La escritora Sara Barquinero
Sara Barquinero: «El nihilismo en que vivimos hace que haya una sospecha permanente ante cualquier emoción profunda»
Estaré sola y sin fiesta es la nueva novela de la escritora, una de las jóvenes voces de la narrativa española, que aúna la intriga de la ficción policíaca con una reflexión sobre las relaciones amorosas de nuestro presente
Cuando a Sara Barquinero (Zaragoza, 1994) su mejor amiga le dijo que se había encontrado un viejo diario en la calle, sintió que era una señal para decidirse por fin a escribir. Estaré sola y sin fiesta es la novela que nació de ese hito. En su corta carrera literaria, esta autora ya ha logrado varios reconocimientos, como el Premio del IAJ de creación artística y tecnológica en la modalidad de literatura en 2018 y el Premio Voces Nuevas de poesía de la Editorial Torremozas en 2019.
Publicada en la editorial Lumen, su nueva novela narra la historia de la obsesión de una chica, cuyo nombre desconocemos, por hallar los misterios que esconde un diario que transportará al lector a los años 90.
–¿Cómo surgió la idea de contar esta historia?
–La novela está basada en un diario que encontró mi mejor amiga. Ella no le dio mucho valor pero yo dije «Trae para acá que de aquí te saco algo». Y lo primero que intenté fue hacer un ensayo filosófico sobre la memoria, sobre el amor... pero no me estaba quedando bien y cambié a la novela.
–El instinto del escritor.
–Sí, sí. Coincidió que en ese momento me estaba planteando escribir, aunque no lo tenía muy claro, y fue una señal del destino.
–En la historia conocemos a muchos personajes con personalidades muy diferentes; sin embargo la protagonista no tiene nombre, ¿por qué lo decidió así?
–No me apetecía eclipsar demasiado a la persona que escribió el diario. En cierto modo estoy trabajando con la memoria, aunque luego me lo haya inventado todo. Me parecía que poner a una protagonista que se llamara X, con mucha historia detrás, era centrarme demasiado en ella y era problemático. En la primera versión aún sabíamos menos de ella, luego me di cuenta que narrativamente se quedaba un poco flojo, pero seguí con la idea de no darle un nombre.
–¿Qué referentes ha tenido para escribir Estaré sola y sin fiesta?
Pues para ésta novela me vino muy bien un libro que se llama Los 90, de Eduardo Maura. Él es un filósofo experto en Walter Benjamín y la óptica que tiene me vino al pelo. También me he fijado en un libro que se llama Anatomía de la Memoria, de Eduardo Ruiz Sosa, así como Bolaño para cogerle el ritmo y Pura Pasión, de Annie Ernaux, que va de una mujer que espera una llamada.
Sara Barquinero posa para El Debate
–Durante la lectura de la novela viajamos mucho al pasado.
–Cuando encontré éste diario estaba todavía estudiando la carrera y estaba inmersa en la parte de Walter Benjamin que habla sobre qué significa el pasado como una ventana a una posibilidad distinta de presente o de futuro. Ese tema me interesaba y me parece relevante que, como sociedad, no debemos olvidar nuestro pasado ni en cuanto a los acontecimientos más grandes, como las guerras, ni en cuanto a los pequeños desastres cotidianos, como puede ser el hecho de que un hombre no te llame… Me gustaba para revisar el pasado romántico de España y reflexionar sobre el presente.
–En la novela se desarrolla el tema del corazón roto, ¿por qué decidió centrarse en el desamor y no en el amor?
–Porque soy una persona muy pesimista (risas). Aparte de que era una necesidad del texto, el diario en sí habla de alguien que no te llama. Me parecía justo que, trabajando en un diario sobre el desamor, no me centrase en otras cuestiones. Y no es que el tema del amor no me interese, pero me parece que el desamor se vincula con otros elementos que son más relevantes para la reflexión literaria o filosófica, como pueden ser la soledad, la experiencia de la comunidad rota, con la protagonista diciendo que va a pasar su cumpleaños sola y que eso no constituye una cuestión de desamor. Es como esta persona que probablemente es inmigrante en España y no tiene una comunidad detrás: ¿qué significa esa soledad? No sólo significa que Alejandro (el coprotagonista) no esté, significa que nadie está.
–Normalmente la soledad trae consigo tristeza, pero no siempre, como ha mencionado en otras ocasiones.
–La soledad es buena cuando es deseada, y cuando no es deseada es el peor castigo del mundo. En cualquier caso, algo que intento mostrar en la novela es que la soledad es una ficción. Cuando crees que estás sola, en realidad nunca lo estás. Supongo que habrá casos de personas de la tercera edad que de verdad están solas; sin embargo, solo es una cuestión de ángulo, necesitas a otras personas para vivir, de manera que cuando tú eliges tu individualidad absoluta es un ejercicio de ficción contigo mismo.
–¿Cree que nuestras relaciones pasadas definen las que tendremos en un futuro?
–A mí es algo que me preocupa, sobre todo cierto discurso que tiene que ver con el psicoanálisis, tanto desde el punto de vista del trauma personal como del trauma social, el hecho de mirar al pasado para comprender las causas de por qué estamos como estamos. Pero creo que una visión excesivamente determinista de eso es la eliminación de la libertad individual. Porque haya sufrido un trauma en la infancia o en tus primeras relaciones, ¿vas a estar condenada siempre sufrir? Me parece una expectativa muy poco empoderada, tanto desde el punto de vista social como el personal.
–En ocasiones, se intenta proyectar un ideal de amor hacia otra persona con la que apenas estamos comenzando a hablar, ¿podría la protagonista intentar imitar la relación que tenían Yna y Alejandro con Julián?
–Proyectar el ideal de la pareja romántica, no conocer a la otra persona, sino intentar proyectar lo que tú deseas en la otra persona, no me parece que sea algo con lo que se deba luchar. En todas las relaciones hay un momento de idealización y, si se pierde, ya no hay relación. Lo que pasa es que hay que aprender a ponerle límites. No me parece que idealizar a alguien sea algo conflictivo porque, si no, ¿cómo construyes una relación? ¿Cómo vas a admirar a alguien que no conoces? Es un paso necesario, pero hay que saber poner límites, sobre todo si lo que te devuelven es algo que no te gusta.
–¿Podría la protagonista intentar llenar esa falta de amor queriendo recuperar la relación entre Yna y Alejandro?
–No, pero muchas veces resulta más fácil solucionar algo que ya está roto y que no tiene que ver contigo, que solucionar tu propio corazón. Me parece una forma de proyección. Cuando en tu vida privada intentas solventar una causa ajena, normalmente, significa que tienes mucho que barrer en casa.
'Estaré sola y sin fiesta' (editorial Lumen), el nuevo libro de Sara Barquinero
–¿Cree que hemos evolucionado en la concepción del amor desde los años 90, cuando se desarrolla la parte del diario, hasta ahora?
–Creo que en los años 90 seguíamos presas de una visión de la mujer como la amante abnegada que ama de la forma en la que una monja ama a Dios. Por una parte está muy bien que eso esté roto, pero por otra parte hemos entrado en un nihilismo muy grande que hace que haya una sospecha permanente de cualquier emoción profunda. Ni siquiera hablo de una emoción profunda, hablo de cuando tú sientes una emoción profunda y quizá no te atreves a sentirla del todo. Eso a mí me ha pasado como persona que buscaba pareja en el siglo XXI.
–¿Debemos seguir creyendo en el amor?
–Creo que el amor no es algo de lo que se pueda creer o no creer, porque existe. Así como no nos preguntamos si existe el sol, el viento o el suelo que pisamos, tenemos que creer en el amor. Lo que hay que hacer es renovar la teoría de lo que significan los afectos, tratar críticamente las cuestiones que afectan a la forma de amar.
–¿Dónde piensa que la novela encajará mejor, entre los jóvenes o entre los adultos?
–Es una novela muy generacional, muy milenial, pero mientras la escribía quería que fuese una novela que pudiese leer todo el mundo, no algo tan filosófico como Nietzsche.
–¿Cómo cree que reaccionarán los jóvenes al terminar de leerla?
–Las críticas que recibo son por el final. Hay gente que me dice que el final es lo mejor de la novela y otras que no. El final es un poco arriesgado, pero tenía que tomar una decisión y no es algo que contente a todo el mundo, pero no pienso cambiarlo.
–Con una mente tan activa como la suya, ¿cuál es su próximo proyecto?
–Ahora estoy escribiendo una novela sobre la depresión, el suicidio y la adicción a los videojuegos, a las drogas… Es un proyecto bastante ambicioso y se llama Los Escorpiones, porque el escorpión es el único animal que cuando está en peligro se suicida. Cuando acabe con este manuscrito me gustaría explorar otros géneros como el teatro o la poesía. Estoy agotando todo el material literario y creo que necesito parar un poco para coger aire de nuevo.