir cercanía o incomodidad. Bien lo saben los políticos en los debates electorales.

Son muchos los espectadores que me han escrito señalando que quienes nos sentamos habitualmente en el lado derecho de la mesa aparecemos con más oscuridad y dureza visual que otros tertulianos. A las pruebas me remito. Hagan una somera auditoría de iluminación y verán las conclusiones que extraen.

Anécdotas aparte, no voy a darles el gusto de marcharme. Si quieren silenciarme tendrán que retratarse ellos. Por eso sigo yendo. Porque el verdadero problema no es lo que me ocurra a mí. El problema es que el Gobierno más corrupto de la democracia no tolera que se denuncien las cuestiones más críticas de sus maniobras en las urnas y menos, que se expongan públicamente en «su» televisión. Eso afecta directamente a la calidad democrática de España.

Por esa razón estoy estudiando fórmulas de financiación colectiva y apoyo ciudadano que me permitan seguir investigando con independencia y defender jurídicamente mi honor para poder hacer frente como corresponde ante la brutal campaña de injurias, difamaciones y ataques coordinados y sostenidos en el tiempo. Porque no me van a doblegar. Aunque se burlen públicamente de mi situación económica «busca curro en Infojobs y espabila», remató la opinadora de brocha gorda musa del sanchismo. Desconozco quién habrá dado a Santaolalla información sobre mí. Solo puedo decir «a mucha honra».

Volví a RTVE porque no pienso callarme. Volví para defender la libertad de expresión, el periodismo riguroso, el diálogo frente al sectarismo, el respeto frente al insulto y el derecho de los ciudadanos a conocer la verdad. Volví precisamente para defender lo contrario a lo que quienes han colonizado la televisión pública llevan años haciendo: utilizarla como un arma de propaganda, polarización y desinformación tóxica para la convivencia, el debate democrático y la propia credibilidad de una institución financiada con los asfixiantes impuestos de todos los españoles. El Periodismo es otra cosa.