Gerard Depardieu en Cyrano de Bergerac (1990)
Diez frases memorables de Cyrano de Bergerac, el personaje que encumbró al autor Edmond Rostand
El poeta real que inspiró al dramaturgo para su gran obra se convirtió gracias a ella en símbolo de Francia e hizo de su autor una gloria nacional
Hercule-Savinien de Cyrano de Bergerac, poeta y pensador francés, superó en más de un aspecto con su realidad a la ficción inmortal que de él se escribió. Ciertos fueron, en la vida y en la obra, su aventurerismo y su literatura y la irreverencia que llevó a las tablas el dramaturgo Edmond Rostand, quien alcanzó la gloria inmediata (un ministro le entregó su propia medalla de la Legión de Honor en el teatro, diciéndole que solo se estaba adelantando en el tiempo a la concesión de esa condecoración) tras la primera representación. Cyrano, un D'Artagnan irónico, valiente y pendenciero, se convirtió en la imaginación de Rostand en un espadachín poeta acomplejado por su gran nariz y enamorado sin correspondencia y famoso entre un admirado pueblo de Francia.
Fustigador con la pluma de cardenales y ministros, Rostand acertó añadiéndole a su personaje las características precisas de un descarado y atractivo paladín total. De lengua afilada y brillante e invencible esgrimidor, murió sin gloria, pero con poesía, la propia y la ajena, como la de Molière, que se inspiró en sus obras (como tantos otros en ellas y en el personaje a través de los siglos: Oscar a la mejor película extranjera obtuvo la versión de Jean-Paul Rappeneau, con nominación incluida a la genial interpretación de Gerard Depardieu), o la de Arthur C. Clarke, quien dijo de él que fue un pionero de la ciencia ficción por su título Historia cómica de los Estados e imperios del Sol, donde se narra un viaje surrealista a la luna y el sol.