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Bóveda de la  Apoteosis de la Monarquía Española, de Luca Giordano, en el Casón del Buen Retiro

Bóveda de la Apoteosis de la Monarquía Española, de Luca Giordano, en el Casón del Buen RetiroMuseo del Prado

El Museo del Prado quiere que el público conozca su espectacular y desconocida bóveda pintada

El Prado quiere que el público conozca una de sus obras maestras más escondidas, y organiza visitas guiadas

Son muchos los secretos que guarda el Museo del Prado escondidos a los ojos del público. Uno de ellos es la pintura al fresco de Luca Giordano en el Casón del Buen Retiro, habitualmente inaccesible al público.

El Casón del Buen Retiro, situado a pocos metros del edificio Villanueva, es uno de los pocos edificios que se conservan del antiguo Palacio del Buen Retiro, construido en tiempos de Felipe IV y destruido durante la Guerra de Independencia.

En su día fue el salón de baile del palacio y hoy se emplea como Biblioteca y Centro de Estudios del Museo del Prado, por lo que su acceso está habitualmente reservado a investigadores y no al público en general.

Sin embargo, en su Salón de Embajadores, la principal sala del edificio, se conserva una obra excepcional del patrimonio español y uno de los elementos patrimoniales más sorprendentes de la capital de España: el fresco de la Apoteosis de la Monarquía Española, pintada en 1697 por Luca Giordano.

Consciente del valor de la obra y de lo poco conocida tanto por madrileños como por visitantes de fuera de la ciudad que acuden a la pinacoteca del Paseo del Prado, el Museo ha decidido abrir en visitas guiadas el Casón del Buen Retiro los domingos a las 12, para dar a conocer la bóveda de Luca Giordano.

La visita es tan restringida que solo permitirá a unos pocos visitantes disfrutar de la obra, pero, a la espera de que se pueda hacer más accesible en el futuro, es un buen comienzo, y esta exclusividad lo hace, si cabe, más relevante.

No es la única obra excepcional del Prado que pasa un tanto desapercibida, quizás porque son tantas las obras maestras que alberga la pinacoteca que se prefiere centrar el tiro en un puñado de obras de grandes maestros.

Obras como la Gioconda atribuida al taller de Da Vinci, que los investigadores creen que se pintó de manera simultánea a la del Louvre, el águila romana de mármol del monumento de la Apoteosis de Claudio, un elemento artístico y arqueológico único de la escultura romana, o la misma bóveda de Luca Giordano no cabe duda de que serían las grandes protagonistas en otros museos.

En el Prado, cierto es, resulta difícil competir con Las meninas de Velázquez o Las majas de Goya.

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