Tiempo de victoria se estrena en los cines este viernes 18 de septiembre
Crítica de cine
'Tiempo de victoria', la película del desembarco de Normandía imprescindible para los amantes del cine bélico
El filme relata lo que faltaba por contar en los largometrajes sobre el Día D, que marcó el comienzo del fin de la Segunda Guerra Mundial
Siempre es de agradecer cuando, sobre un tema muy tratado en el cine, se ofrece una perspectiva original o novedosa. Este es el caso de esta película de Anthony Maras, cuyo argumento gira en torno al desembarco de Normandía, masiva operación que supuso el inicio del fin de la Segunda Guerra Mundial. La historia que nos cuenta Tiempo de victoria se basa en sucesos reales, que David Haug plasmó en una obra de teatro, Pressure, que se estrenó en Londres en 2018.
El argumento tiene como protagonista al capitán James Stagg (Andrew Scott), jefe del servicio meteorológico del ejército británico. El comandante supremo aliado en el frente occidental europeo, el general Eisenhower (Brendan Fraser), debe dar luz verde al desembarco, previsto para tres días después, pero para eso necesita saber si en el Día D hará buen tiempo. Si el pronóstico es de borrasca, se tendrá que aplazar la operación, con las consecuencias funestas que ello pueda tener para el desenlace de la guerra. Así que el capitán Stagg recibe un encargo trascendental. Él sabe hacer su trabajo, pero el conflicto surge cuando el jefe del servicio meteorológico norteamericano (Chris Messina) llega a unas conclusiones opuestas a las de su homólogo inglés. Pero Eisenhower les exige unanimidad.
La trama está tejida con precisión e inteligencia, enriqueciéndose con buenas subtramas y personajes secundarios: es el caso de la situación familiar de Stagg o del personaje de Kay Summersby (Kerry Condon), ayudante y confidente de Eisenhower. La intriga central está llena de presión y adrenalina (la película se llama en inglés Pressure, jugando con la palabra «presión atmosférica» y «presión moral»). Pero a ello se añade una interesante reflexión sobre dos modelos de ciencia, reflexión que atraviesa toda la película. También el film aborda la cuestión de la responsabilidad personal, la integridad y la conciencia ética profesional. Aunque el protagonista es Stagg, el film dibuja muy bien la agonía interior de Eisenhower, consciente de la cantidad de vidas de jóvenes que puede costar una decisión suya equivocada.
El estilo narrativo y visual es de gran clasicismo, el guion de Maras y David Haig —autor del relato que recoge los hechos— funciona como un reloj, el montaje del propio director es claro y preciso, y los actores hacen un trabajo matizado y convincente. Del conjunto resulta una película interesante, amena, entretenida y emocionante. Y sin tener que recurrir a efectismos, imágenes espectaculares o trampantojos digitales que destilan inautenticidad. Una película que nos habla de unos líderes y de unos profesionales con una altura humana y grandeza ética que desgraciadamente hoy son difíciles de encontrar.
El director, el australiano Anthony Maras, firma con este su segundo largometraje, que sumado al anterior, Hotel Mumbai: el atentado, confirma que en el cine histórico, sea de época o basado en episodios contemporáneos, se mueve como pez en el agua y con algo más que oficio, aunque es una lástima que hayan pasado ocho años entre uno y otro. También ha rodado brillantes cortos del mismo género. Imprescindible para los amantes del género histórico o bélico.