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VHS vs Betamax: la guerra de las películas en los años 70 y 80 al nivel de la batalla entre Coca-Cola y Pepsi

JVC y Sony lucharon por hacerse con el mercado del entretenimiento doméstico, que acabó con un claro vencedor

La conocida como «Guerra de los Formatos» entre VHS y Betamax durante la segunda mitad de la década de los 70 y principios de los 80 estuvo a la altura de las siempre inconclusas batallas entre Coca-Cola y Pepsi, entre Mac y PC o entre Rolex y Omega. Pero quizá, lo que hace de esta la batalla más famosa de todas ellas, es que tuvo un claro vencedor que se hizo, además, con el dominio total del entretenimiento doméstico. Y lo logró sin ser la mejor tecnología, sino la que de modo más astuto supo identificar las necesidades del cliente.

A principios de los años 70, Sony y JVC, los dos gigantes tecnológicos japoneses, pugnan incansablemente por hacer realidad la misma idea: grabar las emisiones televisivas para poder ver en casa películas, series y eventos deportivos. En el año 75, Sony gana la carrera y saca Betamax, una cinta compacta, con gran calidad de imagen y sonido que necesitaba un reproductor robusto y asequible de precio. Y Sony, confiada en su superioridad técnica, intenta establecer un estándar cerrado que cope el mercado doméstico. Pero, al año siguiente, JVC presenta el Video Home System (VHS), una cinta sensiblemente más grande y con peor calidad de imagen que Betamax, pero con un sistema de grabación y reproducción más sencillo y flexible.

Sin embargo, una combinación de estrategia comercial, adaptabilidad a las necesidades del consumidor y conocimiento de las dinámicas del mercado hicieron que, en cuestión de pocos años, VHS se impusiera como el formato de video doméstico más vendido del mundo durante más de quince años.

La clave del éxito empezó por el tiempo de grabación de las cintas. Las primeras Betamax duraban sólo una hora, algo que JVC entendió como un hándicap para el usuario pues 60 minutos eran insuficientes para grabar películas y partidos de fútbol americano completos. Así que en 1976, directamente, sacó al mercado sus primeras cintas con capacidad de dos horas.

Al mismo tiempo, Sony quiso controlar el mercado imponiendo licencias muy caras a los fabricantes de reproductores, mientras que JVC hizo todo lo contrario: licenció la tecnología VHS a prácticamente todos los fabricantes asiáticos, como Mitsubishu, Sharp e Hitachi, y también a los gigantes americanos como Zenith o RCA. Esto elevó la competencia y abarató enormemente el precio de las cintas y de los reproductores lo que, a efectos de cliente final, era determinante: el consumidor compraba la tecnología más barata.

Pero lo que verdaderamente contribuyó al éxito de VHS fue el fenómeno videoclub. Y es que cuando la industria del alquiler observó que los usuarios compraban más reproductores de VHS, no lo dudó y las distribuidoras de cine empezaron a editar más títulos en VHS. Esto generó un efecto de ida y vuelta que creció de manera exponencial: los clientes compraban reproductores VHS porque en los videoclubs había más películas en VHS, y los videoclubs compraban más cintas VHS porque los clientes tenían reproductores VHS. Algo que sufrió una inmensa escalada, además, con la industria del cine para adultos que se metió de lleno en el mercado del VHS y en el que Betamax rehusó competir activamente.

A mediados de la década de los 80, la guerra estaba sentenciada y en 1988, en un gesto de rendición sin igual, Sony fabricó su propio reproductor de VHS, formato que imperó en los hogares de todo el mundo hasta finales de los años 90 cuando entró en liza el DVD que, ya en los 2000, acabaría teniendo su propia pugna con el Blu-Ray. Pero esa es otra historia.

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