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El 'Niño de la Capea', en el centro, sale a hombros acompañado de Perera, su yerno, y 'El Capea', su hijoToro Guijuelo

El último y triunfal paseíllo del 'Niño de la Capea' y otras glorias de toreros casi septuagenarios

No se recuerda un éxito mayor, tres orejas y rabo que pudieron ser más de no fallar con la espada en el cuarto, de un matador con más edad en la historia del toreo

Pedro González Moya, el "Niño de la Capea» fue torero de moda desde novillero. En 1972 tomó la alternativa y dos años más tarde, en su confirmación en Las Ventas, cortó tres orejas y salió a hombros por su Puerta Grande. Fue el primero de los cinco grandes triunfos en Madrid, el último de ellos en 1988. Durante los 70 y 80 estuvo en el candelero. Número uno del escalafón durante buena parte de los 70 y principios de los 80, el domingo volvió a su plaza en Salamanca para cortarse la coleta luego de sus 50 años de su estreno como matador.

Y fue más que la despedida soñada. La terna la completaban su hijo, «El Capea», y su yerno, Miguel Ángel Perera. Dijo Pedro que a los casi 70 se sentía como a los 20. Una cosa tiene el toreo y es que, si eso es verdad, más allá de la edad y de la forma física, cuando el toro pasa y uno se planta y se estira sigue estando el torero de siempre: un milagro. Quien no recuerda las últimas apariciones de un Paula casi impedido a los 60, en peligro mortal por su incapacidad de salir por piernas, mecido y meciendo de repente con el capote deliciosamente volador.

El Niño de la Capea remata con el capote en SalamancaToros Guijuelo

Es como si fuera el estatismo de la verdad. El temple eterno que no se pierde, pero que hay que sentir (¡cuántas cosas hacen falta para la conjunción!) como lo sintió el domingo el salmantino. El Curro final tuvo mucho de esto. Las maneras del torero «viejo» entre las que, de repente, aparecía el «joven» en una artística máquina del tiempo para delirio de los tendidos. La última vez que toreó Curro tenía 66. Dicen que el mítico Pedro Romero, el mismo nombre que utilizó Hemingway para su torero de Fiesta, tenía 77 cuando estoqueó un toro delante de Isabel II.

Una crisis cardiorrespiratoria en plena corrida retiró a Antoñete también a los 69. Con once más el recientemente fallecido Andrés Vázquez mató un novillo de Victorino Martín a los 80 para celebrarlo, casi como Paul McCartney va a tocar en Glastonbury. Fue soñada, o más, la despedida de el "Niño de la Capea» a tres meses de los 70 que parecían 20 porque lo tuvo todo, la misma gloria de sus mejores días, asentado, reposado en el cuarto en una nube, el tiempo esencial detenido, para que no terminara de pasar, con toda la emoción por ser el último, el día, de todos ellos.